lunes, abril 05, 2010

804. Todos los abelardos

Renunciar a las preguntas...¡Vaya tontería! Y era su abuelo quien lo decía, ahora después de enredarle la vida en tantas complicaciones sólo por la vieja idea de liberar a los pueblos de América y... Claro! Este tampoco era su abuelo de siempre... Apenas una réplica desmejorada y llena de dudas. Un cascajo vacío de optimismo... Un cobarde al fin, como su amigo Miguel.

-Para qué me buscabas entonces? Para qué, con urgencia, me mandabas mensajes con olores? Para encontrarte siempre con otro nieto que te recordaba siempre como otro abuelo distinto...?

Abelardo bajó el gesto de calma de su mano.

-Ya te dije que esa posibilidad recién la estamos analizando... Por otra parte... nunca te he mandado esos mensajes...

Sus ojos rodeados de arrugas como si fueran viejos soles despeinados, le miraban queriendo descubrir un resto de piedad. Una ligasón que permaneciera firme a través del hojaldre de los mundos múltiples. Que lo hubiesen soportado todo... Un poco de cariño...

-Habrá sido otro... -murmuró como para sí mismo Manuel.

-Pero Manuel, aunque fuese así... Todos los abelardos seríamos el mismo.

-Yo me siento sólo yo... No sé que hacen o sienten los otros.

-Aunque te hayas olvidado de lo que haz hecho ayer o mañana... eras el mismo. Pero no se puede leer exactamente dos veces el mismo libro. El lector cambia... la historia también. No podés volver exactamente a un momento del pasado, porque cuando vos eras parte de ese pasado no sabías nada de este presente. Si viajás a ese pasado en realidad es a otro muy parecido pero con la diferencia de que vos al menos, sos otro. Uno que conoce el futuro.

-Otro pasado que hasta ese momento nunca había existido...?

-Tal vez... Aunque nuestros conceptos parecen demasiado estrechos para englobarlo.

-¿Sí o no?

-Tal vez... Si yo supiese exactamente qué quiere decir existir o dejar de existir...

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