jueves, julio 26, 2012

913. Anónimo Caballero

Hay un viejo libro titulado Planilandia en el que su autor nos enseña a razonar sobre cómo veríamos la realidad si fuéramos planilandeses, es decir habitantes de un mundo que sólo tiene dos dimensiones espaciales. Largo y ancho. Los árboles allí tienen dos dimensiones, son planos. Las casas no tienen techo ni lo necesitan, porque arriba y abajo no hay nada. No hay arriba ni abajo, sólo ancho y largo.
El autor nos enseña a razónar cuando un portento ocurre en Planilandia. una esfera que viene desde el universo de muchas dimensiones (que rodea a Planilandia),  commienza a atravezar su plano. Que comenzaría apareciendo un punto que pronto se transforma en un círculo que va creciendo y que después... ¿Captan la idea, no es así?
Si ya leyeron el libro o sus comentaristas sabrán que luego de razonar un cambio de dimensiones nos hacemos más capaces de razonar otro cambio mayor.

También el tema del autor lo podemos razonar comenzando con una realidad simplificada. La nuestra de todos los días. Pongamos que tomamos un libro y comenzamos a leer. Es una historia donde un personaje llamado Manuel va pasando por distintas peripecias. A poco de continuar la lectura tenemos los primeros relámpagos de emoción. Nos resulta simpático el personaje, por momentos comenzamos a identificarnos con él. ¿Quién no tiene escondido el sentimiento de ser demasiado torpe, irresponsable, o simplemente desordenado? O pongamos cualquier otro conjunto de virtudes y defectos que cualquiera puede encontrar en casi cualquier otra persona. En los personajes, cuando se produce la magia de la identificación, encontraremos siempre un espejo en que mirarnos para intentar perdonarnos y hasta si fuera posible amarnos. Entonces el personaje cobra vida, se vuelve real. Nosotros le damos vida dentro de la nuestra y le prestamos sentimientos y emociones mucho más allá de las que pueda mencionar su autor. Sufrimos con él pero sufrimos con nosotros. El autor a marcado algunas pautas pero quienes le hemos dado vida al personaje hemos sido nosotros. Carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre.

Al pobre autor no le ha quedado otro camino que seducirnos. Esa es su arte. Convencernos de que el personaje puede tener algo que decirnos, algo importante, o divertido, o enternecedor. Invitarnos a un baile cuando ya la música suena. Si aceptamos el corazón del personaje comienza a latir. Su piel a exhalar aromas de ser vivo. Su voz sueña familiar a nuestros oídos. Hemos sido seducidos. Lo logramos.

Pero mirando todo eso desde un plano más arriba vemos que el autor es ahora un personaje más. Tanto como el personaje mismo o el que antes hacía de lector, o sea nosotros. Nosotros somos ahora un personaje. Un personaje que lee un libro y presta sus emociones al personaje de su simpatía, uno de los que otro personaje, el autor, a descrito en aspecto y conducta dentro de lo que sabe hacer mediante unas cuantas palabras y signos de puntuación...
Pero si nosotros fuéramos otro personaje, sería porque alguien es nuestro autor. Alguien que nos ha imaginado y ha podido imaginar cada uno de los segundos que componen nuestras vidas, con todos los detalles de lo que nos rodea, sean temperaturas, o sonidos o plaguicidas agrícolas... No sólo eso. Si somos personaje tendremos no sólo autor sino también lector o espectador. Alguien que ha sido seducido por nuestro autor para que nos preste atención y participe de la experiencia multisensorial de sentirse adentro nuestro, y por eso dentro de nuestra historia.
Será un autor que escribe no con palabras sino con atmósferas veraniegas y encrucijadas vitales para que nuestra humanidad, inventada por él con carne y con sangre, llene de deleite estético, o de cualquier otro tipo, a ese anónimo caballero que nos está haciendo sentir que estamos vivos.

Nuestra vida entera, sería su lectura y diversión. Nuestra muerte  la página final de otra historia


                                                                                                                                                 votar
Publicar un comentario en la entrada