domingo, mayo 10, 2009

691. Quiero hablar con vos

También de él, Manuel sabía ahora un montón de cosas que antes no. Sabía por ejemplo que pertenecían a un mismo origen como negros. Mandingas. Y que Cholo era uno de esos que cuando las papas queman no se arruga ni le tiembla el pulso aunque no fuera del partido de Chumbo ni se hubiera fogueado desde muy chico en la vida bandolera. Que tenía una enorme capacidad para organizar cosas y que sabía argumentar en defensa de sus ideas como pocos.
Pero además siempre le había sabido un amigo leal.

La bicicleta describió un semicírculo sobre la arena descubriendo la dura tierra que había más abajo. Fue dejada de costado sobre el suelo al tiempo que las piernas zafaban sincronizadamente de los caños, los championes marcaban pasos y entre ellos sonreían.

-Opa. En qué andás, Manuel?
-Quiero hablar del anarquismo con vos.
-¡Bueeeno!

Claro que Manuel recordaba el origen o significado de la palabra. Tal vez antes lo hubiese olvidado varias veces pero... ¿Como decirle que en el futuro iban a hablar largamente acuciados por la condición de involuntarios protagonista de la más fabulosa revolución de todos los tiempos? El tenía muy vívidos recuerdos de los próximos dos años y justamente en este momento le volvían al corazón aquellos latidos.

-Lo que te quiero decir, Cholo, es que se puede hacer una revolución anarquista sin necesidad de disparar ni un solo balazo... Bueno... tal vez muy pocos.

Claro, el viejo verso de los que no se animan. Que es un proceso lento, que hay que ganarle al continuo lavado de cerebro que se hace desde arriba. Que...

-Me parece que es más sencillo.

Je. Sin decirle, claro, nada de lo que conocía por experiencia directa. Sino armando un discurso convincente. Estaba hablando con Cholo.

-La libertad es inevitable. Nunca van a poder matarla.
-El egoísmo también.
-Están en un empate, pero... nadie hace nada por la libertad. Cualquier cosa que se haga produciría un desequilibrio. Los otros ya hacen todo lo que pueden.

Cholo se sonrió satisfecho. Nadie hubiese podido decirlo mejor, con palabras tan comunes. Se seguía sorprendiendo de Manuel.

-¿Hacer qué? Los otros deben ser libres de pensar que estamos locos. Convencerlos de lo contrario lleva tiempo.
-Sí. Si los querés convencer sólo con palabras.
-¿Y de qué otra manera? ¿A Punta de ametralladora?
-Nooo...

Ahi estaba el tema. En realidad no se había detenido a considerar que lo sucedido en Tierra 2 parecía en realidad increíble. Que un grupo de locos sueltos pudiesen contagiar un sentimiento que se propagó como un reguero de pólvora... Desde Lagomar y El Bosque a toda América Latina, por lo menos. ¿Qué habían hecho? A parte de formar una sociedad secreta para defenderse de los ángeles y sobrevolar las multitudes con enormes bolas de cartapesta? ¿Cuál habría sido la chispa que encendió la mecha...?

-Si unos cuantos se animan derrepente a empezar a actuar como si fueran libres...
-¿Qué...?
-... los otros los verían libres y querrían ser como ellos...
-Ya ocurrió. Los hippies...
-Me parece que ese fue un movimiento sólo de jóvenes.
-Son los más propensos a cambiar.
-Pero los viejos también quieren ser libres...
-Nada impedía que los viejos se hicieran hippies, pero no se hicieron







viernes, mayo 08, 2009

690. Radio a Válvulas

A las cuatro de la tarde Manuel  sacó la bicicleta del galponcito del fondo y empezó a pedalear el repecho arenoso que le acercaba a lo de su supuesto primo, y verdadero contratista de pequeños trabajos y remiendos. Iba con ánimo entreverado. Por momentos se divertía de estar vivo y movedizo dentro de un mundo tan luminoso, pero enseguida la sonrisa se le cuajaba al considerar que de quedarse en este mundo, debería mantener en secreto casi todas sus experiencias.

Aunque no sus ideas.

Ya desde antes de ser raptado él había participado de discusiones políticas en el comité de base, siempre del lado de lo que Cholo llamaba el anarquismo sistemático. La sombra en esto tenía razón. En este o en cualquier mundo uno puede defender sus ideas, aun las que pudieran parecer por demás absurdas aquí. En este mundo donde los dirigentes de izquierda sólo tratan de que nadie haga olas mientras acomodan los nuevos enanitos en el jardín.

En vez de pasar primero por lo de Rulo mejor pasaría por lo de Cholo.

