jueves, agosto 27, 2009

729. La gente de allá

En la casa estaba Magda ya casi terminando los preparativos para ir al hospital. Había pedido otro día en el trabajo, se suponía que el último, ya que el Dr. Bermúdez le había asegurado que Manuel no presentaba daños corporales detectables y que iba a recuperar el conocimiento de un momento a otro, volver a su casa, e iniciar una serie de estudios que ya estaban programados. Por eso se sorprendió alegremente. Y tras asegurarse de que no estaba dolorido, de que era capaz de mover como siempre cada parte de su cuerpo, respirar y comer, les invitó a un almuerzo que prepararía mientras tomaban mate e intercambiaban impresiones sobre los últimos acontecimientos, es decir, la increíble repetición de la perdida de consciencia, seguida de una recuperación instantánea que volvía al sujeto, en este caso Manuel, exactamente a su estado anterior de perfecta coordinación y funcionamiento... A no ser que... Por ejemplo la vez anterior...había despertado con recuerdos que no correspondían a experiencias vividas en este mundo... Entonces quizá ahora también... o alguna otra cosa, que como las ondas de radio hayan sido sintonizadas por ese aparato misterioso que es el cerebro de cada humano, al caer y sacudirse de forma violenta.

-Yo digo, no sé...
-Flaca, mi cerebro no es como esos televisores viejos que cuando andan mal le das unos golpes y se arreglan o se rompen del todo, ja.

A Magda aquello le dio mucha risa y, entre ellas se justificó alegando que la otra vez casi le había vuelto loca alegando no ser la persona que siempre había sido.

-Y sabés que estaba equivocado? Después me dí cuenta.
-¿Como...? No me digas ahora que no viniste de esa otra Tierra que contabas...
-Sí vine. Me tiraron de vuelta por aquí. Pero yo estuve viviendo en otro lado creyendo que era éste...

La mirada de Dengue mientras tanto hacía el mismo vaivén que si estuviese mirando un partido de tenis, o escenas de película con rápidos desenlaces. en cambio se había olvidado por completo de su angustiosos recuerdos. Por lo menos de la angustia, como si fuera natural que a cualquier persona le pasaran cosas de ese jaez. Raptos interplanetarios, abducciones, incomprensibles superhéroes con alas atadas con alambre, dioses chiflados y naves de cartón piedra.

-...no sé cómo no me dí cuenta antes. La gente de allá es mucho más... no sé como decirlo... es igual que la de acá, hasta son las mismas personas pero... Allá unos cuantos, unos pocos, iniciamos una revolución. Dijimos unas cuantas cosas que nos parecían verdaderas y... ¡Magda, convencimos atodo el mundo! No, no fue que les enseñáramos algo que no supieran. Simplemente... no sé, les entusiasmamos y todos marcharon para el mismo lado, Se dejaron de pelear entre ellos, se unieron y después no hubo amenaza que les hiciera volver atrás, ¡En pocos meses toda América del Sur era anarquista !
-Así que allá te dedicaste a la política... Pensar que aquí ni querías ir al comité de base...
-Es que todo era distinto...
-No dijiste que era igual, o casi igual?
-En lo aparente. Pero allá la gente no soportaba que lo pasasen por encima. Allá... Ah, si yo les contara !

Dengue se despaviló en el temor de que la historia se fuera a interrumpir. Le llenó un buen mate con espuma y casi implorando le alentó.

-...total ya no me voy a asustar. Seguí contando, dale!
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