martes, julio 15, 2008

567. Gusto a Sangre

Magda confesó no saberlo y que justamente eso le preocupaba. No puedo recordar sin que se me entreveren recuerdos que no tienen nada que ver y hasta... cosas que nunca ocurrieron!

-Pero... ¿te sentís mal por algo?

Se exasperó.

-No me siento mal. Tampoco me siento bien. ¡Es que no me siento de ninguna forma, Manuel! Nos tienen dopados.
-¿Dopados...? ¿Como nos van a tener dopados...?
-¿No te parece posible? Bueno, mirá lo que voy a hacer.

Levantó la mano derecha y se metió la carnosidad que hay entre el pulgar y el índice dentro de la boca. Empezó a morder cada vez con más fuerza. Con mucha fuerza, hasta que los dientes se vieron rodeados de sangre. Manuel le obligó a soltar.

-¿Qué hacés? Te has vuelto loca flaquita? Mirá te lastimaste, vení... vamos a...

Magda se soltó y se puso en su camino.

-Pero es que no me entendés. Me mordí hasta cortar la carne sin sentir ningún dolor...¡Nos tienen dopados!
-... tal vez estés enferma...
-No, Manuel. probá de morderte y vas a ver.

Manuel probó. Cuando sintió el gusto metálico dentro de la boca soltó y atónito quedó mirándose la mano lastimada.

-¡Las amapolas! Esa leche que largan...
-Sí, pero eso no es todo. Decime a ver, ¿cuantos días hace que estamos presos aquí?

Era imposible. A Manuel le parecía que tal vez no fuese tan importante, que tal vez era mejor así, dejar pasar el tiempo, total, veinte años no son nada, mientras estuvieran juntos... de esta nueva forma que... aunque ciertamente se sentía tan excitado cuando le acariciaba el rostro o como ahora le tomaba la mano... ¿Por qué sería que después se iban a dormir cada uno a su colchón...? Tan cansados no podrían estar... Sí, Magda tenía razón, algo raro les estaba pasando...

-A vos te parece que en la comida... o en el agua...?
-No lo se. Me acuerdo que de las amapolas se extrae el opio, del opio la morfina y, de la morfina, la heroína.

Sintieron una voz susurrante a sus espaldas.

-Sigan, sigan, conversen caminando a lo largo de las líneas. Nos controlan por los sombreros desde las atalayas.

Era una interna diminuta que parecía trabajar a pocos metros de distancia bajo su inclinado sombrero chino.

-Me llamo Jarumi. Ustedes están en lo cierto. El problema no es sólo el látex que largan las adormideras. Pertenezco a un grupo que hemos conseguido guantes de goma para trabajar. Mi familia es de esta zona, me los hacen pasar pagando coimas a los funcionarios. ¡Sigan, por favor, sigan arrancando capullos, caminen...

Ellos aceptaron el consejo comenzando a avanzar en líneas paralelas, pausadamente, hamacando el cuerpo y los sombreros igual que un rato antes, mientras observaban de reojo a la muchachita de rasgos orientales que le venía conversando.

-Estas no son plantas comunes. Son transgénicas. El látex de estas plantas contiene un porcentaje de morfina muy alto. Mis padres son floricultores y conocen de esto. Pero estamos insensibilizados y atontados por el opio que respiramos en los dormitorios.
-¿Los sahumerios...?
-No son sahumerios. Son vapores que entran por unos respiraderos que están en las paredes. Se producen en unos zótanos donde hacen hervir un pegote de este látex. Tenemos que organizarnos...
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