viernes, enero 30, 2009

654. El Socialismo Tan Esperado

Por unos minutos sólo escuchó el rezongo del motor y el ruido que la puerta hacía cuando articulaba sus bisagrados brazos en sincronía con el casi inaudible quejido de los frenos al llegar a las paradas.
Luego se rió para adentro. Una sonrisa apenas, porque no fue una sarcástica carcajada, ni amarga broma de alguien que se odia. Fue una sonrisa comprensiva que le avisaba del comienzo de una de sus ondulaciones depresivas. Admitía no poseer una ilimitada energía vital. Se deprimía con frecuencia, cada vez con más frecuencia, últimamente. Pero tampoco se quedaba mucho en el fondo, ni tan hondo; oscuro pozo donde la razón se rinde y el corazón se afloja. Él ondulaba. Subía de alegría y entusiasmo moderado por un par de jornadas y luego por otro par bajaba. Ahora se descubría bajando. Desde el momento exacto en que se había sentido ridículo por inclinarse a creer la historia de ese muchacho... ¿Es que no se perdonaba ser un ser humano como todos, propenso a fantasear utopías,hacerse ilusiones, o simpatizar con los desgraciados de la tierra?

Claro que él era un profesional.

Pero podía profesión alguna negar la realidad de una existencia apasionantemente subversiva?

Ese muchacho tenía sobrados motivos para vivir.

Ideas que defender.

Historias que recordar y compartir.

Vivas emociones, vitalidad, humor e inteligencia.

¿Sería eso la locura...?

¿Y lo suyo, esa grisura permanente, esa conciencia clara de lo que se quiere hacer pero no se hace, ese cansancio crónico de locomotora que arrastra excesivo número de vagones... ? ¿Sería eso la cordura?

Se descubrió de pronto abriendo la agenda que llevaba en el bolsillo interior de la campera. Allí, en la primera contrataba, estaba viendo la todavía foto de cuando ellos eran jóvenes, a la sombra de los pinos de Salinas, calor, poca ropa y ganas de llevarse el mundo por delante. Porque ella, la escribana, también había sido joven y tenido un corazón que parecía abierto a contener los mejores sentimientos humanos, comenzando por el buen humor y el innato sentido de la justicia. El mundo era joven entonces, como ellos. Maleable y dócil materia dispuesta a toda clase de juegos, de fantasías, de proyecciones infinitas.

Después... El casamiento, los últimos exámenes de la facultad... El trabajo... el dinero que no alcanza, el hijo...

Al que hay que acostumbrar a la lucha competitiva porque nadie te regala nada sino que tenés que ganártelo a codazos y patadas para no seguir siendo el último orejón del tarro o un boludo soñador que sigue creyendo que el socialismo queda a la vuelta de la esquina. ¡El socialismo! ¿Es que todavía no te has dado cuenta que los socialistas son los primeros en aprovechar todas las oportunidades para enriquecerse y mandar a sus hijos a estudiar a las universidades americanas?
Marketing, Postrado, Packaging, Senior, etc.

Puf.

Sobre el Aeropuerto de Carrasco volaban oscuros nubarrones. Tal vez a la noche lloviera y pudiera quedarse en su estudio, la ventana entreabierta para escuchar la lluvia sobre las hojas del árbol, a leer aquella novela que tenía empezada. Pequeña novela que se había empeñado a leer en su versión original. O Alienista. Ja. Ya en aquella su época, Machado de Assis se preguntaba qué cosa podría ser la locura.
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