lunes, enero 25, 2010

782. De frecuencias y anclajes

Pura lógica puesto que volar se vuela con un aparato, que si vuela es volador. Porque debían allegarse hasta los cerros de Pan de Azúcar sin ser vistos, y de ellos rescatar unas cuantas personas, o todas las que hubieren. Cosa por demás complicada considerando la total carencia de otros medios más idóneos, o simplemente  de un conjunto de ideas que ejecutadas en el orden adecuada dieran por resultado la liberación de esas personas. Un aparato volador vendría a ser lo necesario, especialmente si se tratara de uno de altas prestaciones en cuanto a velocidad, maniobravilidad y silencio. ¿Sería ese el caso?

Le tocaba a Manuel dar razones convincentes y para ello le pareció adecuado hacer un racconto de las experiencias anteriores. Tanto las exitosas como las desastrosas, comenzando por las primeras, involuntarias, cuando eran las propias bolas las que se abrían bajo sus pies como forma de raptarle. Y siguiendo por las explicaciones recibidas de los inventores de aquellos artefactos, que le había ilustrado sobre las dificultades que se presentaran en el proceso de perfeccionamiento. Sin embargo no quiso cargar las tintas sobre las equivocaciones cometidas, atribuibles enteramente a fallas humanas y nunca mecánicas.

-Es lo que les decía: El pensamiento puede lograr cualquier cosa. El Universo es pensamiento. Pero nuestro pensamiento es demasiado débil, dice mi abuelo que para lograr efectos visibles es necesario amplificarlo por lo menos un millón de veces.

Después quiso mechar una idea que le había quitado el sueño más de una noche, diciendo que en realidad una bola no es una nave en el sentido que lo es un barco o un avión. Una bola venía siendo un sintonizador de universos y de coordenadas. No lograban ellas el traslado de los pasajeros sino que los adscribían a un nuevo juego de coordenadas vibratorias. Con eso bastaba, sin gasto de energía, ni casi de tiempo. Como si lograra en un piso de baldosas distintas, intercambiar dos de ellas cualquiera... Aunque no.  No creía que hubiese en ningún caso un verdadero intercambio. Recordaba perfectamente cuando se había encontrado con su otro yo en un mundo en particular! ¡Hasta habían estado conversando sin que se produjera ninguna explosión aniquiladora!

-El universo es mucho más complicado que todo lo que podamos pensar... Pero volar de esa manera es posible.

Volvió su mente a las primeras pruebas realizadas. Las dificultades para comprender, o al menos concebir que una persona se pudiera poner en resonancia con un aparato tan simple como un conjunto de cuerdas afinadas. Que una cosa así pudiera funcionar a favor de una idea o una imagen que apenas existe durante unos instantes en nuestra conciencia.

-¿Pero las cuerdas de qué están hechas?

Esta vez calló las palabras alambre y tiras de plástico. En cambio resaltó la extraordinaria importancia de la relación matemática que debía existir entre las frecuencias vibratorias de las distintas cuerdas y el ángulo de anclaje a los puntos extremos.-

-Que aunque parezca un cálculo difícil, puestos en resonancia somos capaces de resolver aun estando dormidos.
-¿Y cómo hacés para ponerte en resonancia?
-Mientras afino la cuerda me voy afinando yo... llega un momento que la cuerda empieza a expresar algo que vos sentís como adecuado... Estás en resonancia.
-¿Y en qué se apoyan los puntos extremos...?
-Ehhh...

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