domingo, agosto 30, 2009

730. Viendo una película

-¿Contarles...? ¿Contarles qué...? -en realidad lo que no sabía era cómo- Claro, que les cuente... Pero yo no se contar. No se... -mientras pensaba por ejemplo por dónde comenzar una historia de ese tipo- Podría... -¿en primera persona quedaría petulante, por ejemplo si dijera que estaba un día cagando en el baño de esta casa y...? -Pero tendría primero que explicarles que tuve una abuelo, Abelardo, que se murió hace años...y... -totalmente estúpido para quien espera una historia apasionante, mejor... -Aunque tal vez sea mejor comenzar a secas contando lo que me pasó...
-Eso.
-Eso.
-Bueno, miren, lo que pasó fue que un día estaba cagando en el baño de esta casa y... -al único que le causó risa fue a él mismo- ...leyendo una revista de esas que están en ese rincón que cuando la puerta se abre no se ve, le faltaba la primera página y no me estaba dando cuenta de que el personaje narigón que dejaba correr el hilo de humo desde su cigarrillo torcido era nada menos que el viejo Ernie Pike, uno de mis personajes preferidos, después por supuesto del Sargento Kirk. Lo conocía de cuando era chico y leía en la casa de mi abuelo las revistas que guardaba en un baúl.

-Sí.
-Era otra historia de guerra de las que contaba este reportero ahora dentro de un bar de putas en algún sitio del oriente que podría ser Filipinas. Ernie estaba esperando algo y su mirada paseaba por el escenario que allí enfrente se veía, pero más por una puerta de vaivén que estaba más al fondo, se imaginan ? sin prestar demasiada atención a los muchos soldados que en las distintas mesas y el humo de todos los cigarros, abrazaban a preciosas mujeres orientales, salvo dos o tres, que cuando se abrió la puerta de vaivén que les dije, miraron al fondo, igual que Ernie Pike, como si hubieran estado esperando, que por allí apareciera ese tipo que apareció y se viniera derecho hacia una mesa vacía, para desde allí hacerle señas al mozo. Apenas pude dar vuelta la página y encontrarme conque el personaje desparramaba la mesa hacia un lado, derrapando también la silla y mostrando estar siendo acribillado por muchas balas que penetraban su pecho y también abdomen... Ernie Pike pareció sorprenderse, separando los labios un tiempo suficiente como para que el pucho le quedara flotando entre medio, con lo que entendí que no era exactamente eso lo que había estado esperando. Pero en ese momento algo de afuera me obligó a retirar los ojos de la historieta. En el piso del baño, si quieren vamos y les muestro, acababa de desaparecer parte de una baldosa y la rejillita esa cuadrada que desagua. Se había formado un hueco de forma perfectamente esférica en cuyos costados se veía la continuación de la cañería y los escombros del contrapiso, cortados como con una máquina de precisión... Casi vuelvo la vista al misterio de la balacera antes vista, pero algo saltó dentro de mi cabeza avisándome de que aquello estaba ocurriendo de verdad en el piso del baño de mi casa y que, en ese mismo instante se estaba abriendo otro hueco mayor junto al primero. ¡Y otro, y otro más!
-¡Es maravilloso, Manuel!- exclamó Magdalena.
-¿Maravilloso...? Yo me cagué todo!
-No. Maravillosa es la manera en que lo contás. ¡Es como estar viendo una película!
-Así se hacen las historietas...
-¿Con unos pocos dibujitos...?
-...bien hechos.
-Pero que siga, -protestó Dengue.

Manuel chupó el resto del mate que le habían pasado y lo devolvió acomodando la yerba con el pulgar sobre la orilla.

-Salté del water como pude tratando de evitar los huecos. Salí incluso del baño, y ya casi escapaba de aquella locura, cuando se abrió un hueco más grande debajo de mis pies y caí en su interior... que era grande... de mi altura... Apenas pude seguir mirando unos instantes desde el nivel del piso, porque enseguida la esfera se completó por encima de mi cabeza, y no hubo otra cosa para mí que ese interior afelpado y tibio que me contenía...





