miércoles, julio 09, 2008

564. Desenlace

De las palabras pasaron a los hechos. Primero la rubia tiró la peluca y cruzó los brazos arriba para tironearse el pulover magenta que llevaba sobre aquel par de senos erectos que pronto aparecieron apenas cubiertos por una blusa de seda. El cana comenzó por desprenderse el cinturón, dejar caer los pantalones del uniforme y aparecer enseguida un miembro viril con proporciones de cachiporra. La pelada gritó un alarido de fana histérica y pateando lejos sus jeans, saltó para prenderse como una gata al cuerpo todavía medio vestido del tipo. "No me quiero perder esta oferta, socio." repetía entre jadeos, cuando todavía no consumaban ninguna penetración sino apenas el refriegue entre el puvis de ella y la brutalidad de él que ella ansiaba tragar.

Una voz surgió desde lo alto:

-Oficial Caridi, por favor compórtese. Estas imágenes estan siendo emitidas online a nuetras oficinas de calificación de personal.

Caridi empujó de un golpe la mitad de su miembro dentro de la pelada. La pelada se quedó con la boca abierta sin poder emitir el grito, y Caridi, ya todo sudoroso, levantó la cara al techo.

-¡Qué mierda me importa! ¡Me han metido preso otra vez por esa puta tarjeta!

-El error ya ha sido subsanado. Nuestra computadora le ha logrado reconocer a través de las imágenes. Hemos dado la orden de rescatarlo.

Ella no estuvo de acuerdo. Por señas expuso su punto de vista. Podían dejar todo para más tarde. Caridi bajó la cara y empujó la otra mitad.

Manuel logró ver dos ventanitas abiertas en el cieloraso por donde asomaban sendas cámaras. Se colocó debajo de una mirándola.

-¿Y nosotros? No hemos hecho nada. Todavía no sabemos de qué se nos acusa...

Las ventanitas se cerraron al unísono y poco después se habría una puerta corrediza, tipo ascensor, sobre la pared del fondo, por donde aparecieron dos sujetos grises, casi enclenques, uno con una planilla sobre una madera, lentes sobre la nariz y una birome bic en una pequeña mano. El otro sostenía en la diestra su arma reglamentaria, pero sus ojos habían buscado y encontrado ya la escena porno. Desde la puerta el de la planilla habló.

-Oficial Luis Alberto Caridi, debe acompañarnos para reportarse en oficina de personal...

Manuel insistió.

-No hemos cometido ningún delito.. Íbamos en el tren para Merlo cuando...

Desde el fondo la pelada no paraba.

-¡Más! ¡Más!
-Oficial luis Alberto Caridi...
-No nos pueden tener detenidos sin que haya ninguna acusación.
-Dale, dale, partime en dos!
-...debe acompañarnos...
-Asi, así!
-Oficial Caridi! Venimos directamente desde la gerencia de personal. Si se presenta en tiermpo y forma le serán anuladas las sanciones económicas por falta de mantenimiento del documento electrónico y...
-Ahora sí, dale a lo bestia no más.

Los mofletes de Caridi comenzaron a resoplar vibraciones como de ballena en parto múltiple. Gritaba goles que se estaban por hacer. Descuartizaba los miembros de la pelada hacia los cuatro vientos. Se tiraba pedos de caballo mancarrón y sin pausa movía adelante y atrás aquel su blanco y redondo culo al que venía llegando el torrente de transpiración que fluía por debajo de la chaqueta del uniforme que nunca se había quitado. Por fin, tras tres gritos agónicos, cayo de bruses sobre los despojos femeninos que ya de antes parecían inhertes.

Los sujetos de la puerta comprendieron que debían hacer una pausa. Fue entonces que por primera vez registraron la presencia de Manuel y sus reclamos.

-¿Qué me decía...?
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