A Cholo ya le había parecido que era su voz. la que había resonado en las oquedades de los pinos y, en vez de morir, absorbida y disgregada en múltiples reflejos, había persistido, avanzando varias cuadras con su timbre metálico. El hombre de aluminio era un conocido vecino al que así habían bautizado para mencionarle sin hacer pública la identidad. El infaltable buen vecino de todas las épocas, prolijo y educado hasta para el insulto. Trabajador y ordenado, estudioso de joven, peinado de niño y afeitado de grande. El dueño del mejor jardín. Del césped mejor cuidado.
Ahora redondeaba sus argumentos para convencer al vecindario de la necesidad de volver a ocuparse de las cosas concretas e inmediatas., dejándose de especulaciones metafísicas o poéticas.
-El Universo se apronta para un recambio de dueños. Eso dicen los que han venido a calentarnos la cabeza para involucrarnos en guerras desproporcionadas. No sabemos siquiera quién es quién. Quién es el bueno y quien el peor. Lo único que sabemos, es que si no nos ocupamos de nuestras cosas, -en vez de andar ganando enemigos-, nuestras cosas sufrirán las consecuencias. Dejemos que el Universo sea gobernado por los que puedan hacerlo. Volvamos nosotros a lo nuestro.
No se terminaba de bajar del casillero de cerveza sobre el que se había parado, cuando Ernesto Federico iba subiendo a otro junto al murmullo desaprobatorio que recorría la explanada.
-El vecino tiene razón- comenzó con sorna Ernesto- Deberíamos ocuparnos de nuestros asuntos, es decir, ocuparnos de que no sean otros los que resuelvan por nosotros.
El Hombre de Aluminio se volvió a subir.
-Entre ustedes hay por lo menos uno que no es humano. ¡Aquel! -señaló a Mandinga con tembloroso índice- Ese es quién nos ha hecho ver como enemigos de Dios y de todos los poderes. ¿Qué tiene él que ver con nuestros asuntos?
Mandinga quiso contestar pero Cholo, con gestos de pedir calma, se había trepado sobre un raigón de eucalipto y desde allí comenzaba a reconstruir la historia de los hechos recientes, es decir de los dos últimos años desde la aparición de los ángeles sobre la tierra. Los hechos que demostraron cuáles eran sus propósitos y cuales sus aliados sobre la tierra.
-Ya no podemos hablar de nuestras cosas como de algo separado del resto. Justamente, nuestro gran progreso ha sido comprender que nuestra lucha por justicia y libertad, es inseparable de las luchas que otros semejantes a nosotros, sean humanos o no, mantienen con los poderes del Universo. Hay una sóla lucha que es entre la Libertad y el despotismo. Lo otro apenas constituye una reyerta entre las hienas por la propiedad de la carroña.
Todavía el de aluminio logró hacerse oír.
-Es ridículo pretender una lucha tan desproporcionada.
Enseguida una obación le hizo bajar del casillero. Manuel se había trepado junto a Cholo y quería decir algo.
-Quiero decirles, vecinos, que cada día que permanezcamos libres, es un día que hemos ganado... y... Ya llevamos casi dos años en los que hemos aprendido a vivir en libertad. A respetarnos entre nosotros. A gobernarnos, a decidir y a hacer carne aquello que decían los gauchos de que "naides es más que naides"
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jueves, septiembre 11, 2008
sábado, diciembre 08, 2007
445 EL IMPOSIBLE EQUILIBRIO
Margarita Imploró una explicación. Dijo haber entendido que iban a destruir esas naves que les tenían rodeados y bajo fuego. Pero también que su hijo quería matar a Dios para que viniese a reinar uno mejor. Y además que deberían destruir todo el bando enemigo para quedar sólo ellos y dividirse entonces en dos nuevos bandos enemigos…
A todo Manuel asintió bajando la cabeza cada vez un poco más aunque con lo último no estuvo del todo de acuerdo. No era eso de dividirse en dos bandos enemigos lo que había querido decir con exactitud, sino que no iban a ser ellos tan perfectos, ni sus ideas, como para que todo el mundo les aceptase para siempre. Ni siquiera ellos mismos. Recordaba lo que había pensado cuando siendo un niño le dijeron que existía un Dios y muchos diablos que invitaban a la gente a revelarse para así comérselos después asados en las llamas del infierno. Porque Dios podía hacer cualquier cosa y El Diablo era un envidioso de ese poder. Le había parecido todo muy injusto, pero puesto a elegir, le resultaba más divertido el papel del Diablo antes que el de ese señor barbudo sentado arriba de las nubes y lanzando rayos sobre los que abajo no se arrodillaran. Ya de chico había odiado a los déspotas y a todos los cagones que se transforman en sus alcahuetes. Después… cuando más grande fue comprendiendo que inevitablemente todos no pueden tener el mismo coraje, ni la misma inteligencia, ni la misma fuerza o habilidad. Y pensaba… que si hubiese un mundo donde lo más importante fuera la fuerza, sería un lugar horrible lleno de matones imbéciles. Pero si lo que se valorara más fuera la inteligencia, tal vez sería un mundo muy progresista pero dominado por unos sabihondos insensibles. Que si predominara el sentimiento amoroso, talvez se reprodujeran demasiado y además que nadie quisiera trabajar. Y así con todo… Que todas las cosas eran necesarias siempre que se combinaran con las otras como en una buena receta.
