Guichón estaba convulsionado como una señora gorda que a sus cincuenta años saca del arcón aquellas blusas floreadas que dejó de usar desde cuando iba a los bailes del carnaval con papelitos y serpentinas. Todo se movía al chispeante ritmo de saludos por derecha e izquierda y para nadie podía ocurrir otra cosa más importante que los dos días de fiesta y el reencuentro con tantos viajeros que volvían de los más remotos rincones del universo con caras nuevas por envejecidas e irreconocibles. Ni siquiera la revolución anarquista que les había también ocupado, conservaba ahora su importancia.
Los muchachos, después de esconder la bola en el monte, caminaron al encuentro de Bosco que les esperaba en la vereda del viejo hotel tal cual habían acordado. Se había puesto sobre la cabeza un gorro al estilo cosaco por debajo de cuyo término asomaban canas desparejas que se negaban a refugiarse dentro de la solapa de la campera. Guantes no llevaba y por eso resguardaba las manos dentro de los bolsillos y se encorvaba de frente al viento que amenazaba llevarlo por aquella bajada rumbo a las vías del ferrocarril.
Estaba todo solucionado. Del otro lado de la manzana de enfrente quedaba el comercio del amigo que les iba permitir el uso de su computadora. Edgardo se llama –dijo- y era amigo de tu abuelo, también.
Manuel preguntó, por joder, si ya no lo era más y vio por la actitud del otro que ya estaba enterado de toda la historia.
-¿Leíste desde el principio?
-Sí, leí todo. Es bastante largo.
-Vamos entonces.
Edgardo les abrió la puerta luego de asegurarse de que nadie andaba por esa cuadra, para evitar preguntas, ya que Bosco le había dicho que tenían que guardar mucha reserva. Entraron chocando muebles y apretándose hasta que Edgardo prendió dos mortecinos tubos fluorescentes que dieron un toque tétrico al largo salón lleno de cosas apiladas, en cuyo fondo se veía la compu rodeada de tres sillas hábilmente dispuestas en abanico.
-Ahí la tienen. Se las he dejado prendida y con la conexión a Internet. Yo los dejo porque tengo a mi esposa con gripe.
Bosco se sentó, escribió en el buscador “las bolas de manuel” y enseguida aparecieron las mismas palabras pero en formato título y rodeadas de un recuadro. Abajo y al costado se pintó una fotografía media borrosa acompañada de las palabras “Bosco” “Maldonado” y “Uruguay”
-Miren el tipo de la foto. ¿Se dan cuenta de que ni se parece a mí?
Nadie comentó nada, así que buscó el principio de la historia y agrandó la letra para que todos pudieran leer sin apiñarse sobre la máquina. Enseguida aparecieron las risas y las preguntas sobre la veracidad de la historia. Manuel leía y no comentaba nada. Cuando terminaba un capítulo miraba nerviosamente a Bosco como para que éste procediera a cambiar la pantalla. Cuando en la historia se tenía que tirar al vacío se agarró la cabeza con ambas manos. Cuando corría por corrientes todo dibujado de historietas, se rascaba la piel de los brazos. Cuando el auto lo choca al lado del obelisco, no pudo retener un grito.
-¡No puede ser que alguien cuente esto sin haber estado ahí!
-¿Entonces, la historia es toda verdadera?
-¡Exacta!
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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martes, agosto 14, 2007
sábado, junio 02, 2007
314 ESTUVE AQUÍ EN EL 67
Con el repetido fracaso del boomerang pasó la tarde. Se comieron las guayabas mientras hablaban de conseguir algún anzuelo para mañana pescar, algún pedazo de goma para fabricar una honda y dos o tres cosas más, como un encendedor, una olla vieja y… dos tres cosas más. Manuel tenía cincuenta pesos en el bolsillo y Magda veinticinco… así que…compraban el encendedor y el resto lo requechaban de alguna manera.
-Esos conocidos tuyos…?
-Desde el 67 que no los veo…habrán cambiado!
-¿Cómo sesenta y siete?
-Yo estuve aquí en 1967.
-Qué estás diciendo Manuel…? Querrás decir 1997…
-Pero si te conté que me trajeron, Magda.
