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sábado, septiembre 29, 2007

398 Comunicado 398

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Queridos lectores:

Lamentablemente debemos interrumpir la secuencia temporal de nuestra historia, para aclarar un pequeño inconveniente que hemos tenido con el señor Eustaquio Villalba, a quien no le quitamos mérito ni dejamos de agradecer los servicios prestados, pero lo separamos del equipo de redacción y publicación de Las Bolas de Manuel y le hemos cedido, en cambio, el espacio “Las Bolas” cuya dirección es la que sigue http://las-bolas.blogspot.com/

De esta manera creemos que el inconveniente queda salvado y nosotros podremos continuar brindándoles la habitual crónica sin apartarnos un ápice de la verdad ni perdernos en inútiles disgreciones.

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Solo una aclaración: Esta historia no tiene autor, si por autor se entiende aquél que saca de su imaginación creadora una serie de personajes dotados de tales o cuales características y les inventa una trama en la que se tienen que mover, demostrando al actuar que son lo que el autor quiso que fueran. Esta historia es una simple traslación de los hechos ocurridos, al papel primero, a las piedras después y por último a las pantallas de los monitores, sin que ninguno de los que intervenimos en el proceso ponga o quite nada que juzguemos importante. Naturalmente ni podemos contarles lo que lo ocurre a Manuel en todos y cada uno de los segundos de cada día, ni lo que ocurre a su vez a cada uno y a todos los que directa o indirectamente se relacionan con él, en fin… los hechos que se van precipitando encadenadamente a partir de la causa primera que es la existencia de Manuel.

No podemos contarles todos los hechos que se dan simultáneamente… Ahora, por ejemplo, lo que está pasando en Caxías do Sul, digamos en ese Bar que se ve en aquella esquina donde…(sígame la cámara 1) dos señores sentados mesa por medio están conversando animadamente veamos…

-No, Juanca, vos te estás haciendo la idea de que los uruguayos y los brasileros son la misma cosa. Eso del anarquismo no va a funcionar aquí, no.

Bueno resultaron ser uruguayos, busquemos a otros…

O mejor vayamos a Buenos Aires…Hacemos las conexiones y…ya estamos caminando por la calle Florida en una noche un poco neblinosa pero con bastante gente que deambula. Para conversar con alguien entremos en este subsuelo con muchas mesas ocupadas. Señor! Qué opina usted de la instauración del sistema anarquista a nivel planetario, eh?

-…

-¿Eh?

-…

Bien, el señor está pensando una jugada y no quiere que lo interrumpan, pero se siente un vocerío que llega por la puerta cuando la abren. Veamos qué es.

Ah, una manifestación de gente festejando! Adelante vienen unas morenas que bailan al ritmo de tamboriles transpirados a pesar del fresco, seguidas de unos cuantos muchachos y muchachas abrazados en cadena que por momentos se rompe. Claro, vienen con las banderas de la RFA y cantando, oigan…Manuel, Manuel, qué grande sos! Todo el poder…lo regalás!

Pero miren aquí tenemos a un muchachito que mira a los manifestantes con claro gesto despectivo.

-¿Cómo te llamás?

-¿Y vo, de donde só?

-Perdón, no me presenté, soy de la cadena informativa de las bolas de manuel.

-¿Periodista…? Bueno mirá, a mi me dicen el Rafa y soy de Isidro Casanova.

-¿Y qué pensás de este sentimiento anarquista que ha conquistado a la gente?

-Y… Yo que sé, mirá. Estos cosos de la política… no hay que creerles nada…

-¿Estás de acuerdo con el anarquismo, entonces?

-Noooo. A mí que no me vengan a joder! Estos son otros que lo único que quieren es acomodarse ellos.

-Ni con los políticos ni con los anarcos, entonces…una cosa intermedia, digamos un sistema donde hay un gobierno que sin embargo deja a la gente que haga lo que quiera mientras lo dejen robar tranquilo.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

martes, agosto 14, 2007

365 Ese tipo no soy yo.

Guichón estaba convulsionado como una señora gorda que a sus cincuenta años saca del arcón aquellas blusas floreadas que dejó de usar desde cuando iba a los bailes del carnaval con papelitos y serpentinas. Todo se movía al chispeante ritmo de saludos por derecha e izquierda y para nadie podía ocurrir otra cosa más importante que los dos días de fiesta y el reencuentro con tantos viajeros que volvían de los más remotos rincones del universo con caras nuevas por envejecidas e irreconocibles. Ni siquiera la revolución anarquista que les había también ocupado, conservaba ahora su importancia.

Los muchachos, después de esconder la bola en el monte, caminaron al encuentro de Bosco que les esperaba en la vereda del viejo hotel tal cual habían acordado. Se había puesto sobre la cabeza un gorro al estilo cosaco por debajo de cuyo término asomaban canas desparejas que se negaban a refugiarse dentro de la solapa de la campera. Guantes no llevaba y por eso resguardaba las manos dentro de los bolsillos y se encorvaba de frente al viento que amenazaba llevarlo por aquella bajada rumbo a las vías del ferrocarril.

Estaba todo solucionado. Del otro lado de la manzana de enfrente quedaba el comercio del amigo que les iba permitir el uso de su computadora. Edgardo se llama –dijo- y era amigo de tu abuelo, también.

Manuel preguntó, por joder, si ya no lo era más y vio por la actitud del otro que ya estaba enterado de toda la historia.

-¿Leíste desde el principio?
-Sí, leí todo. Es bastante largo.
-Vamos entonces.

Edgardo les abrió la puerta luego de asegurarse de que nadie andaba por esa cuadra, para evitar preguntas, ya que Bosco le había dicho que tenían que guardar mucha reserva. Entraron chocando muebles y apretándose hasta que Edgardo prendió dos mortecinos tubos fluorescentes que dieron un toque tétrico al largo salón lleno de cosas apiladas, en cuyo fondo se veía la compu rodeada de tres sillas hábilmente dispuestas en abanico.

-Ahí la tienen. Se las he dejado prendida y con la conexión a Internet. Yo los dejo porque tengo a mi esposa con gripe.

Bosco se sentó, escribió en el buscador “las bolas de manuel” y enseguida aparecieron las mismas palabras pero en formato título y rodeadas de un recuadro. Abajo y al costado se pintó una fotografía media borrosa acompañada de las palabras “Bosco” “Maldonado” y “Uruguay”

-Miren el tipo de la foto. ¿Se dan cuenta de que ni se parece a mí?

Nadie comentó nada, así que buscó el principio de la historia y agrandó la letra para que todos pudieran leer sin apiñarse sobre la máquina. Enseguida aparecieron las risas y las preguntas sobre la veracidad de la historia. Manuel leía y no comentaba nada. Cuando terminaba un capítulo miraba nerviosamente a Bosco como para que éste procediera a cambiar la pantalla. Cuando en la historia se tenía que tirar al vacío se agarró la cabeza con ambas manos. Cuando corría por corrientes todo dibujado de historietas, se rascaba la piel de los brazos. Cuando el auto lo choca al lado del obelisco, no pudo retener un grito.

-¡No puede ser que alguien cuente esto sin haber estado ahí!
-¿Entonces, la historia es toda verdadera?
-¡Exacta!



(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)