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martes, enero 13, 2009

647. Tanjerina, teta y vino.

Al cabo de un rato acordaron no hacerle más caso a los olores y continuar con el tema de la locura y sus posibilidades de cura, o no, por ejemplo. Para Manuel estaba claro que mientras tanto él podía comprender todas y cada una de las dudas que sobre su cordura pudiera el licenciado mantener, no estaba loco, y menos cuando todavía le tenía sin comunicar otras tantas que él mismo había mantenido con respecto a su propia cordura.

-Todo eso no importa, licenciado, no importa nada! Como nunca vas pensar que se puede tratar de una alucinación cuando ves que un auto se te viene encima! Si era alucinación te enterarás después, pero primero, pegás un bruto salto.

El diálogo se había vuelto amablemente un debate intelectual. Vittorio con evidente entusiasmo en su expresión trataba de demoler los argumentos de la defensa.

-Si en tu mente todo estuviese tan claro, cómo me explicás que hayas pasado media hora olfateando olores inexistentes...?

-Ja, eso sería un problema médico. Tal vez a causa del traslado...

-(desdeñoso) Ah, sí, sí...

-... o viene del otro mundo, por qué no! ¿Por qué no pueden llegarme olores del otro lado si desde allí me han traído. Me han tirado... Pero... ¿y por qué llegarían esos olores siguiéndome...?

-Eso. No parece muy razonable.

-Pero de repente no vienen siguiéndome... Los mandan!

-Quienes...?

-Son como... avisos. Me quieren llamar la atención. ¡Me están buscando...!

-¿Quienes...?

-Mis amigos. Mandinga, mi padre... Mirá, ahí a vuelto el olor...!

-¿A qué?

-...durazno, eeeh...empanada, flores de esas... Uf, ajo!

-Tranquilo, yo voy tomando nota.

-Ahora olor a gas...  y ahora peor, como a huevos podridos...

-...

-... no sé, un olor raro... y ahora volvemos al viejo jazmín!

-...

-...nafta...limón....otro jazmín y un olor conocido, muy suave, enseguida olí como si estuviese con un plato de ñoquis enfrente y enseguida... olor a orto, después polenta, queso, rosa, ja y el olor que tenía la sotana de aquel cura del ómnibus!

-...

-tanjerina, teta y vino, no sé y...zanahoria...




jueves, noviembre 13, 2008

Lo que hay

Mientras tanto Giorgionne pensaba todas esas cosas, y muchas otras que no se detallan por no distraer, el ómnibus de Copsa había terminado su recorrido en la terminal de Ciudad Vieja. Los pasajeros, sobre desparejas veredas enfilaban tasiturnos, sin ojear los titulares sobre la la Ley de Salud Reproductiva, el posible veto del presidente, la excomunión prometida por Cotuño y las elecciones en Peñarol. Un día más. Uno más de tantos grises dias en el pequeño país de los hombrecitos grises que cotidianamente suben y bajan sin protestar demasiado por las carencias del servicio o la incomodidad de los asientos. Otro día para terminar frente a un plato de comida tibia, una pantalla que habla estupideces y una compañera cansada de soñar la vida como una pasión.
En otras partes de la ciudad, en simultáneo, los últimos comerciantes cerraban sus tiendas o ferreterías con la magra cuenta en la memoria y el sonsonete de la radio que habían escuchado sin escuchar desde algún lugar de los estantes, entreverada con las mediadas de los tornillo, el precio del quilo de papa, y esa moto del vecino que revienta los tímpanos a cualquiera. Otro día que se suma a los muchos que han pasado desde que ya no se esperan, sino que se dejan pasar como los bancos de niebla. Puré de papas sin sal ni aceite en que ha concluido aquella lucha de clases tan temida y postergada por una entera generación, que a fuerza de paños tibios, consideraciones y alianzas terminaba siendo la cosa más parecida a la nada. Una nada totalmente honesta.
Vittorio lo sabía. Lo iba sabiendo mientras volvía a caminar las viejas veredas aquellas de cuando bastante más joven festejaban la vuelta de la democracia y el entierro de la feroz dictadura instalada para evitar esto que al fin la había sucedido. Paradoja, que fuera tan difícil decir cual de los bandos había triunfado, si no era que los dos habían sido derrotados por la grisura y la fuerza de la costumbre. Dictadura mucho más duradera, prohijada por generaciones de empleados públicos aburguesados y carentes de conciencia verdadera, que al parecer de Vittorio, nunca podría terminar en la defenza corporativa de algunas ventajas económicas alrededor del derecho de no hacer nada. Aburrirse todos los días hasta los tuétanos pero con mucho cuidado de nunca llegar a ser útiles. Los odiaba y al mismo tiempo se sabía uno de ellos. O más bien les comprendía de mala gana, todos sumergidos en este mar sin olas en que se había transformado la vida, la de ellos y la suya propia, desde que les habían convencido de que la política es simplemente el arte de lo posible, y lo posible, lo que hay.
Dobló por Durazno y mientras iba sacando del bolsillo chico las llaves saludó a la muchacha del quiosco que tantos defectos tenía según su mujer y al hacerlo volvió a ver la estampa viviente de aquella cosa en que se había transformados tras diez años de matrimonio. Roselín Rosencratz de Giorgionne. Escribana.

