miércoles, julio 11, 2012

909. Dejame dormir

Ahora Magda negaba terminantemente haber estado en la casa de Ernesto Federico. Enfurruñada y abrazando su almohada como si fuese ella misma niña pequeña, en un ataque de celos.

-Dejame dormir.

Pero es que Manuel necesitaba saber si lo que recordaba de la noche anterior había sido seguido por cosas que no recordaba, como la liberación exitosa de Dengue 2, y por supuesto, el previo correcto funcionamiento del Sintonizador de Dimensiones, sin el cual nada hubiese sido posible...

-Pero flaca, tenés que contestarme algunas preguntas!

Y eso la sacó a la flaca. La sacó de sus cabales, por primera vez en lo que va de este relato. Nunca antes Magdalena Epicurea González, que así se llamaba y se ha de seguir llamando, la muchacha, había protagonizado ataque de histeria tal. Se levantó desnuda sobre sus rodillas, perturbadoramente bella y lanzando llamas de pasión descontrolada para increpar por la ausencia de su amado en el lecho y en el hogar, por tanto tiempo, sin siquiera haber llevado el teléfono, como siempre, para comunicarse, por lo menos.

-Flaquita no te enojés...

Lo que contestó Magdalena no se pudo comprender, pero fue muy breve, algo así como un eructo medio largo terminado en a acentuada. Su cabeza  se perdió debajo de la almohada y Manuel quedó inmóvil al borde de la cama, con una rodilla sobre el colchón y la boca apretada para no volver a hablar.

Se tiró de nuevo sobre el colchón mirando el techo. Hizo varias respiraciones profundas y ya casi se dormía cuando sintió llegar una caricia a lo largo de su brazo.

-Perdoname, flaquito.


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