martes, enero 13, 2009

646. AJO Y CAFÉ

Entonces importaba demostrar que su padecimiento era la cordura de saberse preso de un mundo que no le pertenecía...
Lo pensó mientras Vittorio subiendo y bajando las cejas continuaba explicando el asunto del procedimiento.
Porque una vez demostrado eso estaría a un paso de que Vittorio se transformara en un importante aliado que le ayudara e encontrar el medio de regresar.
Pero le había quedado observando con aquella expresión tan extraña...! Una mezcla de terror con admiración y mucha simpatía! Una evidente inseguridad, insatisfacción, interés e insanía. Una mezcolanza de todo eso en los vidriosos ojos del licenciado frente a su conejillo de indias, este que ahora se disponía a jugar las fichas para poner en jaque todos sus vetustos conocimientos.
Veamos... Sí.

-Mi mejor manera de hacer que me creas sería contarte todo lo que sé de vos. Que tenés un hijo de mi edad, por ejemplo y que de joven veraneabas en Salinas. Que no te llevás bien con tu esposa y que siempre tuviste el sueño de vivir libre, sin horarios ni planillas que llenar, ni cuentas que pagar... Como un artesano de esos que tiran el paño en la vereda y mientras conversan con sus amigos se fuman un porro. ¿O no?
-...
-Claro que ahora estás pensando que bien pude yo haber sido vecino tuyo y enterarme, o tal vez amigo de alguien que te haya seguido toda la vida y que incluso estuviese presente cuando en el dormitorio de tu casa discutías la misma discusión de siempre con tu mujer.
-...
Que el apellido de tu esposa es Peponne pero que ella usa el materno que es algo así como Rosancrás. Que ella tiene un hermano que anda trabajando con la gente de Mujica y...

Por decir algo Vittorio pergeñó una pregunta:

-De modo que si yo te pregunto cualquier cosa de mi vida, vos la vas a saber...?
-No... solamente aquellas cosas que vos has contado... es decir tu otro yo ha contado en mi presencia allá en mi mundo. Pero claro que pueden haber detalles diferentes. Los mundos son parecidos no iguales... Vos mismo, por ejemplo, que allá en mi mundo estabas en esta fecha a punto de abandonar a tu mujer y juntarte con una artesana de esas de paño en el piso...
-...
-Bueno, veo por tu palidés que he dado en el clavo... perdoname no quería meterme en lo que no me importa.

(...telépata, por ejemplo, es decir, que puede tener esa facultad aunque no exista de ningún modo comprobable, (¡qué rebelde yo!), aunque sea difícil elaborar un discurso creíble en defensa de la probabilidad de que la telepatía exista o haya existido en sujetos no engañosos, o que fuera privilegio de mutantes, eso, conque casi todos lo somos en algún sentido, pero telépata y... mutante, por lo pronto...)

-¿Como lo hacés?
-¿Qué cosa?
-Leer el pensamiento.
-No puedo leer el pensamiento.

Apenas habiendo contestado Manuel se llevó la mano a la nariz.

-Ah!!
-Qué?
-El olor otra vez.
-¿Jazmín...?
-No. Ahora es olor a ajo.
-Yo no siento nada...
-Claro que no. Ya lo entendí, es una alucinación con forma de olor a ajo, que se me presenta a mí, solo a mí, porque está, o estaría producida por mi propia mente...sin descartar que esto sea distinto a una pura imaginación. Las dos cosas son posibles.
-¿Qué dos cosas?
-Una, que el olor sea una alucinación producida por mi mente. Dos que el olor sea real aunque sólo perceptible por mi...
-Podrían haber otras posibilidades...
-Sí, todas las que quieras pero, en este caso esas serían las que importan.
-Estamos poniéndonos de acuerdo. La cuestión es saber que tienen de particular esos olores para vos. Puesto a alucinar olores estarías en condiciones de elegirlos...
-Oh...!
-Y ahora...?
-Cambió.
-Olor a qué?
-A... no sé. Algo vegetal, algo que tiene humedad, no sé...
-Desconocido...?
-Ahora volvió el ajo!
-...
.¡Y ahora café!
-...
-¡Y ajo!
-...
-Y el olor desconocido... Y ajo y otra vez café...
-...
-Y ajo... y desconocido y ajo y café.
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