miércoles, julio 25, 2012

912. El Mundo de Nunca Jamás

 Títeres de madera o de materiales entrelazados cuánticos, tanto da. Que no llamamos a las cosas más que de la manera que aprendimos a llamarles y a comprenderles en la infancia. Más o menos, aunque le agreguemos palabras bonitas o rimbombantes o fórmulas matemáticas
No sólo es cierto que  toda tecnología extremadamente  avanzada nos resultaría indistinguible de la magia. También que toda cultura es una interpretación mágica de la existencia. La nuestra nos programa para ver y sentir lo que debemos sentir, más allá de pequeños porcentajes de oscilación azarosa.

Ahora muchos entenderán que Manuel con Magdalena se mueren inertes sobre aquella cama. En las penumbras de la madrugada. Cuando falta aun para que aparezca el sol.
 O entenderán que se han ido en un vuelo no programado para las otras dimensiones, como Peter Pan a su mundo de Nunca Jamás.
O Tal vez que su autor o sus autores, por fin se han cansado de darle vueltas a las tres ideas que tuvieron desde un principio.
O que...

Pero nada de eso es cierto.

Al menos eso nos parece.

Más bien que la muerte, incompresible señora, no deja huellas sobre un un camino de niebla,  Ni ahorca gallinas literarias, para derramar después las sangres en conjuros malditos, inoportunos.

Por otra parte, de haberse ido ellos a otro conjunto de dimensiones, ya habríamos recibido noticias.

 (No damos fe de que realmente exista  el mundo de Nunca Jamás)

Por último el espinoso tema del o los autores...

Comencemos por el principio:

...






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