sábado, marzo 28, 2009

672. Etéreo Metano

Porque era noche y los grillos criqueaban escondidos entre los troncos de los pinos, o tal vez no, pura imaginación convencional, no sé si en esas fechas... Y hubo un brillo casual en sus ojos, una vez que hubo marchado el ómnibus, arrancando de vuelta, y dejándoles abandonados caminantes de calles cavadas entre los montes, y tal vez una manera de llenar de pronto los pulmones con este aire húmedo y silencioso... Por cierto que muy agradable tipo de mujer directa de sonrisa plena. Veinte años... Y otros tantos que no deberían contar en la cuenta por haberse perdido en desvaríos conservadores. Ella sin embargo parecía igual, sin haberse enterado del paso del tiempo como en la canción de Fernando Cabrera, clavada en un cartel. Y continuar hoy aquella mala réplica de los verdaderos tiempos libres, que siempre fueron mejores, aunque esta noche... quedaba todavía el conflicto de saber que se trataba de la madre de su principal paciente...
Fuerza es reconocer que fue ella quien le tiró detrás de un tronco caído entre los pastos de la vereda para besarle como en las películas eróticas aunque en la más profunda oscuridad. Esa química extraña que de pronto estalla desparramando miembros y desnudeces que sólo se aprecian con las manos, y que se da en variada medida entre los más distintos pares de humanos. Gordos con flacas o viejas con jóvenes. Intelectuales con rústicos. Dulces con salados...

Ellos apenas un hombre y una mujer. Ahora compenetrados en el lenguajes de los olores y los sabores, almendra oscura de acaramelado perfume. Abismo umbrío del etéreo metano, pétalo de rosa, espina, sangre a borbotones por las arterias del cuello, calor... Y ese aleteo cosquilloso en lo más recóndito del alma, casi un prurito; puesto de custodio unos pasos antes del verdadero lanzamiento, que se iba a producir igual, a toda carrera por sobre la tabla del trampolín. Qué locura.

Después disimular arrugas en la piel de los brazos y quitarse pinochas de la ropa, entre risas y lamentos vergonzosos. Puah!
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