jueves, marzo 04, 2010

795. La arenga de Manuel

 Ya en vuelo a Jack se le destrabó la lengua en una serie de preguntas sobre el aparato que utilizaban. No había sentido otra vez ninguna sensación de estar despegando o acelerando y por otra parte, ahora que eran sólo dos, estaba viendo que los reflejos sobre las supuestas paredes dejaban ver un fondo indefinido de luminiscencia gris verdosa.

-¿Qué es?, -preguntó.

-Será el tiempo... - contestó en broma Manuel desde su apariencia de bosquimán.

-¿El tiempo tiene color... ?

-...el tiempo que estoy pensando en qué contestar a tus preguntas...

Jack calló y entonces pudo completar la idea de estar pisando tierra firme sobre la cúspide del cerro Pan de Azucar, como lo había hecho en serio una vez cuando niño. Algo le decía que aquel lugar formaría parte de la historia y se mantuvo en esa seguridad hasta que ya de patas sobre los guijarros rosados de un sendero de cabras le indicaba a Jack que lo que veían allá abajo en la zona sin vegetación y con barracones había sido en un tiempo una reserva de fauna autóctona.

-Sí sentí hablar de eso...

-Ahora seguramente se ha transformado en lo que andamos buscando.

Efectivamente la intuición de Manuel, cómo la de todos los grandes héroes, había dado en el blanco. No necesitaron bajar demasiado para poder apreciar a simple vista que todo el entorno estaba alambrado y vigilado por hombres de guerra.

-¿Cómo podríamos entrar ?, -murmuró Jack.

-Nuestra astucia será aparecerles desde otra dimensión, Ja.

La siguiente fue una secuencia que por desgracia nadie pudo filmar, porque siempre queda bonito hacer aparecer un cuadrado flotando en el aire sin que tape a los prisiioneros que miran desde el otro lado con actitudes que varían desde el asombro rayano en el pavor hasta la más completa indiferencia.
Un cuadrado que comienza a dibujarse primero desde un punto. (versión corregida), para transformarse en recta que se desdobla dos veces y se cierra con la precisión de un movimiento de ballet, sin interrumpir la imagen de fondo. Las figuras lamentables de los presos y más allá por un lado la mejilla sólida del cerro y por el otro un cielo tormentoso que amenaza con rayos y centellas.

-No tengan miedo. No somos marcianos... -Dijo Manuel asomando desde la nada.
-Buscamos al grupo de aborígenes que trajeron ayer desde Lagomar. -Completó Jack.

Después de la sorpresa inicial una voz se animó a sonar:

-Es el barracón de al lado... pero ¿y nosotros?

Tenía razón. Ellos no lo habían pensado. Como si todo consistiera en elegir a cinco entre cincuenta mil y salvarlos, por la sencilla razón de que fueran amigos de uno de la brigada.

Cambio de planes.

Los Pequeños ojos bosquimanos de Manuel dijeron a Jack que tenía una solución que iba a poner en práctica inmediatamente.
Manuel confirmó que el barracón de los aborígenes era el de la derecha. Después dijo que iba a generar con su aparato un pasaje invisible por el que los prisioneros de allá pasaran todos a concentrarse aquí...
Después lo hizo.
Por la puerta abierta, aunque muy poco visible del cubo, al cabo de un rato habían salido varios cientos de aborígenes nudistas que se unieron a los demás para escuchar lo que iba a ser una de las pocas arengas pronunciadas por nuestro héroe en mucho tiempo.

Escúchenme bien. Los vamos a sacar de este lugar al que los trajeron por haberse dejado separar. Los vamos a dejar libres, pero si siguen separados pronto estarán de vuelta aquí, o estarán los amigos de ustedes o los parientes. No deben fijarse en el aspecto que tenga el otro. Todos somos personas que necesitamos ser libres. No importa que andemos unos desnudos y otros vestidos. Que unos vivan bajo tierra y otros en la superficie. Que algunos gusten del rock y otros del folclore. Somos todos iguales y si nos mantenemos unidos nadie nos podrá esclavizar.










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