lunes, enero 05, 2009

642. Historia Conocida

A Manuel que no le vinieran con esos argumentos timoratos. Bien sabía que cuando la gente se decide a cambiar, cambia, y que cuando no, no hay diablo que las haga hacerlo. Lo sabía por la experiencia de su mundo y por los horribles paisajes sociales que había visto en otros de esos paralelos, donde la gente se estaba volviendo cada vez más conservadora. No podía usar esa experiencia para la argumentación pero...

-¿Acaso no se estaban quejando del gobierno porque no hace los cambios acordados...? ¿No será que ellos simplemente representan a gente que ya no cree en la necesidad de cambiar nada?

De ninguna manera podía Ernesto Federico aceptar que este muchacho casi imberbe le viniese a cuestionar una trayectoria de veinte años de militancia a su puro costo. Él bien hubiera podido seguir siendo un empresario exitoso de los que duplican el capital cada diez años sin preocuparse por la suerte de las mayorías ni mucho menos de las paupérrimas minorías. Claro que quería los cambios, pero hechos pausadamente para no producir ningún quiebre económico que deviniese en menos trabajo y más pobreza. Se quejaba de que ni aun los cambios mínimos, conducentes a una mayor distribución de la riqueza... ¡Ni eso siquiera! Pretendía al menos que la carga de los impuestos cayera sobre las clases pudientes y las compañías multinacionales que ahora estaban siendo exoneradas.

-Eso es mentirse a uno mismo. Si no rompés con el sistema, el sistema mismo te vuelve a tragar. El poder debe ser devuelto a la gente.

Cholo intervino pero con repentinos tartamudeos que hasta gracioso dejaba su esfuerzo por estar de acuerdo y al mismo tiempo terciar en pro de la momentánea conveniencia de un poder representativo que volviera más coherente las primeras etapas del cambio social.

-Sí, esa es la etapa en que están los políticos del gobierno. La segunda es cuando exigen más pòder para poder hacer algo. La tercera cuando deciden permanecer sin hacer nada porque la situación ha cambiado. La cuarta cuando un grupo de tipos decide fundar un nuevo partido de izquierda que inmediatamente es tildado de terrorista... y así. ¿Conocen esa historia?

La reunión se disolvió. Vittorio se metió divertido en el sidecar de la moto, Cholo en el asiento trasero y Ernesto, aun con el gesto crispado, se encasquetó aquellos extraños anteojos bisagrados de piloto de la segunda guerra, y pateó el pedal del arranque con forzada virilidad de cowboy.

-Chau, nos vemos en el comité, -saludó Cholo.
-Mañana a las cuatro en el consultorio, -recordó Vittorio.

Ernesto no dijo nada.

Al alejarse el pistoneo, Manuel se dió vuelta con la mano sobre el hombro de Magdalena para volver al interior de la casita. Ya se cerraba la noche. Dengue debía comer algo más junto con su remedio, y ellos... tal vez recién reflexionar sobre la responsabilidad adquirida de haber constituido una familia bastante atípica.
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