lunes, noviembre 09, 2009

756. Siete al cubo

Se produjo un océano de silencio, sólo alterado por los esporádicos chasquidos, que a modo de gotas de lluvia sobre un techo de zinc, se producían en alguna parte del luminoso hipercubo que aun seguía encendido. Tiempo adecuado para una meticulosa reconsideración de anteriores valoraciones y razonamientos. La facha, por ejemplo, del sujeto que acababa de disertar sobre esa trama evidente de un cómic, no podría ser más heteróclita, por no decir payasezca. Los muchachos, convertidos en Peter Panes, o tres alpinos que venían de la guerra, ío ío rataplán, en la que no habían princesas enamoradas pero sí Espíritus Oscuros... y un tiempo que había dado para tanto... hasta para decidir mudanza una vez hecha la paz...

Mandinga volvió a reír mirando a los muchachos.

-Ja, parece que no nos creen.

En realidad no importaba mucho. Podían ellos marcharse llevándose al pobre Dengue que les había visto volver con ojos llenos de lágrimas. Sí es que lo quería. Y dejarle a los otros la adivinanza planteada para que deshojaran la margarita de te creo y no te creo, tal vez por horas o por días, o quién sabe...
Por otra parte Úrum.
Un total de cinco pasajeros que iban a requerir dos tandas. Ellos podían llevar a uno y Mandinga al otro sin peligro de que nadie apareciera en la nebulosa de Andrómeda. Por eso...

Pero Ernesto, percibiendo la tendencia de las intenciones, quiso de pronto formar parte de la aventura, no quedarse al margen de una locura tal que nunca hubiera podido imaginar de no ser porque un día había decidido ser solidario con un muchachito víctima de la desgracia. Y que después...

-Yo también quiero conocer ese mundo.

Tres tandas... Pero guiadas por quién?

-Y yo.- agregó con vos temblorosa Don Miguel

El doctor Bermúdez nada dijo.

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