En el tiempo y en el espacio que lo habían traído como ya todo el mundo sabe, claro, no es fácil pensar que el Manuel estuvo aquí veinte años antes de nacer. Había creído Magdalena que el viaje en el tiempo habría sido por poco tiempo, es decir, no muy largo para atrás o adelante, porque por muy viaje en el tiempo que fuera ¿como es que uno pueda estar en un lugar aun antes de nacer? Sería otro, igual a uno…o tal vez…Porque si no, uno ya de chico recordaría que antes de nacer estuvo en un lugar así…o la memoria tendrá que seguir la misma ruta con que se hizo el viaje y entonces…?
-Sí, ahora me acuerdo.
-Tenían un hotel en la avenida de las palmeras.
-Podemos averiguar…
-Es al lado de donde vivía el Bosco ese que me dio los guijarros del abuelo…
-Aunque se hayan mudado, los vecinos van a saber dónde encontrarlos.
…no quería saber nada con esta historia!
-¿Por qué?
-No se…parecía que le daba miedo…es un viejo…era el compañero de la infancia de mi abuelo, pero cuando yo estuve con él era de mi misma edad!
-¿Y tu abuelo no estaba en el pueblo?
-No te acordás que te conté, que pasó la juventud en Minas?
-¡Qué entrevero!
-Ahora, decime Flaca, ¿por qué no me hizo llevar a Minas?
-¡Eso!
-Después decía que no quería meterse más en mi vida y que la culpa era de Germán…No, no decía que la culpa fuera de Germán, decía cosas que a mi no me convencían y llegué a pensar que el maldito era el otro.
-Pero tu abuelo si hizo algo que alteró tu vida sería, me supongo, porque sabía que vos estabas…
-No digas predestinado, eh?
-¡No lo iba a decir! Te decía que… todos sabemos que no sos como los demás. A tu alrededor…
-…ocurren cosas extrañas.
-Eso.
-¿Pero por qué?
-Parece que vos atrajiste a los ángeles. Vienen para atraparte.
-Es que el viejo Dios ese ha de estar loco ¿qué se la agarra conmigo?
-Porque sos distinto.
-¿Y a él que le importa.
-Esos conocidos tuyos…?
-Desde el 67 que no los veo…habrán cambiado!
-¿Cómo sesenta y siete?
-Yo estuve aquí en 1967.
-Qué estás diciendo Manuel…? Querrás decir 1997…
-Pero si te conté que me trajeron, Magda.
En el tiempo y en el espacio que lo habían traído como ya todo el mundo sabe, claro, no es fácil pensar que el Manuel estuvo aquí veinte años antes de nacer. Había creído Magdalena que el viaje en el tiempo habría sido por poco tiempo, es decir, no muy largo para atrás o adelante, porque por muy viaje en el tiempo que fuera ¿como es que uno pueda estar en un lugar aun antes de nacer? Sería otro, igual a uno…o tal vez…Porque si no, uno ya de chico recordaría que antes de nacer estuvo en un lugar así…o la memoria tendrá que seguir la misma ruta con que se hizo el viaje y entonces…?
-Sí, ahora me acuerdo.
-Tenían un hotel en la avenida de las palmeras.
-Podemos averiguar…
-Es al lado de donde vivía el Bosco ese que me dio los guijarros del abuelo…
-Aunque se hayan mudado, los vecinos van a saber dónde encontrarlos.
…no quería saber nada con esta historia!
-¿Por qué?
-No se…parecía que le daba miedo…es un viejo…era el compañero de la infancia de mi abuelo, pero cuando yo estuve con él era de mi misma edad!
-¿Y tu abuelo no estaba en el pueblo?
-No te acordás que te conté, que pasó la juventud en Minas?
-¡Qué entrevero!
-Ahora, decime Flaca, ¿por qué no me hizo llevar a Minas?
-¡Eso!
-Después decía que no quería meterse más en mi vida y que la culpa era de Germán…No, no decía que la culpa fuera de Germán, decía cosas que a mi no me convencían y llegué a pensar que el maldito era el otro.
-Pero tu abuelo si hizo algo que alteró tu vida sería, me supongo, porque sabía que vos estabas…
-No digas predestinado, eh?
-¡No lo iba a decir! Te decía que… todos sabemos que no sos como los demás. A tu alrededor…
-…ocurren cosas extrañas.
-Eso.
-¿Pero por qué?
-Parece que vos atrajiste a los ángeles. Vienen para atraparte.
-Es que el viejo Dios ese ha de estar loco ¿qué se la agarra conmigo?
-Porque sos distinto.
-¿Y a él que le importa.
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