jueves, abril 08, 2010

806. La Cosmociencia

Porque eso era lo que importaba, no las apariencias cambiantes, los tiempos ni los lugares. Aquella presencia que no es posible ubicar en ningún juego de coordenadas o conjunto de números, ni fórmulas, ni tendencias estadísticas. Una enorme paz compartida como se comparte el agua entre los sedientos que llegan al oásis. Presencia que sin ser corpórea se sentía llena de tibieza, tal vez porque en ningún momento había cesado el contacto de la piel del otro sobre la propia...

Después... naturalmente hubo sexo y del bueno.

Corazones bombeando sangre en recíprocos ritmos coordinados y transpirados a lo largo de tiempos indefinidos que por último más se sueñan que se viven... Y el letargo... y el exquisito sabor que renace en la saliva de la boca y esa manera de resbalar los miembros otra vez cuando la brisa de la madrugada se dejaba sentir.

Más tarde, ya con el clarear del nuevo día, Magda se había dormido y Manuel todavía no.

Pensaba.

Por supuesto en cuestiones relacionadas con la extraña vida que le había tocado vivir. Pero lo pensaba a su manera...

¿Cual manera?

La de un tipo que no pudo casi conocer lo que es una vida normal. Digamos. Porque la suya no lo fue... No lo estaba siendo al menos desde hacía varios años en términos de... Aunque no sea fácil medir así las experiencias, pero... ¿Qué carajo puede pensar de la vida un tipo que cuando no es raptado por una esfera hueca que se le abre debajo de los pies, se encuentra en medio de una batalla aérea contra los ángeles del cielo...? No por supuesto lo mismo que nosotros las personas normales que vamos de casa al trabajo y del trabajo a casa todos los días por el mismo camino y los mismos grises paisajes urbanos... que nos acostamos todas las noches en la misma cama, aunque con sábanas cambiadas, y con la misma mujer a la que raramente deseamos...
Manuel se había quedado pensando sin intención alguna de hacerlo ni haberse planteado un tema previo o sentir que tuviese algún problema a resolver... es que él era una especie de pensamiento contínuo, aunque no lo pareciera. Su mente por lo general estaba habitada por una serie de conceptos confusos que fluín transformándose de una cosa en otra... Pensamientos al fin, aunque confusos, muy confusos... Vean si no:

(...tiene que ser posible....de alguna manera...porque todo es pensamiento...¿o no?...navegar como un pescado en el agua... pensamientos a través de pensamientos...)

Sí, claro que eso iba acompañado con las respectivas imágenes, en este caso, por ejemplo una especie de pescado desprolijo, pintado de verde agua medio a la apurada y lanzado a ondularse entre reflejos de luces y algas. Pero lo importante era el concepto, aunque nos cueste seguir el hilo tanto como a él.
Al parecer de tanto golpearse con las frustrantes dimensiones que siempre le acosaron, había venido elaborando una especie de cosmo-ciencia, una explicación bah, para consumo propio, que le iba colocando los distintos sucesos dentro de un ordenamiento lógico que con el paso del tiempo, y sucesivas correcciones, ya se estaba pareciendo a un tratado inédito sobre las realidades que hay detrás de las apariencias. Algo no necesariamente y del todo inútil al menos para él. ¿Acaso nosotros no hacemos otro tanto cuando pensamos que esas sombras entre las ramas del parque no son otra cosa que sombras y nunca cuerpos ocultos de presuntos atacantes? Necesitamos tener las ideas ordenadas en una estructura de relaciones verdaderas -aunque sean falsas- para poder disfrutar de las pocas y escasas cosas que realmente nos causan placer. El tamaño de nuestro auto o la marca del nuevo teléfono.
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