martes, abril 13, 2010

807. Sólida irrealidad

Así que se le estaba antojando, cada vez con mayor frecuencia, que las cosas no existían en realidad. Que la realidad misma  era un conjunto de irrealidades muy ingeniosamente organizadas, de un modo tal que cualquier acción sobre cualquiera de ellas produjera inmediatamente efecto sobre algunas otras que se pudieran suponer relacionadas, tal como si de cosas reales se tratara.

Aunque por supuesto olvidara a veces que si todas las cosas fueran irreales mal se pudieran confundir con cosas reales al no existir algo semejante. Que para que fueran fácilmente confundidas con aquellas hubiera sido necesario conocer antes alguna cosa real. O por otra parte también....Y eso justamente fue lo que pensó aquella madrugada mientras a lo lejos el único gallo de la comarca hacía sentir sus estribillo...

Que lo irreal sin embargo era algo real. Es decir... Que la realidad de lo real no es tal como la suponemos, sino que es de alguna manera más parecida lo que imaginamos como irreal. Es decir... Que lo duro no es duro ni lo blando blando, que lo lejano no está lejos ni cerca, ni lo cercano a nuestro lado, porque no tenemos lados ni forma ni tamaño ni peso ni color. Es decir... que si algo de eso existe es apenas en un sentido completamente alejado del concepto que de eso nos hacemos. Por ejemplo... Que dos cosas nos parezcan estar una junto a la otra no fuera más que el efecto del punto de vista desde el que las observamos, es decir el punto de vista que de alguna manera conecte con máxima facilidad los datos de cada objeto con nuestra mente... Como si de recordar dos objetos conocidos se tratara... Pero una manera de recordar mucho más potente, dentro de la cual lo objetos no permanecieran pasivos sino que fueran recordados en plena efervescencia y acción, potentes y hasta vivos. Peligrosos, atemorizantes o placenteros. Inteligentes, sorprendentes y tramposos... pero irreales.

Y al mismo tiempo reales.

Porque en ellos sería irreal todo lo que de ellos nos imaginamos, salvo su existencia o su conducta.

Podrían ser todos espíritus burlones empeñados en hacernos creer una estúpida historia para a último momento desarmarla y reirse de nuestro espanto. Apuñalarnos con imaginarios objetos sólidos que desgarren nuestro imaginario cuerpo sangrante para producirnos un sufrimiento completamente real....

O bien que nada más se trate de un juego...
...que hemos aceptado jugar voluntariamente y olvidar las reglas...
...que se seguirían aplicando en segundo plano...
...hasta que alguien por ejemplo, las pudiera deducir y demostrar de nuevo...

Siempre y cuando esas leyes fueran siempre iguales y para cada cual las mismas.
Porque si no...

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