domingo, abril 18, 2010

809. Pensamientos tempranos

Se levantó con cuidado de no despertar a Magda y se puso a recorrer lentamente aquella que se suponía su casa, aunque de uno de los tantos mundos, cosa que ya no importaba. Lentamente, apoyando las plantas de sus pies descalzos sobre el engañoso suelo... paralelo, mirando el gastado color de las paredes, paralelas y ortogonales, recordadas y reflejadas hasta el infinito en el imaginario tubo de la memoria. Manchadas de una manera unas, y de otra, otras. Pero similares. Bah, a veces casi idénticas, aunque algunas... Podría reconocer algunas por accidentes que las marcaron de manera reconocible, a veces, que no se repitieron en los otros mundos porque... bueno, porque al parecer nada se repite, ni es posible reconstruirlo de una manera perfecta... con la memoria... Ni siquiera con la imaginación! Ja ja. Condenados a vivir y devenir siempre hacia adelante, aunque veamos pasar los árboles al revés, y los almanaques mentirosos vuelvan a mostrar aquellas cifras antiguas que creemos haber vivido. Condenados a fabricar futuros pasados imposibles de superponer punto por punto con los otros...

Llegó a la piecita de la entrada y se enfrentó, como estaba, a los vidrios que miraban a los álamos y más allá de la calle, remozada por la luz temprana, el sempiterno montecito de pinos todavía oscuros... Vio pasar inadvertidamente a las hermosas hermanas Bronté, siempre un poco apuradas y tironeándose una a la otra, tal vez para recordarle que tal vez se olvidara de recordar que tal vez, con grises ropas teñidas apenas de verde oliva, y blanco en las blusas, que miraron o miraban justo en la dirección en que él se encontraba parado, aunque detrás de unos vidrios bastante sucios, desnudo completamente como a ellas seguro les gustaría seguir mirando, con las cabezas torcidas como para temer algún gracioso tropezón. ¿Para dónde irían? que nunca se lo había preguntado, ni en los otros muchos mundos, ni en este, con sus poderosos motivos tironeándoles las narices... Tal vez la iglesia? No. No todos los días ni siquiera nunca tal vez porque una de ellas de dice escritora y las escritores... sin dejar de tener en cuenta a la otra que... pero ya pasaron.
En la pequeña cocina, donde desde niño allá, sentado tomaba el café con leche temprano antes de ir a la escuela, con los talones trancados en el travesaño del taburete azul oscuro con trozos de pintura arrancados por los golpes. La sombra de su madre Margarita que pasaba transparente de paralelismo, haciendo movimientos de cocinar y nunca dejar de nombrar cosas misteriosas como el aura y las energías que afectaban nuestras vidas. Aunque en otras paralelas no estuviese en casa porque... esas historias de que debía ir a la feria de Punta del Este. Y en otras por ejemplo se hubiese decido a vivir con Shaka Zulu, pero nunca a decirle a su hijo quién era su padre, si un tamborilero belga o un marinero bengalí. Y la visita de la abuela, que una vez vino, bastante vieja y enferma por la manera de sentarse completamente encorvada y que no la viera nunca más, ni siquiera en los locos viajes que había hecho a los otros mundos donde se destina que queden permaneciendo los que en estos mundo ya han muerto???
Nunca le había quedado claro toda esa parte de la historia. Cosas que al abuelo Abelardo parecíale de lo más natural. Que se quedaran allí perviviendo sin fecha fija ni aparente mayor envejecimiento, pero no todos. Nunca había hablado de que fueran miríadas de miríadas de gentes, muertas ya en este y los otros planetas y en todas las épocas pasadas, los huéspedes de ese paraje espacio- temporal llamado el Segundo Tiempo. Apenas si había nombrado unos cuantos conocidos, entre ellos Zitarrosa, como habitantes del vecindario. Y nunca alguna referencia a alguien que se quisiera mudar de barrio o que hubiese llegado como nuevo vecino... Ja ja. ¡Viejo cuentamusas! El verdadero protagonista de esta su historia que hubiese sido muy distinta sin su intervención... ¿?

¿Eso te parece Manuel? Podrías entonces retroceder buscando una de las posibles vidas tuyas en la que tu abuelo no apareciera como personaje. Solamente así podrías estar seguro de que su influencia haya sido tan fundamental.

-Una sola no bastaría... sólo marcaría la posibilidad...

Por otra parte, aunque no apareciera después de muerto a sugerirte o empujarte a exóticas aventuras, ya bastante influencia perturbadora había ejercido desde antes sobre vos...

-Sí me prestaba las revistas del Eternauta...

Y te hablaba de cosas que te dejaban pensando. ¿O no te hablaba entonces?

-Sí, es cierto. Me encantaba cuando se ponía a conversar conmigo sobre lo que el tiempo no es, y a hacerme imaginar cómo vería al mundo sentado en un fotón de luz.

¡Viste! ¡Ese viejo te ha vuelto loco!

-Ja ja ja



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