domingo, noviembre 13, 2011

855. A todo esto.

A todo esto en la celda, cuya puerta seguía siendo cuidada celosamente por el suboficial Mendieta, Magda exhaló un grito semiapagado levantando las manos a los lados de las orejas. Acababa de darse cuenta de algo demasiado importante como para callarlo en atención a las circunstancias. ¡Se habían venido a la comisaría sin acordarse de que Ulyces dormía en su camita del dormitorio!

-¡Ulyces!

Manuel demostró con su repentina palidez haber captado el espanto de su compañera. Nunca habían dejado solo a Ulyces en todo su largo año de vida. Había que hacer algo...


Asomó la cabeza por la puerta justo enfrente a donde el flaco Mendieta papaba moscas imaginarias.

-¿Qué hacés, flaco?
-Nada... y vos qué hacés por acá?
-Nada... el comisario se calentó conmigo por lo que le dije... Andá a llamarlo que le voy a pedir disculpas.

Mendieta se puso en marcha seguro de que al comisario le iba a gustar mucho  que le pidieran perdón. Ya le conocía. Y de paso ayudaba a que lo largaran al flaco Manuel, que era un tipo de la planta, según le había contado el Dengue, el otro día. Cuando dobló la esquina del pasillo Manuel abrió del todo la puerta para que Magda y el Cholo, ya que Liborio prefería conservar el empleo, le siguieran para el lado opuesto en busca de una puerta que diera hacia el patio. En el patio no había otra cosa que un montón de tachos vacíos de pintura y fue fácil trepar el tejido de alambre para saltar al baldío de al lado antes de que cundiera la alarma, o sea el momento en que el comisario cayera en la cuenta de haber sido burlado. Desde el baldío pasaron a un monte de pinos que se continuaba tortuosamente en varios solares según un dibujo complejo que Manuel se sabía sin necesidad de pensar...

Para algo sirven los árboles y la costumbre de cortar camino.

Más allá Cholo se separó de ellos para ir hasta el Comité de Base a conseguir algún apoyo político que les defendiera  de ese sujeto desequilibrado puesto en un cargo tan jodido.

Entonces llegaron al frente de la casita y vieron arrobados que Ulyces les esperaba sentado en una silla puesta por él en el porche, muy serio y revoleando sus cortas piernas desde el borde del asiento. ¡Criatura de Dios, a tres meses de haber aprendido a caminar!

Aparte de las lágrimas, las risas y los repetidos abrazos, lo más fuerte fue la certeza de haber aprendido la lección de lo que nunca se debe hacer. Abandonar a un niño. Siempre lo habían sabido. Pero otra cosa era vivirlo.

Comieron los tres en la cocina algunas cosas frías que había en la heladera, por no demorarse, y por seguir enganchados mentalmente en todas las cosas ocurridas durante la mañana. No iba a ser fácil recuperar el plácido estilo de vida que habían cultivado desde el regreso. Por lo pronto estarían siendo buscados por la policía, aunque fuese en base a cargos estúpidos, pero también por los viejos grises, por los miembros de la Hermandad, por los de la compañía de Correo Privada, y quién sabe qué otros tantos locos sueltos u organizados..

-Podríamos ir por lo del Rulo... en todo caso Julieta podría cuidarnos a Ulyces por unos días...





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