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jueves, agosto 27, 2009

729. La gente de allá

En la casa estaba Magda ya casi terminando los preparativos para ir al hospital. Había pedido otro día en el trabajo, se suponía que el último, ya que el Dr. Bermúdez le había asegurado que Manuel no presentaba daños corporales detectables y que iba a recuperar el conocimiento de un momento a otro, volver a su casa, e iniciar una serie de estudios que ya estaban programados. Por eso se sorprendió alegremente. Y tras asegurarse de que no estaba dolorido, de que era capaz de mover como siempre cada parte de su cuerpo, respirar y comer, les invitó a un almuerzo que prepararía mientras tomaban mate e intercambiaban impresiones sobre los últimos acontecimientos, es decir, la increíble repetición de la perdida de consciencia, seguida de una recuperación instantánea que volvía al sujeto, en este caso Manuel, exactamente a su estado anterior de perfecta coordinación y funcionamiento... A no ser que... Por ejemplo la vez anterior...había despertado con recuerdos que no correspondían a experiencias vividas en este mundo... Entonces quizá ahora también... o alguna otra cosa, que como las ondas de radio hayan sido sintonizadas por ese aparato misterioso que es el cerebro de cada humano, al caer y sacudirse de forma violenta.

-Yo digo, no sé...
-Flaca, mi cerebro no es como esos televisores viejos que cuando andan mal le das unos golpes y se arreglan o se rompen del todo, ja.

A Magda aquello le dio mucha risa y, entre ellas se justificó alegando que la otra vez casi le había vuelto loca alegando no ser la persona que siempre había sido.

-Y sabés que estaba equivocado? Después me dí cuenta.
-¿Como...? No me digas ahora que no viniste de esa otra Tierra que contabas...
-Sí vine. Me tiraron de vuelta por aquí. Pero yo estuve viviendo en otro lado creyendo que era éste...

La mirada de Dengue mientras tanto hacía el mismo vaivén que si estuviese mirando un partido de tenis, o escenas de película con rápidos desenlaces. en cambio se había olvidado por completo de su angustiosos recuerdos. Por lo menos de la angustia, como si fuera natural que a cualquier persona le pasaran cosas de ese jaez. Raptos interplanetarios, abducciones, incomprensibles superhéroes con alas atadas con alambre, dioses chiflados y naves de cartón piedra.

-...no sé cómo no me dí cuenta antes. La gente de allá es mucho más... no sé como decirlo... es igual que la de acá, hasta son las mismas personas pero... Allá unos cuantos, unos pocos, iniciamos una revolución. Dijimos unas cuantas cosas que nos parecían verdaderas y... ¡Magda, convencimos atodo el mundo! No, no fue que les enseñáramos algo que no supieran. Simplemente... no sé, les entusiasmamos y todos marcharon para el mismo lado, Se dejaron de pelear entre ellos, se unieron y después no hubo amenaza que les hiciera volver atrás, ¡En pocos meses toda América del Sur era anarquista !
-Así que allá te dedicaste a la política... Pensar que aquí ni querías ir al comité de base...
-Es que todo era distinto...
-No dijiste que era igual, o casi igual?
-En lo aparente. Pero allá la gente no soportaba que lo pasasen por encima. Allá... Ah, si yo les contara !

Dengue se despaviló en el temor de que la historia se fuera a interrumpir. Le llenó un buen mate con espuma y casi implorando le alentó.

-...total ya no me voy a asustar. Seguí contando, dale!

martes, agosto 25, 2009

728. ¿Anduviste en las macumbas?

Dengue se había puesto a mirar por la ventanilla los troncos de los árboles que de su lado pasaban repiqueteando su ritmo silencioso, seguramente iba recordando algo, o dando vueltas alguna idea relacionada, una indecisa idea, algún temor en particular... Porque se le veía como entonces hundido en sí mismo, sin deseo de seguir hablando o, al menos, momentáneamente incapaz de hacerlo.

...me habló de vos...
-Ah. ¿Y qué te dijo?
-Que vos también eras...
-¿...del otro mundo...?
-Sí.

La mirada de Dengue planeó rápidamente por la cara de Manuel y luego se refugió bajo las cejas.

Manuel se quedó considerando la forma en que debería explicar lo que era necesario explicar. Porque...

