Mientras tanto en la policlínica Vittorio Giorgionne golpeteaba una birome sobre la libreta de apuntes. Se sentía agobiado por la sensación de haber hecho el ridículo otra vez, dejándose envolver por el canto de sirenas del pensamiento mágico, que todo lo puede sin preocuparse de la realidad. Tan luego él, el más racional de toda su generación, embarcado en fantasías multiespaciales sin ningún fundamento científico. Curanderismo y rituales de umbanda. Deje de sufrir pero sin negocios. Porque negocio no ha de ser eso de creerse de otro mundo aunque se tenga el corazón cruzado... Creerlo en serio, porque parecían verdaderos todos los gestos y expresiones del muchacho... Ahora bien... Tampoco se podían quemar los hechos que apuntaban en el otro sentido. El hecho de que el afirmara no ser el Manuel que la muchachita conocía, el derecho, siendo él zurdo... Las cosas que había dicho sobre su propia vida privada... Las hachas celtas... Y los comentarios hechos por ese Cholo sobre que estaba sorprendido por el salto intelectual que había dado el amigo Manuel en cuestión de días.
Háblase de muchos casos de posesión en los que el sujeto poseído se pone a hablar en lenguas imposibles de haber sido conocidas por él. Pero él no creía en posesiones... a menos que... fueran descritas como situaciones en las que un sujeto toma conciencia de contenidos del inconsciente colectivo... o sea....
O un fenómeno de chamanismo como el de Don Juan, producido por hongos y otras trufas de esa calaña, si no es que sólo el libro fue el negocio...
¡Un momento! ¿Y el rigor científico...?
Claro que si aplicamos el rigor científico asesinamos al espíritu y si no, sucumbimos en lo irracional. Siempre dos polos. Los dos polos que nos atormentan siempre, en toda cosa que analicemos. Materia y energía. Espacio y tiempo...
No, el espacio y el tiempo no son contrarios, son compañeros. Los fenómenos no siempre son binarios.
Y sin embargo sigo creyendo posible que el juego de los opuestos...
Sí, cuando el fenómeno es binario.
Y eso quién lo determina? Una definición y fórmula para el cálculo correspondiente, no? Que viene hechita desde las universidades privadas del primer mundo,no?
¿A qué viene lo de "privadas"?
No importa, aunque sean públicas. La enseñanza publica ya compro el método que le vendieron. El pensamiento único, disfrazado de no dogmático. El que enumera todas las posibilidades, hasta las increíbles, en cinco días y después entra de lleno a la verdad descubierta de que todas las fuerzas deben confluir hacia la huidiza meta del enriquecimiento general, despreciando los daños colaterales y a las inevitables víctimas. El enriquecimiento debe ser general aunque el empobrecimiento también lo sea.
¡Perfectamente retorcido!
Pero verdadero.
Bueno... ¿Y qué hacemos con el muchacho...? ¿...le creemos?
He ahí el problema.
Yo digo queee.... ¡No sé! Tampoco vamos a hacer un papelón para que nos saquen escrachados en un diario como el psicólogo vuelto pai de una secta umbanda!
Hace tiempo que tengo curiosidad de saber qué es lo que hacen.
¡Vittorio, qué decís!
Podríamos ir de incógnito. A una templo del Cerrito, por ejemplo.
Esa gente es farsante!
¿Los curas no? Los médicos...?
No tanto. Los médicos no tanto.
¿Acaso no fingen conocer todos los efectos que puede producir la droga que recetan?
No es culpa de ellos. Ellos están metidos por la mitad de una cadena. En un extremo está el paciente esperando la droga milagrosa. Del otro todo un complejo de inversionistas y gerentes que dejan caer las pildoritas por el declive a medida que recaudan billetes.
Sí. Ma que narcos.
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jueves, enero 22, 2009
652. Mientras tanto...
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viernes, mayo 09, 2008
528. POR ESO
Juan Carlos quedó estupefacto cuando le dijeron que allí debajo del parque Fernando García, donde alguna vez había ido a pasear con sus hijas, allí sobre Camino Carrasco y a metros del puente, había sido construida una base subterránea enorme, con capacidad para carreteo de varias aeronaves e instalaciones supermodernas para el alojamiento de tropas y pertrechos, bajo iluminación a giorno y ambiente climatizado.