Claro que la casa tenía que ser la misma. Los dos ranchos en ángulo con aquel parral que todavía daba uvas. La pieza principal con la guitarra atravesada al poster del Che junto a la biblioteca sobre el pìso de tierra. Ese silencio. El mismo que cuando chicos servía de fondo a lo que imaginaban leyendo revistas de historietas sentados en el piso con las espaldas contra los adoves. A Cholo le gustó que el Sargento Kirk abandonara el ejercito para pasarse a la indiada aquella vez vez que él trajo las "Frontera" desde la casa de su abuelo. Claro Cholo no tenía televisor en esa época, es decir sus padres. Pero enseguida aprendió a arreglarlos.
Igual no los miraba. Los arreglaba mirando para otro lado. Ja. A él lo que le gustaba arreglar eran aquellas radios viejas a válvulas que cuando se rompían había que sustituirlos por transistores. Las válvulas. Pero dejando la misma estructura de afuera aunque quedase bastante vacía.
 Y toda clase de aparatitos que anduviesen con imanes que según decía eran el combustible del futuro, ya que no gastan nunca su energía.
 Que no logró hacer funcionar nunca. Al menos bien. No más allá de dos o tres vueltitas de una rueda que ha recibido bastante impulso.Una lástima. Porque hubiera estado más que bien que ya en aquella época ellos hubieran podido armar algún aparato volador como una bola y ponerse a viajar sin que vinieran a raptarlo a uno. Pero con la resonancias de las ondas nunca se metió...

Allá estaba. Frente a su casa mirando para este lado. Sonriente con sus negros antebrazos cruzados sobre el pecho.




lunes, mayo 04, 2009

689. La Importancia de ser Loco

¿Qué tanto?

O era que acaso no pudiera existir una historia que nadie hubiese escrito.Una historia que se contase a sí misma a medida que improvisadamente fuera sucediendo. O no se contase. Existiese meramente ese tiempo y después, tal vez, se perdiera en el olvido. Más aun, que ni se olvidase, por nunca haber sido recordada. Nunca consciente. Aunque... ¿merecería llamarse historia una cosa así...?

Una historia al parecer debería ser algo que alguien cuenta, aunque más no fuera para su propio conocimiento, que le llaman consciencia. Sin consciencia no ha de haber historia, ni personajes ni nada. Le pareció.
Y además. Que a veces parecería que la historia ya estuviese escrita, como una película que simplemente se va desarrollando ante nuestros ojos, tacto y demás extremidades de nuestro ser...
Pero sin que recordemos haberla conocido antes, ni haber estado haciendo el trabajo de inventarla. Nos sorprende, y hasta a veces nos llega a doler como una puñalada en la barriga...
Por eso, nos parece extraña. Siendo nuestra historia, nos parece ajena y la vivimos con tal pasión y realismo que por momentos creemos ser los protagonistas. ¿O lo somos acaso?

Volvió Manuel la mirada desde el cielo encuadrado por el marco de la ventana a la colorida cara de Vittorio que en ese momento susurraba cosas amables a los oídos de Margarita, para preguntarle, cual había sido la conclusión que sacara sobre el estado de su salud mental.

-De uno a diez, por dónde ando...?

Vittorio ni siquiera se dio por aludido. y si se levantó del taburete en que había estado sentado toda la mañana, no fue más que porque era hora de presentarse a su trabajo de psicólogo en la policlínica. Las doce menos cuarto y siete cuadras para caminar.
Se estaba despidiendo.
Margarita tenía pensado tomar el Copsa de las dos y media a Maldonado. Al otro día tenía feria.
Magda también hizo referencia a retomar el ritmo normal. Ella por ejemplo debía volver a pasar por las casa en que hacía limpiezas. Ya ni tenía plata para tarjeta de teléfono.
Manuel se quedó callado. Tan así de golpe había descendido en la consideración pública desde el alto pico del loco que a todos les complica la vida, hasta el chato valle de los seres insignificantes, esos que grismente arrastran su anodina existencia.

Ja ja ja...

Ya iba él a encontrar la manera de sacudirles la modorra!!

domingo, mayo 03, 2009

688. Inventores del tiempo

Entonces, lo que había comenzado siendo un encuentro provocado por anómalas circunstancias, poco a poco devenía en una simple reunión familiar que se olvidaba de lo anterior para adentrarse en los temas cotidianos de horarios de ómnibus y comienzo del invierno.
No, no había sido este un verano particularmente caluroso a pesar del calentamiento global que en otras partes derretía casquetes polares o secaba lagos que siempre habían estado en el mapa. Por eso tampoco había que creer aquello de las inundaciones y fríos extremos programados para el invierno. Suerte de países pequeños que algunas veces quedan escondidos entre medio de cataclismos sin ser tocados ni molestados. Pequeñas excepciones que el azar permite siempre y cuando no se prolonguen demasiado en el tiempo...

