viernes, julio 04, 2008

561. XYZ

Para que se apartara y dejase pasar a la gente que durante la conversación se había empezado a acumular otra vez por el anden y que ahora parecía querer avanzar hasta el borde a la espera de que apareciese otro tren, seguramente. Eran cada vez más y cada vez empujaban con mayor impulso, incrementando el nivel de nerviosismo y de ceguera, mirando hacia la derecha, como si de tanto mirar y cinchar con la mirada fuera el tren a aparecer antes, y a parar con las puertas abiertas justo en donde cada uno quería, a pesar de los boludos que se atravesaran en el camino conversando o papando moscas. Magda lo comprendió a medias, porque no se imaginó que en pocos segundos más se iba a producir otra avalancha humana como la de Estación Once, con el agravante de que ahora iban a ser dos, la de los que se querían bajar y la de los que querían subir. Porque así fue, y ellos nuevamente arrastrados como náufragos a merced del oleaje, desapareciendo de todo lugar conocido, sin despedirse del kiosquero al que ni siquiera le habían preguntado el nombre. De pronto estaban nuevamente en movimiento, por lo que comprendieron que por fin habían sido subidos al nuevo tren, cuyo ruido escucharan mientras intentaban zafar de la correntada. Qué mierda.

Dentro de todo había una cosa positiva, ahora sabían hacia donde iban. Sabían que allá adelante, en algún punto indefinido de la misma recta, quedaba el famoso Merlo, punto de probable encuentro con alguien conocido, que les podría ayudar... Aunque... Qué tan importante podría ser ya hablar con un conocido cuando en realidad todos venían a ser desconocidos seres de un mundo desconocido, y loco que ahora trinaba alrededor de sus cabezas con ringtones simultáneos y estereofónicos que mostraban todos los alaridos posibles de la fauna planetaria más la discoteca completa de todas las compañías discográficas del mundo? Uno de aquellos telefonitos, uno pequeño, más pequeño que el más pequeño, en cuya pantallita multicolor saltaban dibujitos de Menemito y Marijulita al son de una chacarera electrónica, aparecía desde abajo, entre los dos, subiendo después de haber pasado por la entrepierna de Magda, para acompañar aquella voz susurrante, que salía de algún lugar indefinido y que les preguntaba dulcemente, si ya conocían el último modelo del Exterminador XYZ, que ahora venía con la promoción pútiniormauz, consistente en quinientas horas de verinais profilacticboys cada vez que se lograra coincidir el instante de una llamada propia con el pulso goldenbit generado por el satélite sagrado.

-A solo cincuenta pesos con 500 milisegundos de llamadas prepagas y diez vales para bigmacpato (entre las 5 y las 7 de la mañana en días impares)

Lo último lo dijo la cabeza calva que ya había asomado también desde el piso del vagón, casi levantando en hombros a la flaca quien no se podía zafar dado el apretujo en que se encontraban. La cabeza había perdido la peluca, pero la mano de lo que terminó siendo una señora sonriente la había encontrado entre los pies de todos y ya la levantaba para soplar el polvo u colocarla en su lugar. El conjunto rearmado no parecía desagradable pero...

-En realidad ya tengo celular -balbució tímidamente Magda.

La señora abrió entonces la boca para insistir, seguramente con su mejor argumento de venta, pero en ese momento el tren se había detenido con el estruendo de las puertas que se abrían a un gran aborto de gente que salía expulsada hacia los andenes. Ellos entre todos.

Estaban en un lugar llamado Liniers.

Cuando la gente se fue escurriendo hacia las escaleras de desagote volvieron a respirar, a levantar la vista en la distancia y... ver que un policía venía hacia ellos...
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