miércoles, agosto 19, 2009

726. Cerebro sí, Electro no

Dos noches había estado Magda haciéndole compañía y a la tercera, recién enterado del accidente, había querido quedarse él, para que ella descansara, le explicaba, esforzándose en hablar bajo, para no sacudir mucho aquellos tímpanos tan vapuleados que recién, seguramente, se estarían recuperando. Y el esqueleto todo, aunque le dijera que ya casi no le dolía, porque... Bien sabía él por experiencia que sí, que los huesos duelen hasta muchos días después de haber sido golpeados.
Lo que hacía era seguir viviendo en casa de Federico de Oliveira, y trabajando allí. De todo un poco, como siempre. Arreglando el jardín un día, y al otro pintando una puerta o cambiando la cerradura de una ventana.

-Por suerte este chavón no cría chanchos... Ni es hijoeputa como mis tíos, ja.

Parecía otra persona. Hasta hablaba con relativa educación bajo el brillo de su cabello renegrido y completamente limpio. Se había cortado las uñas que antes guardaban medias lunas de tierra y grasa. Su pulso parecía sereno y la expresión del rostro haber olvidado el rictus del dolor y autodesprecio.

Manuel casi nada decía. Le estaba contemplando asombrado aunque un poquito incrédulo. Recordaba que en la otra Tierra también habían hecho buenas migas, personas tan distintas, aproximadas por una mutua sensibilidad y al parecer comprensión. Federico, un refinado que no quiere cortar sus raices en la tierra árida. Y Dengue, un desgraciado incapaz de dejarse dominar por el odio. Ambos...

La enfermera entró a la habitación y con cierta tosquedad reconvino a Dengue por no haber avisado que el paciente había recuperado el conocimiento. Cosa previsible, por la evolución de sus signos vitales, pero... es que el Dr. Bermúdez había sido bien claro al respecto. Quería ser el primero en estudiarlo.

El primero en estudiarlo...

Dengue sonrió dejando que sus ojos acompañaran la rápida salida de la mujer.

-Te tocó también el Bermúdez ese!
-Parece que sí. .. Pero no voy a estar mucho tiempo más. Ya me siento bien.

La mirada de Dengue fue por demás elocuente.

-Si me ayudás, creo que podría caminar hasta la parada del ómnibus y...

Entró el Dr. Bermúdez calzándose los lentes con el revez de la mano que revoleaba varias hojas dentro de una carpeta. Detrás venía un enfermero empujando una silla de ruedas, sobre cuyas manivelas se apoyaba, al mismo tiempo, como si viniese demasiado cansado, o con sueño, si no era que llevaba varios días sin alimentarse.

-Lo vamos a trasladar,- miró la carátula de la carpeta sin disimulo-, Manuel Aquelarre. Tenemos que hacerle... es la segunda vez que sufre de períodos de inconsciencia prolongados. Nada complicado. Un electro y otros pequeños estudios... - Se dió vuelta para que pasara la silla de ruedas hasta el costado de la cama.- El enfermero le va a ayudar a levantarse.

Manuel mantuvo contacto visual con Dengue.

-¿Y qué tiempo pueden llevar esos estudios...? Porque en realidad ya me pensaba volver a casa.

Bermúdez hizo un respingo.

-No. No puede retirarse hasta que no tenga el alta. Sería muy peligroso.
-¿Yo, peligroso...?
-No. Peligroso para usted,... salir a la calle sin que sepamos...
-Y si por ejemplo encuentran que no tengo cerebro, ¿me darían el alta?

Bermúdes sonrió lo más bonachonamente que pudo.

-Podría existir alguna pequeña lesión... En ese caso tendríamos que medicarle.
-¿Doparme?
-Ha sentido hablar de la epilepsia?
-Sí. Pero yo me caí de una escalera.
-¿Y la otra vez...? Aquí dice que estuvo mucho más tiempo inconsciente. Podría ser que se haya caído ya estando inconsciente...
-No. Perdí el conocimiento bastante después de caer y... no tengo ningún daño cerebral, como Dengue, aquí lo ve como anda vivito y coleando, sin tener ninguna lesión, como usted decía.

Bermúdez se puso muy serio.

-Sin los estudios no le puedo dar el alta!
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