Manuel miraba por la ventana del frente afuera. La luminosidad de la media mañana en el hemisferio sur, sobre las copas de los árboles, mancha oscura cubriendo toda presencia del Río Ancho como Mar que más allá chorreaba aguas hasta la solitaria Antártida (respirar) a no ser que alguien diera vuelta el globo terráqueo. Recordó su vuelos y alguna fotografía mental de alguna batalla aérea de aquellas contra los ángeles, sobre las aguas quietas de aquella expansión que antes sólo había sido una playa...

Y sin embargo seguía siendo el mismo.

Miraba en lo celeste del cielo un más allá de oscuro cosmos poblado de estrambótica caterva de espíritus belicosos, entre los que estaban sus amigos de allá y sus compatriotas latinoamericanos de las patrias anarquistas... ¿Todo ilusión?

Porque lo que no se ve ni se siente, ni nunca se va a sentir en ningún futuro... existe? O es acaso pura ilusión basada, como decía el Dr. Bermúdez, en otra ilusiones que llamamos recuerdos. Recuerdos de ilusiones. O tal vez simple ilusión y siempre. Pudiendo nosotros producir esa serie de recuerdos que se van disparando en un sentido que llamamos pasado y que sentimos provenientes de aquella nada que cobra vida a cada momento y que llamamos futuro... Se nos antoja uno primero y otro después, al tiempo que pasan por nuestra consciencia como una película que nos llena de sobrecogimiento y entusiasmo.

-¿seremos meros espectadores? ¿inventores del tiempo? ¿lectores de nuestras propias historias?

Aunque estuviese exagerando los términos, por supuesto, de todas manera...Quién le podría negar con argumentos que las cosas que imaginamos no son como las imaginamos, sino de una manera que no ha de tener nada que ver con eso. El pasado bien podría ser el cartel que tiene el casillero donde vamos tirando los cuadritos de la historieta a medida que la vamos leyendo. Y cada instante tener un número que le permite presentarse en el orden adecuado cada vez que se le quiera recordar.
Acaso alguien le podría discutir entonces que barajando los instantes de forma distinta se puedan armar otras historias? Todo es probable. Por poco que lo sea. Así que alguna vez cualquier cosa puede llegar a ocurrir.
Aunque fuese una sola vez las piedras podrían llegar a tener sentimientos mucho antes de que los ricos se den cuenta de que son ladrones. Ja.

Ahora bien... Si es una historia volvíamos a lo mismo.... ¿Quién la escribe?

viernes, mayo 01, 2009

687. Bienvenido a Lagomar

Y darse tiempo a sí mismo. Para considerar. Sopesando. Cual habría de ser el camino. O el método. Que le condujera suavemente, desde la angustia de un retorno problemático, tal vez a la aceptación de un nuevo capítulo en su vida. Que no debería ser tan distinto a la anterior, pero muy distinto sí, ya que antes nunca había tenido experiencias como las vividas en los últimos dos años.
Antes... Antes había sido un muchacho como todos los que trabajan lo menos posible y se divierten lo más. Playa y chistes. Sexo, amistades y un permanente deseo de llegar a ser un dibujante de historietas como Hugo Pratt. ¡Qué genio!
Ahora ya no podría ver las cosas con los mismos ojos. Últimamente ni chistes hacía. A la playa no iba... y en cuanto al sexo... tal vez la mitad. Todo lo demás se iba guerras cósmicas y arcángeles despatarrados. Chivos que gobiernan galaxias e intrigas en el palacio celestial. ¡Se había transformado en un viejo lleno de preocupaciones sobre cosas que  lo superan, con menos humor que un empleado público consciente de su inutilidad. Con poco tiempo para cosas tontas.

¿Cuánto hacía que no se divertía en serio? Pero en serio, como despatarrarse de risa por la cosa más estúpida que se le ocurriera decir a un amigo o ir con la flaca a tirarse por los médanos abajo marcando los paralelos surcos de los talones y llegar abrazados como dos milanesas de arena... Quedarse en la cama hasta cualquier hora... y comenzar de nuevo a darle sin haber terminado de abrir los ojos...

Claro que habría que trabajar. Por mera subsistencia. Que no para tener algo que los vecinos ya tienen. Ni para dejar de ser nadie y comenzar a ser alguien. Ja ja Trabajar, porque es la manera que este mundo adoptó como solución para ganar dinero con el que comprar trabajo ajeno y ganancia patronal. Trabajar, dentro de lo posible, de forma divertida, por cuenta propia o en esas sociedades eventuales que se podían hacer con el Rulo tal vez todavía. Y volver a realcionarse con los viejos amigos... Y volver a olfatear el olor de la madera quemada que sale de las chimeneas cuando se enfría el otoño. Lagomar! Estaba de vuelta en Lagomar.

-Mañana comienzo a trabajar.