Quién hubiera podido suponer que esas cosas pudieran suceder en este pequeño país, alguna vez apodado "La Suiza de América", por su democracia -imperfecta y todo- y no por cierto por relojes ni caldos de gallina. Aquel paicito en el que, según contaban los viejos, el presidente solía concurrir a la casa de gobierno haciendo uso del transporte público, y otro, en otra época, salía de esa misma casa, por la puerta de atrás para ir a tomarse unas grapas con los parroquianos de un barcito que por allí no más había.
-Por eso yo me quiero ir a la mierda.
Porque las cosas se habían podrido de tal forma que ya no se podía vivir tranquilo. Pobres habían sido siempre, pero antes por lo menos se podía disfrutar de la vida, charlar con los amigos, comerse un asadito o ir con la familia a disfrutar de la playa. Que ahora ni eso se iba a poder, desde que se volviera a hacer obligatorio el porte del documento de identidad para que los milicos te lo pudieran pedir a la vuelta de cada esquina bajo apercibimiento de cargos de terrorismo. Allanamientos nocturnos de domicilio sin orden del juez y tipificación de todo como delito, a no ser aquellas pocas cosas permitidas como chuparle el culo a los poderosos.
-Por eso estoy pensando en irme a la mierda. ¡Si por lo menos hubiese ganado el Frente!
Porque ahora las clases privilegiadas habían vuelto a cerrar filas con las multinacionales que le habían comprado las estancias para llenar el país de árboles de mierda y soja transgénica. Las compañias, grandes y pequeñas, las farmacias y cualquier actividad que pudiera generar algún dinero.
Porque aquí los que estamos sobrando somos los pobladores, por muy pocos que seamos. Nos hemos dejado robar el país....
-Me voy para Brasil.
Manuel escuchó en silencio toda la verborragia del hombre, consciente de estar presenciando una descarga de emoción largamente contenida. Pero no pudo dejar de deprimirse. No lograba imaginar con qué palabras podría convencerlo de que todavía se estaba a tiempo de hacer algo.
-Nosotros allá lo logramos.
Juan Carlos se calló. La reiteración de el muchacho con las incoherencias le decían que estaba hablando al pedo ante un auditorio inapropiado. Abelardo intervino.
-Él tiene experiencias de una comuna anarquista.
-?La Comunidad del Sur?
-...
Por un momento desconfió Juan Carlos de estar siendo victima de un par de charlatanes, pero recordando las fotos en la pantalla del televisor, pensó que nadie iba perder el tiempo persiguiendo un par de papanatas. Serían tal vez un poco bolados, sí, tenían los dos un dejo poético, o mejor dicho pinta de poetas de esos medio bohemios que forman por lo general las mejores ruedas de conversación. Buena gente.
-¿O acaso hay alguna otra comunidad anarquista?
Manuel se rió.
-¡Muchas...!
-¿Dónde...? ¿Aquí en Uruguay...?
-Pero en el otro Uruguay...
-¿El de la imaginación...?
Manuel no quiso contestar lo que se le ocurría para que el tipo no lo tomara por loco con más seguridad. Sólo a él se le podía imaginar en medio de la conversación que cada juego de dimensiones era como las distints posiciones que iban tomando los labios de una enorme sonrisa de Dios el Verdadero. No iba a decir esa guazada, aunque le hubiese parecido una película en cámara lenta que le explicaba una manera posible de ver las cosas. Se había quedado embelezado con la imagen. Era como... las cosas parecidas que solía de niño ver de pronto proyectas sobre las copas de los pinos o las formas de las nubes y que... le enseñaban en un abrir y cerrar de ojos lo que él hubiera demorado dos días en explicar.
-Hay otros mundos que para nosotros son reales porque están en nuestra misma imaginación...
Juan Carlos torció rápidamente la cabeza hacia Abelardo como queriendo protestar pòr el engaño de haberle enseñado al muchacho a hablar como un budista, como única alternativa a reconocer que lo que le había parecido un loquito medio rayado, resultaba ser alguién que estuviera hablando con un sentido filosófico o metafísico. Como cuando él...