-Estuve por allá por accidente... Me llevaron...
-Anduviste en las macumbas? A mi siempre me dieron miedo.
-No. Apareció un huevo hueco, me caí adentro y... me llevó.
-¿Un huevo?
-Una nave. Teledirigida. Me raptaron...
-¿Y a donde te llevó?
-A ese lugar donde vivía ese otro Dengue. Igual a vos. Todo era igual que aquí... Bah, casi igual. Algunas cosas eran distintas.
-¿Ahí estábamos todos repetidos... vos también?
-No. Yo no, y nunca me expliqué por cual razón. Yo no estaba repetido. Mirá... todo eso es muy difícil de explicar, pero era un lugar muy lindo donde la gente se ponía de acuerdo con más facilidad que aquí. Lo malo fue que enseguida empezamos a ser atacados por unos seres... Sí, no te rías. Así ocurrió como en las películas de alienígenas...
-Enanitos verdes?
-No ángeles del cielo. Algunos hasta tenían alas, aunque...
-Andá, Manuel, yo ya te estaba creyendo! Ja ja. Qué hijo de puta que sos!
-Te estoy diciendo la verdad. No estoy jodiendo. Los tipos usaban alas para darse importancia porque eran unos estúpidos que obedecían cualquier orden que les dieran...
-¿Quién los mandaba?
-Uno que se hacía llamar Dios y que tenía una corte llena de alcahuetes por algún lado de esos espacios llenos de estrellas.
-Y cómo te volviste. ¿Disparando de la guerra?
-No. Yo me dí cuenta de que esa no era mi Tierra recién hace poco. Yo creía que estaba aquí. Nunca quise volver. Me tiraron para acá...
-Los ángeles esos?
-No. Otro que les ganó la guerra. Otro que también se cree Dios.

En ese punto de la conversación tuvieron que pararse porque ya estaban en Lagomar. Bajaron juntos de acuerdo en ir a tomar unos mates a la casa de Manueld, Y tal vez a comer, si en la casa quedaba algo.






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sábado, agosto 22, 2009

727. Si todo fuera imaginación

Fue como que le dijera que estaba prisionero. Volvió la mirada de Manuel a pactar complicidad con los movedizos ojos de Dengue. Tal vez hasta con su pensamiento, porque cuando Manuel empezaba a levantarse en procura de su vaquero doblado allá en el estante lateral, junto a los champeones rojos, ya Dengue se los alcanzaba, interponiendo su flaca figura entre las ruedas de la silla y el lugar donde bajaban al suelo los pies de Manuel y sus piernas enfundadas en una especie de pijama descolorido.

Bermúdez todavía agregó:

Mejor lo lleva el enfermero. Es posible que se marée.

Cuando se terminó de vestir, sin dar muestras de haber escuchado, Manuel efectivamente se sentó sobre el vehículo, pero vastó un sólo gesto para que fuese Dengue y no el abúlico funcionario, quien tomara las riendas del asunto y saliera rumbo a los pasillos con divertida aceleración, sin hacer caso a las protestas del facultativo, ni detenerse por los tres escalones de la puerta principal que bajaron a la misma marcha, ni parar por fin la carrera hasta la parada del ómnibus de la esquina. Entonces sí, Manuel se apeó dejando a un costado la silla para que la recuperaran los tres enfermeros que ya salían corriendo tras ellos.

-Me faltan cinco pesos para el pasaje.
-Yo tengo.

Poco después compartían una sonrisa en asientos contiguos, satisfechos los dos de andar juntos, aunque no pudieran compartir todos los recuerdos, como era natural. Algún día, tal vez fuera interesante contarle a Dengue aquella parte que ignoraba sobre sí mismo. Una de tantas. Para que supiese que no era esta la única vez que remontaba el cuesta arriba de la desgracia y se lanzaba, como posiblemente estuviera ahora a punto de hacer, a manifestar su natural inteligencia y talento.

-¿Conservás algún recuerdo de cuando tenías al otro adentro?

Dengue se sobresaltó. Se acomodó sobre el asiento con la mirada al frente y después, cuando se volvió hacia Manuel los ojos le brillaban semi ocultos debajo de las órbitas.

-Ni me hables de eso...
-Pero es algo que te ocurrió... A mí también me han ocurrido cosas raras.
-¿A vos...? ¿Qué te va a pasar...?
-Cosas... He sentido mucho miedo. .. a veces creía que me estaba volviendo loco...
-¿Miedo, vos...?
-Sí.
-¡Miedo a qué...?
-Cuando ves que nada es como vos creías...
-Ah, sí... todavía no entiendo cómo pude tener a otro aquí. Uno, acaso no es uno?
-¿Viste? Esas cosas... Es que somos muy ignorantes. Creíamos que todo era sencillo.
-Bueno, sencillo... Sencillo, no sé... Pero que alguien te quiera quitar el cuerpo...
-Es que el otro andaba sin cuerpo. Y... era otro Vos, otro Dengue....
-¡No me jodas, Manuel! Sería un diablo.
-Llamale como quieras. Un diablo, un ser que dice llamarse igual que vos, que está acostumbrado a vivir en un cuerpo como el tuyo, que no te quiso hacer daño...
-¿Y para dónde se fue?
-Andá a saber... Para su mundo... Capaz que encontró su verdadero cuerpo.
-Pero, cómo puede uno perder el cuerpo?
-Bueno, vos llegaste a perder una parte... No?
-¿Y si fue todo imaginación...?
-...como dice el doctor Bermúdez...
-Ja, bueno, pero y si fuera...?
-Vos creés que todo lo que te pasó era imaginación...?
-...no...






