jueves, diciembre 06, 2007

444 EL PRÓXIMO DIOS

La bola plateada de Abelardo se volvió a sacudir con impertinencia tal que pudo ese sólo hecho sacar a todos de la línea de pensamiento que había predominado en la última hora.
-Están poniéndose pesados –rezongó el Cholo buscando apoyo con la mirada para el inicio de acciones tendientes a definir la situación. En su mente por momentos se pintaba con increíble profundidad y brillo cromático, una dantesca batalla dónde era el mismo espacio tiempo el que a modo de arcos tensos que se enderezan, hacía vibrar el universo todo obligado a la expansión continua. Mientras por otro lado la voz de la razón le aconsejaba que se metieran dentro del punto y esperaran allí a que los ángeles se aburrieran o a que ellos descubrieran la manera de reaparecer a años luz de distancia.
La voz de Abelardo sonó densa como una colada de plomo fundido.
-Yo voto por aniquilarlos.
Era la voz de un aciano cansado de buscarle el lado bueno a las cosas que se empecinan en entorpecer toda solución imaginada. Un anciano desengañado de toda posibilidad para un bando enemigo incapaz de convivir con otro en una especie de entente. Un bando cuya máxima era: “Todo aquel que no se arrodille frente a mi será mi enemigo y lo destruiré.”
Manuel leyó esos pensamientos de su abuelo, retrocedió mentalmente unos pasos y suspiró sabiendo que Abelardo podría estar equivocado, como cualquiera, hasta un genio se puede equivocar, pero que si había llegado a esa conclusión no habría sido, seguramente, sin analizar una y mil veces cada posibilidad… quedaba un punto de duda… Miró a Mandinga para interrogarle:
-¿Desde cuando existen estas guerras?
-Desde que se tenga memoria… Cada generación de dioses y demonios apenas va agregando nuevos capítulos a la historia.
-Entonces ellos no pueden con nosotros… No nos pueden destruir… Si ellos son el bien, nosotros seremos el mal. Si nos destruyeran deberían ellos dividirse en dos bandos para poder existir…
Cholo se extrañó.
-¿De dónde sacaste eso?
Manuel sonrió algo ruborizado.
-No sé. Se me ocurrió de repente que no se puede vivir sin un contrario que sea lo que nosotros no queremos ser. Que podemos aniquilar a esas naves pero no al viejo Dios o a otro nuevo que se siente en su trono…
-Pero dijiste que un bando si aniquilaba al otro se tendría que dividir engendrando en su seno el mismo tipo de polaridad anterior…?
-Claro. Y esa podría ser la única manera de progresar… -se quedó pensativo unos minutos sin que nadie hablara.
-…el próximo Dios será un poco menos hijo de puta!
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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