jueves, noviembre 19, 2009

759. La tan cercana felicidad

Empezó a caminar como un zombi detrás del otro Dengue, el de los pasos libres, con algo de su cadencia y un aire casi tan suelto. Hasta la mano al costado, parecía llevar tomada la de alguna rubia tostada por el sol de una ociosa playa. Sonreía por momentos, aunque su sonrisa pudiera ser algo más tonta y dirigida hacia la nada del oeste, pero enteramente sincrónico con lo que el otro hacía. Como enlazado por mágico encanto que le dejaba compartir aquella supuesta felicidad definitiva.

Magda le llamó varias veces, elevando entre ellas el volumen de la vos. Pero no oía desde su lejano paraíso, más que las perladas risas de adelante, de cuando las manos juntas rosaban en el vaivén los muslos, y los pies desnudos levantaban un poco de arena húmeda después de hacerla crujir, amistosamente con el peso de los cuerpos.
Vaya cosa! A tan corta distancia había estado de la felicidad, sin saberlo. Moverse así, con esa manera flexible en los miembros que iban diciendo el pleno contento de estar vivo, besando el aire que todo lo rodea y acaricia, respirando por todos y cada uno de los poros de aquella su piel definitivamente morena.

Estaba bueno! Ahora ya se bañaba desnudo junto a la rubia desnuda. Juntaban los cuerpos mojados! Se besaban mientras el agua escurría y debajo del agua los sexos mostraban sus movedizas y borrosas formas...

-¡Dengue!- , gritó Magda, al advertir su más que evidente erección.

Tampoco esta vez la escuchó. Siguió caminado con el agua en los tobillos y se fue adentrando a la zona donde el grupo chapoteaba entre risas y exclamaciones. Con la inocencia de un niño alegre se fue hasta su doble, a repetir a su lado, todo lo que éste hacía, incluso abrazar a la rubia. Entonces el otro recién pareció verlo. Le apoyó una mano en el pecho, para retirarle... Abrió la boca para decirle algo y se quedó con la boca abierta.



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