sábado, marzo 14, 2009

667. Testigo de Cargo

La puta casualidad hizo que a un mismo tiempo sonaran los celulares de Ernesto Federico, con el aviso de que frente al portón de Lo Dogones esperaba el doctor Bermúdez. Y el de Magda con sus campanas otra vez, pero ahora anunciando el saludo e interés del licenciado Giorgionne por la marcha de los asuntos. Ernesto se atropelló a recorrer los cincuenta metros que mediaban hasta el portón, mientras Magda trataba de sintetizar el pesimismo optimista conque presenciaba tanto desafuero. Manuel, en cambio infló sus pulmones de ideas contradictorias. Miró a Mandinga, como para decírselo, mal dicho, qué la duda casi imposible radicaba en encontrar algún recipiente adecuado para depositar allí al primer Dengue una vez que, supuestamente, le lograra extraer del ya menguado cuerpo del séptimo. Mandinga no entendía un corno, pero participaba del mismo desconcierto. Tal vez por su condición de crónico mal estudiante, carecía de toda idea práctica y también teórica sobre cómo fuera posible que una persona se pudiera meter dentro de otra. Inocentemente había creído que las personas se componen de alguna sustancia inespacial que solo obtiene domicilio al asociarse con algún cuerpo vivo. Pero ahora... Venía a quedar en evidencia que el Dengue que había conocido en Tierra 1, había hecho, no sólo un cambio de mundo, sino que había viajado en forma de persona desnuda. Sin cuerpo.... hasta que llegara sobre este planeta ululando hambre de carne y de huesos para sentar sus reales.Se lo imaginó como una ave negra perdiendo las plumas en la picada, pero no la vista de águila para encontrar de primera, el cuerpo que le venía más en talle. Entre miles de millones y un planeta dando vueltas... Bien que supiese cualquiera que de esos viajes no se llega como viniendo de la luna sino... Pero el doctor Bermúdez aparecía en el marco de la puerta y elevaba, con expresión grave, la vista a través de todo el mundo para verificar el locus de su paciente y los signos de su presumible peligrosidad.

-Desalojen la habitación, por favor.

Manuel torció la cara por debajo del sobaco, para verlo avanzar, muy cauteloso pero digno. Le causó mucha gracia y poco respeto.

-Estoy hablando con ellos. Por favor, déjenos solos.

Se detuvo. Pensó consultar algo con su amigo. Lo desechó... La ciencia debería estar siempre por encima de cualquier consideración social, de costumbres o buenos modales.

-Soy médico.
-Sí, ...ya nos conocemos...
-Por eso... Voy a revisar al paciente.

Manuel se paró pero bien enfrente de Bermúdez. Decidió cortar por lo sano.

-Usted no va a hacer nada. (Si ellos no se lo piden).

Claro que el facultativo montó en cólera inmediatamente. Faltaba más que este morochito le viniera a tratar como a una sirvienta! Inmediatamente, es decir en cuanto pudiera, pondría las cosas en su lugar, una vez que el atrevido dejara de mirarle directamente a los ojos sin mostrar intenciones de apartarse.
Ignorante tal vez. Con la petulancia que le presta la ignorancia. ¡Pobre infeliz!

-Debo medicar al paciente... Acaba de sufrir un proceso convulsivo...
-Ja. No es uno sino dos.
-Dos procesos convulsivos seguidos...?
-¡No! Que ellos son dos... uno dentro del otro. Son casi idénticos. Pero uno sin querer, cayó dentro del otro, y el otro sintió tanto miedo que empezó a consumir pasta base para huir del terror. El caso está resuelto. Puede retirarse doctor.
-Ah. Usted también consume?
-No, mire, no quiero ofenderle pero... hay cosas que están más allá de su ciencia... Vea, venga, siéntese a un lado y escuche en silencio.

Se acomodaron uno junto al otro, Manuel tomando ahora la mano de Dengue.

-Escuchen los dos. Vamos a empezar a entendernos. Uno de ustedes es de acá y el otro de allá. Así que yo les voy a llamar así, de esa manera, acá y allá. Traten de no molestarse para que los dos escuchen todo lo que yo diga. Para empezar... vamos a hacer unos ensayos. A ver... le voy a pedir al Dengue de allá que le pida prestada la lengua al de acá y que salude al doctor Bermúdez quién promete o darles más inyecciones.

La boca de Dengue retorció muchos sonidos ininteligibles.
Manuel intervino.

-Cuando digo la lengua también me refiero al funcionamiento de la mandíbula y de la garganta. Dengue de acá... teneme confianza. Yo te garantizo que después te va a devolver todo... A ver. Otra vez...

Ahora el rostro de Dengue sonrió.

-Hola doctor Bermúdez. Yo soy Dengue, el Dengue. Te quiero decir que lo que contó Manuel sobre el accidente que hemos sufrido... yo y mi socio aquí adentro, fue más o menos así. Ahora tenemos que tranquilizarnos y ver como Manuel nos ayuda a volver a la normalidad. No creo que usted pueda ayudarnos, perdone...
-Bueno, ahora cambien los mandos -ordenó Manuel.

Sonó una voz mucho más apagada y vieja.

-Hola. En serio doctor, en eso estamos de acuerdo. Por favor no queremos inyecciones

Bermúdez dejó colgar la mandíbula. Nunca había creído un pito de esas historias de múltiples personalidades que contaban los que se especializaban en psiquiatría. Una persona es una persona, un cerebro y unos cuantos órganos sensoriales! No podes tener un pedaso sin matar al conjunto... Más bien seria... Posible... Que conviviera la verdadera persona con... una parte de ella que se le ha dado por creer que es otra persona. Un error de perspectiva, una falla. Porque fuerza se hacía reconocer que las mentes también pueden fallar...

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