martes, julio 28, 2015

976. Luciérnagas y burbujas

 En ese momento sonaron las alarmas. Las viejas alarmas diseñadas por Avelardo, que nunca habían sonado y que incluso su propio creador había ya olvidado. Sonaban de una manera estruendosa dentro de todos los cerebros. Con el estruendoso significado de la alerta ante el peligro. No fueron necesarias las explicaciones. Todas las mentes desendieron automáticamente al nivel de emergencia: buscar refugio salvar a los menores y los ancianos...etc...
¡Ulyces! ¿Dónde podría andar Ulyces...Guacho de mierda!
Comenzaban a verse figuras extrañas por todos lados. Burbujas de jabón gigantes aparecían y se quedaban bamboleantes a pocos centímetros del suelo. O corrían a lo largo del terreno como un..PacMan! Claro! Queriéndose tragar a alguien!

--¡Cuidado con las burbujas!--gritó enseguida Manuel, mientras tomaba de la mano a Magda y salían ambos corriendo hacia donde el instinto miraba Una planta de Aloe les indicó con el extremo de una hoja una dirección corregida--Por ahí andaba. Saltaron una cerca y se metieron entre los arbustos. Una regadora de jardín les estaba mojando la cara, no vieron al enanito que apoyaba su barba en el mango del pequeño pico. Les estaba esperando muy divertido...
-- Ya está a salvo dentro de mi cabaña... sigan derecho, está la puerta abierta, la única con un corazón calado en su madera.
Todo se había puesto muy extraño, pero ni Manuel ni Magda disponían de tiempo para pensarlo, menos ahora que empezaban a verse destellos verdes por todo el aire circundante. Como si fueran luciérnagas que aparecían y desparecían de forma discordante pero continua. No podían correr y sin embargo lo hicieron, por eso enseguida chocaron algunas  de esas luciérnagas que no parecieron inmutarse, ni apagarse ni comerse a nadie, pero si, en cambio...oh! ahora quedaba claro que se estaban alineando en el aire por delante de ellos, con el aparente propósito de indicar un camino... Sí, allí adelante se veía una cabañita de paredes hechas con piedras. Hicieron lo que nadie debería hacer en caso semejante. Entrar sin ninguna clase de precaución... Pero allí estaba Ulyces paradito, mirando la ventana del fondo la batalla que se estaba librando un poco más allá, entre enjambre verdes de luciérnagas y un pequeño ejército de pompas gigantes de jabón. Los tres se abrazaron y abrazados quedaron viendo lo que ocurría. Simplemente viendo cómo las luciérnagas hacían un vuelo acelerado en forma de  elipse y se estrellaban contra las paredes de las pompas. Acá y allá, arriba y abajo chocaban produciendo ondas en la superficie jabonosa. Ondas que se entrecruzan y a veces se sumaban con creciente intensidad hasta que la pompa, enloquecida de vibración, reventaba, simplemente.

 De pronto se sintió una clarinada resonando en todo el confín. Millones de flores al unísono habían soplado aquellas notas y después callaron. Era el turno de las plantas labiadas, que sumando sus pequeñas voces, también al unísono, se habían puesto a dar el parte de batalla:

-Las fuerzas oscuras no han podido raptar a ningún habitante o visitante. En cambio ellos han sufrido la baja de 250 pompas de último modelo, ja ja ja ja
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