martes, junio 09, 2015

956. Serían las 9

Manuel también se acostó, qué más remedio, y ambos se durmieron entrelazados como siempre, La  madrugada siguió su curso, los pajaritos cantaron de rama en rama de la Anacahuita. Los rosados dedos de la aurora comenzaron, con timidez a teñir un resto de nubes desflecadas que quedaban hacia el oriente, El silencio se hizo total en aquel entorno de concha marina, nacarada y etérea, que nadie  osaría perturbar sin tener sobrados motivos para hacerlo... Hasta que a eso de las siete un imperceptible cambio bamboleo la imagen. Una vibración insonora... un lapsus...un parpadeo minúsculo del somnoliento ojo de la mañana... algo inefable y al mismo tiempo fatal ocurrió. Los pájaros dejaron de trinar y trepar las ramas. La brisa se contuvo. El silencio lanzó un aullido estridente y allí donde había estado un momento antes la casita de Manuel sólo quedaron ruinas, cascotes y pedazos de paredes derruidas. Pero ruinas antiguas. De aquella casa...

...la de aquel Manuel Aquelarre, te acordás? Hijo de la Margarita aquella que era hija del viejo loco que tenía un apellido vasco de esos con trabalenguas. Bueno, ella se fue a los 18 años de jipy con un negro parecido al Yaka Zulu y con él tuvieron al Manuel... bah tuvieron, la que lo tuvo fue la Margarita, el negro se desapareció a tiempo... diga que el viejo loco la ayudó pa crialo al gurí...bueno, te decía que esas ruinas que ves ahí son los restos de la casita que primero fue de la Margarita con su compañero y después cuando la Margarita se fue de nuevo de biyutera pa Punta del Este le quedó pal Manuel...

Aunque tarde, se despertaron. La luz tamizada de la mañana ya mostraba tintes dorados sobre la puerta del ropero, abierta, y los trinos de las aves se enhebraban en un compás muy galante. Serían las 9.

-Serán las 9?-pensó Manuel mientras desenredaba su pié izquierdo de las sábanas e intentaba sacar el brazo de debajo del tórax de Magda sin que Magda se despertara... pero en ése momento entiende que aquellos ruidos que se estaban sintiendo corresponderían a nudillos de mano masculina golpeando la puerta de calle

 ¡que raro... a esta hora nunca viene nadie...!


 
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