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miércoles, agosto 19, 2009

726. Cerebro sí, Electro no

Dos noches había estado Magda haciéndole compañía y a la tercera, recién enterado del accidente, había querido quedarse él, para que ella descansara, le explicaba, esforzándose en hablar bajo, para no sacudir mucho aquellos tímpanos tan vapuleados que recién, seguramente, se estarían recuperando. Y el esqueleto todo, aunque le dijera que ya casi no le dolía, porque... Bien sabía él por experiencia que sí, que los huesos duelen hasta muchos días después de haber sido golpeados.
Lo que hacía era seguir viviendo en casa de Federico de Oliveira, y trabajando allí. De todo un poco, como siempre. Arreglando el jardín un día, y al otro pintando una puerta o cambiando la cerradura de una ventana.

-Por suerte este chavón no cría chanchos... Ni es hijoeputa como mis tíos, ja.

Parecía otra persona. Hasta hablaba con relativa educación bajo el brillo de su cabello renegrido y completamente limpio. Se había cortado las uñas que antes guardaban medias lunas de tierra y grasa. Su pulso parecía sereno y la expresión del rostro haber olvidado el rictus del dolor y autodesprecio.

Manuel casi nada decía. Le estaba contemplando asombrado aunque un poquito incrédulo. Recordaba que en la otra Tierra también habían hecho buenas migas, personas tan distintas, aproximadas por una mutua sensibilidad y al parecer comprensión. Federico, un refinado que no quiere cortar sus raices en la tierra árida. Y Dengue, un desgraciado incapaz de dejarse dominar por el odio. Ambos...

La enfermera entró a la habitación y con cierta tosquedad reconvino a Dengue por no haber avisado que el paciente había recuperado el conocimiento. Cosa previsible, por la evolución de sus signos vitales, pero... es que el Dr. Bermúdez había sido bien claro al respecto. Quería ser el primero en estudiarlo.

El primero en estudiarlo...

Dengue sonrió dejando que sus ojos acompañaran la rápida salida de la mujer.

-Te tocó también el Bermúdez ese!
-Parece que sí. .. Pero no voy a estar mucho tiempo más. Ya me siento bien.

La mirada de Dengue fue por demás elocuente.

-Si me ayudás, creo que podría caminar hasta la parada del ómnibus y...

Entró el Dr. Bermúdez calzándose los lentes con el revez de la mano que revoleaba varias hojas dentro de una carpeta. Detrás venía un enfermero empujando una silla de ruedas, sobre cuyas manivelas se apoyaba, al mismo tiempo, como si viniese demasiado cansado, o con sueño, si no era que llevaba varios días sin alimentarse.

-Lo vamos a trasladar,- miró la carátula de la carpeta sin disimulo-, Manuel Aquelarre. Tenemos que hacerle... es la segunda vez que sufre de períodos de inconsciencia prolongados. Nada complicado. Un electro y otros pequeños estudios... - Se dió vuelta para que pasara la silla de ruedas hasta el costado de la cama.- El enfermero le va a ayudar a levantarse.

Manuel mantuvo contacto visual con Dengue.

-¿Y qué tiempo pueden llevar esos estudios...? Porque en realidad ya me pensaba volver a casa.

Bermúdez hizo un respingo.

-No. No puede retirarse hasta que no tenga el alta. Sería muy peligroso.
-¿Yo, peligroso...?
-No. Peligroso para usted,... salir a la calle sin que sepamos...
-Y si por ejemplo encuentran que no tengo cerebro, ¿me darían el alta?

Bermúdes sonrió lo más bonachonamente que pudo.

-Podría existir alguna pequeña lesión... En ese caso tendríamos que medicarle.
-¿Doparme?
-Ha sentido hablar de la epilepsia?
-Sí. Pero yo me caí de una escalera.
-¿Y la otra vez...? Aquí dice que estuvo mucho más tiempo inconsciente. Podría ser que se haya caído ya estando inconsciente...
-No. Perdí el conocimiento bastante después de caer y... no tengo ningún daño cerebral, como Dengue, aquí lo ve como anda vivito y coleando, sin tener ninguna lesión, como usted decía.

Bermúdez se puso muy serio.

-Sin los estudios no le puedo dar el alta!