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miércoles, noviembre 05, 2008

621. Aquella Voz

Pasó en espera un lapso de tiempo indefinido. No sentía los latidos del corazón ni tenía forma de tensar los músculos para obligarlo a latir fuerte. No sabía dónde fijar la atención para buscarlo. Un tiempo algodonoso, informe.. y sin embargo creía estar sabiendo algunas cosas como que... En primer lugar que estaba vivo y en segundo que estaba acostado. Por nada. Por ningún dato de los sentidos. Por ninguna sensación corporal o espacial, simplemente... porque creía estar acostado sobre una cama, en algún lugar real y en la cercanía de una mujer que poseía una voz, la que en algún momento había oído repetir la palabra que su mente pronunciaba, una voz... íntimamente conocida. ¿Qué sería esto? Cual ese lugar donde se encontraba horizontal e insensible bajo la protección... Sí, bajo el cuidado de esa voz!
¿Como y por qué habría llegado hasta allí...? No podía recordar nada. Recordaba sí, por supuesto, llamarse Manuel y una casa... una pequeña casa de paredes blanqueadas sobre la que la luz del sol dibujaba acuáticos reflejos al pasar entre las hojas del álamo. Del álamo... Ese álamo que volvía a ver como visto desde una cuadra de distancia... y después mirado desde abajo, sus ramas plateadas y ese constante vibrar de las hojas, como gotas de agua sobre un techo de cinc... Creía conocerlo, como se conoce al perro que todos los días nos mueve la cola. Quizá ese era su álamo y esa, la que recordaba apenas bajo la sombra, su casa...

-Manuel, ¿me oís...?

¡Otra vez la voz! Sí, es esa misma voz que... De antes...

En el sobrecogimiento acababa de sentir el calor de su propio cuerpo sin percatarse de ello, tal era la emoción. Pero enseguida sus imaginarios pies comenzaron a girar como la aguja de una brújula desconcertada hacia todos los derroteros posibles en el espacio. Recuperaba el espacio pero en desconcierto. Por momentos creía estar cabeza abajo, por momentos al revés... colgado, ¡qué extraño! desde los ojos, con un rayo de luz que le taladrara el cerebro. ¡Debía responder! No fuera que la voz callara o que se fuera!¿Pero cómo? Todavía lo poco que sentía le era externo. Datos que confusamente le llegaban, que confusamente trataba de interpretar... Esa cosa por ejemplo, que sentía ahora, calor tal vez, o rozamiento... ¿dolor? ¿sería eso lo que su mente decía conocer como dolor? Era en la parte frontal, eso redondo y extenso que... ¿O acaso simplemente la sensación del color rojo? Porque... No recordaba como era que se sentía el color rojo... los colores.... El había vivido en un lugar lleno de colores y de luz pero.... No podía recordarlos aunque, por alguna razón extraña ahora se le había ocurrido pensar que eso que estaba sintiendo podría ser precisamente el rojo. Un color rojo que por cierto le agradaba, mucho... y que... ¡No no era un color, era un calor, una tibieza bah, recontraagradable que le llenaba de felicidad! ¡Sí, ahora sabía que eso era la felicidad! Lo que estaba sintiendo con respecto a ese calor que allí adelante amorosamente se había acercado a su ser. ¡Eran labios! ¡Eso era un beso! ¡La voz de la mujer le estaba besando sobre sus propios labios!

jueves, diciembre 14, 2006

154: Cuidado, está caliente.

El llamado de Giorgionne era para decirle que posiblemente el Pepe , a esa hora estaría siendo informado de lo que ellos habían visto, porque entraban en una reunión dónde Peponne le iba a pasar por escrito la información.
-Vamos a tener que comprar una olla, Manuel. Si me paga la Palomeque podría pasar por el autoservicio del chino…
Le pensaba dar un poco de tiempo y después volver a llamar para saber cual había sido la reacción. Manuel le respondió que todo bien. Que le metiera para adelante hasta que el tipo dijera algo.
-¿No te parece?
-¿Qué?
-¿Me dejás que yo la elija?
-¿Pensás cocinar siempre vos?
La flaca se mordió el labio para que no se le notara la risa.
-Entonces elegí el color de las paredes también vos…Eso sí, después me vas a dejar pegar las estrellitas en la parte alta!
-¿Estrellitas?
Manuel se divirtió con el gesto de no entender de la flaca.
-Sí, estrellitas de papel metálico. Va a parecer que estamos mirando el cielo.
-Tendríamos que pintar de negro!
-No. No me gusta la oscuridad. De cualquier color que te guste pero que sea luminoso.
El teléfono sonó justo cuando Magda empezaba a servir un humeante guiso de arroz con pollo, en los platos, con ambas manos. Contestó Manuel.
-Ché Manuel, me contestó el gordo! Parece que se armó bruto revuelo. El Pepe casi no comentó nada pero agarró su celular y se fue aparte a hablar y enseguida se puso a gritar como si el del otro lado no le quisiera entender que roto el secreto, roto todo compromiso, según dice el gordo que dijo él.
-¿Trajimos queso rayado?
-¿Y nada más?
-Sí, aquí está en el bolso toma echale vos primero.
-No, qué nada más. Quiere tener una reunión con todos los testigos!
-¡Cuidado que está caliente!
-¿Cuándo? Mirá que mañana y pasado, por lo menos tengo que trabajar.
-Se te enfría…
-¿Y a la noche?
-A la noche estoy cansado! No me jodas. No puedo dedicarle todo el tiempo a las cosas misteriosas!
-Se está poniendo pesado, no?
-Bueno voy a ver cómo lo puedo arreglar, después te llamo.
-Ah flaca, esto tiene un perfume!
-Sabes que… me gustaría un color medio cremita…Como una crema a la que se le ha batido una yema adentro, hasta con algunos granitos de azúcar, me lo imagino.
-Flaca. Estoy comiendo guiso de arroz. No me metas el huevo batido en el plato, ja.
-Y capaz que queda rico.
-Pero más rico que esto no.
-Querés más?
-Bueno, dame.

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