miércoles, diciembre 13, 2006

153: Entonces ellos saben...

A la vuelta Magda le contó todos los detalles de lo que Giorgionne le había referido por teléfono.
-Y si lo que vos viste abajo era una bola, entonces ellos saben todo.
La palabra “ellos” a Manuel le sonó como algo terrorífico que caía del cielo como un color maldito que todo quería cubrir. Y sin embargo lo que le estaba diciendo era que ese avión despegaba de la base de Durazno, un lugar como cualquiera y a plena luz del día. Se mezclaban los secretos con las cosas de todos los días. El Uruguay con el más allá…
-Sí. Entonces ellos saben todo.
Ahora este nuevo ellos en realidad empezaba a ser otro. El pensamiento de Manuel se dirigía ahora hacia el gobierno uruguayo que tenía que estar enterado de que desde una base militar subían y bajaban aviones extranjeros, supuestamente secretos, que se ocuparon de hacer desaparecer las huellas de un enfrentamiento con bolas del otro mundo.
-Y por qué no lo dirán. Somos todos del frente.-rezongó Magda con amargura.
-No se han de animar.
-¿Quién los amenaza?
-Vaya a saber… Fijate que ya era raro que Mujica no me reconociera…
-Es cierto.
-…me quería hacer pasar por loco…
-Pero Giorgionne no.
-No. Vittorio no entra en esas transas.
-¿Es amigo del Pepe…?
-No sé. Puede ser.
-Porque si es, podemos mandarle decir lo que vimos y que… que nos conteste algo, a ver.
Sonó el teléfono. Era Ernesto que quería hacer una reunión urgente mañana. –Por que contestaron los Tucus?-No por lo de los aviones secretos. Recién termino de hablar con Vittorio.- Te paso con Manuel.- Hola Manuel?- Sí, qué pasa?- Que parece que vos tenías razón. Los milicos y las bolas parecen estar relacionados.-Claro.- ¿Ves que es como yo te digo…?- Bueno Ernesto, lo que yo necesito ahora es el numero de Giogionne, queremos que tantee al Pepe Mujica haber que sabe de eso.-No creo que largue prenda.- Quién sabe…
Giorgionne no estaba vinculado al Pepe sino a su secretario, Peponne, el gordo Peponne, medio pariente de su esposa, la escribana Martínez Peponne de Giorgionne. Que aparte de las rimas tenían un buen diálogo entre ellos y… Sí. Le podía decir que había varios testigos que por ahora no iban a salir a divulgar lo visto por medio de la prensa, pero…
-Pero que le diga todo lo que vimos, por lo menos lo del avión X666.
-Está bien, pero te explicaba lo del número de testigos. Seríamos en realidad cuatro porque los Tucus no han de querer que nuestros congéneres se enteren de su existencia para terminar siendo camperas de cuero. Cuatro está bien. Si fueran muchos más ya la noticia estaría en la TV.


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