domingo, noviembre 06, 2011

852. El caño y la niebla.

Es que para  el sr. comisario era una cuestión de conciencia investigar toda posibilidad, y las habilidades manuales del reo, era decir del padre del ciudadano presente,  daban que pensar en una persona muy habilidosa, capaz de confundir a cualquiera, pero al mismo tiempo estaba claro que de no haber llegado ellos a distraer su propia atención , y tal vez la de algún oficial más, de ninguna manera hubiese, el reo, logrado escabullirse como una anguila.

-Mi padre no necesita de mi ayuda -respondió Manuel tratando de ganar tiempo para imaginar alguna explicación aceptable.
-Pero yo lo tenía por curandero no por escapista. ¿Es otro Uri Geller?
-No, es que es demasiado bromista. Todo lo hace como una diversión.
-¿Se trepa a los techos vecinos por chiste?
-Puede ser... Bien puede ser que se le halla ocurrido algo así. Tiene un sentido del humor muy personal

En ese momento estaban empatados pero sonó en el teléfono manos libres la voz del vecino autor de la denuncia contra el ciudadano Yaka Zulu, gritaba que el delincuente estaba trepando otra vez por el caño del desagüe del patio hacia la azotea, que acababa de romperlo y se caía en ese preciso momento de anchas espaldas contra el suelo, que viniera el patrullero otra vez a capturarlo, por favor.

Los dedos del comisario se movieron certeros sobre el teclado  triangulando la comunicación con el patrullero.
Entró la señal del patrullero entre chirridos y acoples:

Chirrrridoooosssyyyacoopleeess (y demás grafismos usados en las historietas).

Pero quedó en claro que los tipos ignoraban estar en contacto y se reían a mandibula batiente de la tanta pelotudez del comisario

-Atención coche z21, atención coche z21,  el aquí comisario Saldaña, repórtese de inmediato en casa del denunciante de la violación de domicilio. El invasor evadido a vuelto invadir su propiedad. Se encuentra caído en el patio. ¡Aprésenlo!

La vocesita que llegó del otro lado casi no se oyó, aunque cesaron la risas.

Enseguida otra vez el teléfono del vecino confirmando la llegada del patrullero que acababa de chocar enfrente de su casa al viejo auto que allí tenía estacionado desde hacía quince años.. La puta que los parió. Y ahora le estaban tocando timbre en vez de entrar por el patio a detener al delincuente quien ya se estaba reponiendo del golpe e intentaba enhebrar los trozos de caño  para volver a trepar, qué ocurrencia. Se acababa de caer otra vez  con los caños encima. Aparecen las cabezas de los policías por encima del murito del jardín. Le dan la voz de alto.

-¡Alto!

El se apresura más. Salta como un canguro y mete una pata en el hueco de la banderola del baño desde donde donde se le había estado espiando. Un policia pisa el cantero de los malvones, el vecino cierra brutalmente la banderola tratando de aprisionar la punta de aquella especie de babucha llena de lentejuelas,  el policía antes de caer enredado por las plantas, aprieta el gatillo, la bala pega en el borde metálico de la banderola abriéndola de golpe,  los dedos del vecino frenan el golpe a duras penas y algunas lágrimas. En fín. que Mandinga logra llegar al techo y sumergirse en una especie de nube de niebla que cubre toda la casa por arriba.
Abur.


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