-Ahora… Me encuentro con esta novedad de que el equilibrio no es posible, que todo el mundo está cambiando, no sólo nosotros. Que ahora puede dejar de ser importante la pelea entre Dios y el Diablo, porque tal vez cuando se muriera del viejo ya nadie ocupara su trono y el reino de Dios desapareciera. Claro que eso no es posible sin la intervención de nosotros, que en este momento estamos logrando una supremacía militar claramente capaz de aniquilar las huestes angelicales…
Se interrumpió a sí mismo.
-¿Decime Mandinga, Cuantas naves pueden tener los ángeles, en total?
Mandinga revoleó los ojos.
-Y… Ellos dominan toda la Vía Láctea más algunas colonias en Magallanes… Ponele… Unas… Doscientas mil de las súper pelotudas, esas que llevan miles de Arcángeles con su nave grande que contienen a su vez miles de bolas individuales.
-Ah.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
A todo Manuel asintió bajando la cabeza cada vez un poco más aunque con lo último no estuvo del todo de acuerdo. No era eso de dividirse en dos bandos enemigos lo que había querido decir con exactitud, sino que no iban a ser ellos tan perfectos, ni sus ideas, como para que todo el mundo les aceptase para siempre. Ni siquiera ellos mismos. Recordaba lo que había pensado cuando siendo un niño le dijeron que existía un Dios y muchos diablos que invitaban a la gente a revelarse para así comérselos después asados en las llamas del infierno. Porque Dios podía hacer cualquier cosa y El Diablo era un envidioso de ese poder. Le había parecido todo muy injusto, pero puesto a elegir, le resultaba más divertido el papel del Diablo antes que el de ese señor barbudo sentado arriba de las nubes y lanzando rayos sobre los que abajo no se arrodillaran. Ya de chico había odiado a los déspotas y a todos los cagones que se transforman en sus alcahuetes. Después… cuando más grande fue comprendiendo que inevitablemente todos no pueden tener el mismo coraje, ni la misma inteligencia, ni la misma fuerza o habilidad. Y pensaba… que si hubiese un mundo donde lo más importante fuera la fuerza, sería un lugar horrible lleno de matones imbéciles. Pero si lo que se valorara más fuera la inteligencia, tal vez sería un mundo muy progresista pero dominado por unos sabihondos insensibles. Que si predominara el sentimiento amoroso, talvez se reprodujeran demasiado y además que nadie quisiera trabajar. Y así con todo… Que todas las cosas eran necesarias siempre que se combinaran con las otras como en una buena receta.
-Ahora… Me encuentro con esta novedad de que el equilibrio no es posible, que todo el mundo está cambiando, no sólo nosotros. Que ahora puede dejar de ser importante la pelea entre Dios y el Diablo, porque tal vez cuando se muriera del viejo ya nadie ocupara su trono y el reino de Dios desapareciera. Claro que eso no es posible sin la intervención de nosotros, que en este momento estamos logrando una supremacía militar claramente capaz de aniquilar las huestes angelicales…
Se interrumpió a sí mismo.
-¿Decime Mandinga, Cuantas naves pueden tener los ángeles, en total?
Mandinga revoleó los ojos.
-Y… Ellos dominan toda la Vía Láctea más algunas colonias en Magallanes… Ponele… Unas… Doscientas mil de las súper pelotudas, esas que llevan miles de Arcángeles con su nave grande que contienen a su vez miles de bolas individuales.
-Ah.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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