miércoles, abril 29, 2009

684. FLASH

Bien que el razonamiento no haya sido del todo riguroso, convengamos en que a muchos le hubiera sido por entero imposible llegar a destino en circunstancias tan contradictorias. Pensar que uno pueda ser otro y los dos el mismo no es cosa fácil para más de una mente supuestamente educada para la resolución de cuestiones prácticas.

(Como si estas no lo fueran)

No lo son, por supuesto, para el señor que vende y cobra las mercaderías detrás de la caja mientras su pensamiento se limite a eso. Pero hasta para él ha sido un misterio qué todas las noches dejáramos de ser conscientes hasta el otro día. Como el bicho de luz entre destello y destello. ¿Dónde nos metemos?

O acaso la existencia sea una cosa sin continuidad? ¿Sin tiempo?

Claro que el tipo se da cuenta que ha estado a punto de ponerse a pensar y retrocede! ¡No faltaba más! Que se iba a poner a pensar como si fuera algunos de esos tipos raros que después andan hablando solos.
Para él las cosas prácticas.
Como reconocer, por ejemplo, que algunos nacen con una inteligencia especial que les permite lidiar con el pensamiento sin enloquecerse del todo... y que... lo mejor que se podía hacer es dejarles a ellos la tarea, sin perder nosotros el negocio.
Una justa división del trabajo.

-Enano mezquino!

-¿Quién ha dicho eso?

-No importa.

En cambio Manuel pareció conformarse con la idea de ser uno mismo con el otro. Y que la flaca era la misma flaca de siempre aunque ésta no hubiese visto nunca una bola volando. Ja. Y Manuel, el otro... ¡Qué horror! Acababa de darse cuenta como en un flash, que el otro, con ser él mismo, se le apartaría indefinidamente porque uno no puede volver al mismo sitio, sino a uno paralelo!

Vaya novedad!

Es que a Manuel tampoco le gustaba pensar. Embocaba bastante, con todo. Pero de puro inconsciente y a desgano, como esta vez. No es que fuera mal tipo, sino indolente. Mil veces le había escuchado a su abuelo explicando el asunto de la superposición de estado cuánticos y esas cosas.

Ahora por un momento dejó entrar la luz a su cerebro. Otro flash.

Vio los rostros de todos repetirse en paralelo hasta una infinita distancia y a cada uno mover los labios pronunciando parecidas cosas, aunque algunas bocas se movieran fuera de compás y otras callaran o lloraran.

Y supo qué significaba la visión sin necesidad de intérpretes o consejeros. Fue consciente por un momento de ser una posibilidad más entre infinitas. Lo aceptó.
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