Quién hubiera podido suponer que esas cosas pudieran suceder en este pequeño país, alguna vez apodado "La Suiza de América", por su democracia -imperfecta y todo- y no por cierto por relojes ni caldos de gallina. Aquel paicito en el que, según contaban los viejos, el presidente solía concurrir a la casa de gobierno haciendo uso del transporte público, y otro, en otra época, salía de esa misma casa, por la puerta de atrás para ir a tomarse unas grapas con los parroquianos de un barcito que por allí no más había.
-Por eso yo me quiero ir a la mierda.
Porque las cosas se habían podrido de tal forma que ya no se podía vivir tranquilo. Pobres habían sido siempre, pero antes por lo menos se podía disfrutar de la vida, charlar con los amigos, comerse un asadito o ir con la familia a disfrutar de la playa. Que ahora ni eso se iba a poder, desde que se volviera a hacer obligatorio el porte del documento de identidad para que los milicos te lo pudieran pedir a la vuelta de cada esquina bajo apercibimiento de cargos de terrorismo. Allanamientos nocturnos de domicilio sin orden del juez y tipificación de todo como delito, a no ser aquellas pocas cosas permitidas como chuparle el culo a los poderosos.
-Por eso estoy pensando en irme a la mierda. ¡Si por lo menos hubiese ganado el Frente!
Porque ahora las clases privilegiadas habían vuelto a cerrar filas con las multinacionales que le habían comprado las estancias para llenar el país de árboles de mierda y soja transgénica. Las compañias, grandes y pequeñas, las farmacias y cualquier actividad que pudiera generar algún dinero.
Porque aquí los que estamos sobrando somos los pobladores, por muy pocos que seamos. Nos hemos dejado robar el país....
-Me voy para Brasil.
Manuel escuchó en silencio toda la verborragia del hombre, consciente de estar presenciando una descarga de emoción largamente contenida. Pero no pudo dejar de deprimirse. No lograba imaginar con qué palabras podría convencerlo de que todavía se estaba a tiempo de hacer algo.
-Nosotros allá lo logramos.
Juan Carlos se calló. La reiteración de el muchacho con las incoherencias le decían que estaba hablando al pedo ante un auditorio inapropiado. Abelardo intervino.
-Él tiene experiencias de una comuna anarquista.
-?La Comunidad del Sur?
-...
Por un momento desconfió Juan Carlos de estar siendo victima de un par de charlatanes, pero recordando las fotos en la pantalla del televisor, pensó que nadie iba perder el tiempo persiguiendo un par de papanatas. Serían tal vez un poco bolados, sí, tenían los dos un dejo poético, o mejor dicho pinta de poetas de esos medio bohemios que forman por lo general las mejores ruedas de conversación. Buena gente.
-¿O acaso hay alguna otra comunidad anarquista?
Manuel se rió.
-¡Muchas...!
-¿Dónde...? ¿Aquí en Uruguay...?
-Pero en el otro Uruguay...
-¿El de la imaginación...?
Manuel no quiso contestar lo que se le ocurría para que el tipo no lo tomara por loco con más seguridad. Sólo a él se le podía imaginar en medio de la conversación que cada juego de dimensiones era como las distints posiciones que iban tomando los labios de una enorme sonrisa de Dios el Verdadero. No iba a decir esa guazada, aunque le hubiese parecido una película en cámara lenta que le explicaba una manera posible de ver las cosas. Se había quedado embelezado con la imagen. Era como... las cosas parecidas que solía de niño ver de pronto proyectas sobre las copas de los pinos o las formas de las nubes y que... le enseñaban en un abrir y cerrar de ojos lo que él hubiera demorado dos días en explicar.
-Hay otros mundos que para nosotros son reales porque están en nuestra misma imaginación...
Juan Carlos torció rápidamente la cabeza hacia Abelardo como queriendo protestar pòr el engaño de haberle enseñado al muchacho a hablar como un budista, como única alternativa a reconocer que lo que le había parecido un loquito medio rayado, resultaba ser alguién que estuviera hablando con un sentido filosófico o metafísico. Como cuando él...
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