viernes, diciembre 25, 2009

772. La Realidad, Ese Invento.

Conque aquella reunión pasaba a ser de repente un cónclave predeterminado por las más ocultas de la fuerzas que pudieran tener influencia sobre la marcha del Universo. Una pieza clave, ineludible y necesaria para que las cosas llegaran a ser lo que deberían ser y, una vez sucedidas, un pasado adecuado a lo que ya fuera presente. ¡Como si nada! Increíblemente entre aquellas cuatro paredes de tablas mal clavadas que contenían poco más que una incoherente colección de trastos viejos, discos de vinilo, fotografías recortadas de revistas, televisores descompuestos y... En este ahora y aquí, de alrededor de esta mesa improvisada sobre la madera de una puerta, que cáscaras de queso y un cuchillo de caza con cachas de guampa de alce o de venado, y siete locos alrededor, todavía con los labios húmedos de vino, que se miraban con el interés de miradas sanguinolentas... aunque pacíficas sin duda...

¡Que increíble parecía que esto estuviese programado!

¡Y al mismo tiempo qué probable!

Porque se podrá creer que lo único probable es que las cosas transcurran como transformación gradual de un presente contenedor de todas las causas, hacia un futuro inmediato que recoge lo que en potencia estaba y que no necesita más que desarrollarse, como el brote de una planta a partir de la semilla. Pero así nunca podría surgir la novedad, ni mucho menos lo sorprendente...  Lo inesperado también es probable, y aunque lo se poco, alguna vez terminará por suceder...

 Necesariamente.

Y necesariamente algún conjunto de causas improbables, que un día se juntan en un instante por pura casualidad, o en un lugar, alrededor de una tabla, o sobre un planeta entero... Un conjunto de causas improbables terminarán necesariamente produciendo un resultado, que aunque en apariencia extraño, será sin duda el resultado más probable y hasta casi obvio, que vendrá a rescatar a la realidad de la amenaza constante que sobre ella pende, de la eterna repetición.

Así estaban entonces alrededor de una puerta apoyada sobre cajones, siete personajes un poco fumados y otro poco poseídos por el entusiasmo de creer que la realidad no había llegado para quedarse. No ahora que la rebeldía parecía sacudirse de sobre el lomo un pasado admirable, como hace el perro con el agua que le sobra, para ponerse en condiciones de empaparse de innovación.

El Universo es algo que se inventa todos los segundos. Que se puede inventar. Que nosotros podemos inventar! ¡Que ya estamos inventando!


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