Todos para afuera.
Espontáneamente se dividieron en grupos dividiendo las tareas que indicaban Manuel y Dengue. Medir y cortar los alambres., agregarles los terminales de unión y fijarlos de aquellos tensores que ya Ernesto había fijado del viejo riel que hacía las veces de topadero en la playa de estacionamiento. Otros iniciaban el corte sistemático de las botellas de plástico siguiendo la espiral natural que se produce cuando se intenta sacar una tira continua de un centímetro de ancho.
Por ahora no se iba a fabricar el engrudo ni se cortarían las revistas y diarios viejos. Solo fabricarían el corazón de una bola. El exótico corazón dotado de sus diez cuerdas capaces de vibrar en quien sabe cuantas dimensiones. Amalaya...
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