jueves, julio 05, 2012

908. 3 x 6 = 7

De pronto ya estaban fijando la primera cuerda con la segunda y enseguida la tercera. Ante un coro de ojos circulares tensaron el primer triángulo y lo elevaron como si sostuviera una vela, tan perfecto se veía,. Pero lo dejaron a un lado y armaron en un santiamén el segundo. El tercero... y así hasta el sexto.

Momento de gloria fue juntarlos. Porque eran concientes de que a partir de la unión de los triángulos se comenzaba a transitar por los senderos de la magia. No eran tontos para pensar que tamaño portento pudiera ser un producto inocente de las leyes de la física. Que las cuerdas comenzaran a adquirir tensión como lo estaban haciendo a ojos vista de un montón personas y que ahora las dos uniones de tres triángulos parecieran buscarse para unirse en los puntos adecuados... Je je. ¡Pero era lo que estaba ocurriendo!

Se produjo el acople y un rumor se fue levantando desde los testigos y luego, enseguida contestado por las propias cuerdas que ahora ya zumbaban como moscardones desafinados. Experiencia sin dudas desgarrante para cualquiera que estuviese escuchando simultáneamente nueve cuerdas que no logran aun ponerse en armonía. Parecía que se te estaban retorciendo las tripas, que se te corría un oído para arriba mientras el otro se te ponía visco. Y las muelas. ¡Ay las muelas!

Hasta que los desgarrantes chirridos se convirtieron en suave y casi inaudible melodía.

Falta la décima cuerda. La más tramposa.

Porque salía de la unión triple de más a la derecha y debía llegar hasta su equivalente de las izquierda, pero no antes de cruzarse con cada una de las otras nueve, sin rosarlas. Otra locura,
Pero fue como si la cuerda supiera por donde debía pasar para colocarse perfectamente tensa y recta pero al mismo tiempo enlazando cada una de las otras!

Según como se mirara. Porque mirando la cuerda, la cuerda estaba tensa y recta. Pero mirando a las otras se veían cada uno de los nueve entrecruzamientos con la ella.

Por el momento Manuel se lo estaba tomando con filosofía, es decir tratando de zafar de los razonamientos complicados,. ¡Total! No dudaba de que fuera todo real, aunque bajo otras leyes naturales. En eso estaba, de veras satisfecho por el éxito alcanzado, cuando comenzó a ser conciente de que la tibieza que sentía en la mitad izquierda de su cara no se debía a que llegaran de ese lado radiaciones provenientes de algún fuego. Se debía a su propio calor  acumulado sobre la almohada. Porque.. se estaba despertando en su casa. En su dormitorio lleno de silencio y penumbra, junto a la flaca.

Tal vez durmiendo se había olvidado del resto de los hechos. Porque no recordaba más nada después del momento en que la décima cuerda llego a afinarse por sí misma. Sólo que había comenzado a sentir esa tibieza del lado de la almohada.

¿Y con Dengue qué habría pasado?
 (con los dos)


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