viernes, agosto 08, 2008

578. Mafia Vs. Ácratas

Cuando Magda volvió a entrar al ciber, en procura de la contestación de los amigos de Toshiro, los otros se entreveraron con los transeúntes y fueron varias veces hasta la estación para volver enseguida como que fueran gente recién llegada en el tren. Se sentían ahora menos temerosos de mostrarse, luego de haber observado cuantos rostros similares andaban circulando por las calles. No sólo de orientales, sino otros como los bolivianos, y criollos desentiendes de indios, que no se diferenciaban fácilmente. Nunca habían reparado en el detalle. Ni ahora, demasiado. Es común que a fuerza de creernos ser vistos como distintos, terminemos pareciendo no más distintos. Nadie se pasa todo el tiempo pensando en las razas, las sectas o la fisionomía, más que aquellos que creen en dichas cosas. El creyente en horóscopos siempre va a creer confirmar sus creencias cada vez que le pregunta a alguien su signo, como el jugador cree que suele ganar mucho más que lo que lleva perdido, o al menos trata de creer para no sentirse desgraciado. Pero ellos eran muchachos inteligentes que aprendían a una velocidad alucinante. Ya llevaban comprendido que la mayor parte de las creencias que les habían enseñado no eran más que estúpidos prejuicios. Apenas les faltaba comprender que no todo lo que dicen los viejos es estúpido, para encontrarse en condiciones de empezar a aprender algo. A partir de cero.

Magda salió enseguida del local. En unos minutos iban a pasar exactamente por allí un par de automóviles Toyota, uno rojo y otro negro, para llevarlos hasta un refugio provisorio. Traerían a su vez en el parabrisas pintado un hexagrama del I'Ching que significaba no sé qué cosa y...

Acaba de doblar en la esquina un automóvil Toyota rojo fuego y le sigue detrás otro negro, ambos con un pegote en el vidrio...

Se abren las puertas al mismo tiempo, y una vez ellos absorbidos, los autos parten veloces, aunque sin escándalo, apartándose de todas las zonas más densamente pobladas. Circulan por rutas hormigonadas en alguna lejana época, hormigón partido en innumerables trozos de hielos flotantes, mechones de pasto bravío que ha sentado hábitat entre las grietas y los desplazamientos tectónicos. Un viejo cartel reza "Avenida del Buen Aire", sugiriendo involuntariamente que por allí hubiesen pasado los Garayses camino a fundar la ciudad virreinal. A lo lejos, pero en casi todos los sentidos, se divisa la mancha constructiva de Buenos Aires...

Se desviaron por un camino de tierra y entrando a lo que parecía haber sido una residencia placentera, -los álamos del parque perdían todavía, sin apuro sus hojas,- se encontraron con cuatro otros muchachos perfectamente organizados para camuflar los vehículos debajo de esas telas de hacer sombra y enseguida conducirles al interior de la vivienda.

Reunión general.

El debate era necesario, imprescindible y hasta inevitable. Akiíto venía con la idea de poner un punto final a la colectiva rebelión generacional de la que en algún momento se había sentido promotor. Co-fundador. Propagandista y actor protagónico para la comunidad de los ponja-argentinos.

-Tenemos que unirnos con los viejos para poder defendernos de Alí Babá y los cuarenta mil ladrones. -Dijo.

Jarumi estuvo de acuerdo. Mucho era lo que había meditado durante las silenciosas noches de la plantación. La rebelión estaba buena. No debían arrepentirse de haberla llevado adelante, a veces con exagerado entusiasmo. Simplemente que ahora sabían que los enemigos no eran los viejos, sino las estúpidas ideas que les habían inculcado desde el poder.

-Ahora ellos se dan cuenta que estamos bajo el dominio de una mafia que quiere borrar el honor y la honestidad de nuestra escala de valores. Por lo menos en eso podemos estar de acuerdo.

Magda se unió al diálogo.

-¿Querés decir que todavía no se dan cuenta de que el poder siempre es mafioso?
-No, ellos creen que los antiguos eran honorables!

Otro acotó que tal vez los mafiosos fueran honorables entre ellos mientras eso no implicara demasiado peligro o renuncia.

Manuel quiso saber.

-¿Ustedes son anarquistas...?
-Ácratas. Nos llamamos ácratas en español. Somos enemigos de toda forma de sumisión, de imposición y de autoridad. La única autoridad que reconocemos es la de los acuerdos libres, limitados en el tiempo y en la cantidad.
-¿La cantidad...?
-Sí. Nadie se puede compremeter más allá de sus posibilidades reales y de su relativa comprensión de las consecuencias del trato.

Toshiro quiso ser más claro.

-Queremos darle cabida siempre a la inteligencia. No queremos que nadie se vea embretado por reglas demasiado rígidas. O destrosado por un castigo. Ante cualquier problema, en vez de priorisar la tradición, creemos que hay que darle lugar a la inteligencia para lograr la mejor solución.
-¿Jueces inteligentes?
-No. La misma gente. Pero buscando soluciones y no represalias
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