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sábado, enero 03, 2009

641. Selecciones del Reader

Las miradas unánimes quisieron decir que por favor se callara si no sabía lo que decía. Años de discusiones en asambleas y en congresos de militantes de las más diversas corrientes ideológicas habían demostrado que hacerle cambiar de idea a un sólo hombre era por lo menos tan imposible como hacérsela cambiar a toda la población. La tendencia humana a caminar detrás del otro, como las ovejas, a imitar al vecino exitoso en el arte de sobresalir por sobre la media, como las hienas, las ganas de ser distinto al de abajo e igual al de arriba... había terminado siendo más fuerte, mucho más, que lo que un principio los revolucionarios románticos pudieron haber imaginado. Toda vez que los teóricos planificaron una sociedad horizontal terminaron construyendo una aguda pirámide en la que los que deciden (y disfrutan) son unos pocos.
O tal vez no... Tal vez aquellas miradas pudieran también ser interpretadas como la piadosa expresión del sabio que sin condenar la ignorancia del ignorante, se dispone al amoroso acto del desasnamiento, sin sospechar siquiera que el asno pudiera ser él mismo.
Estábamos en un país acunado por las Selecciones del Reader Digest y las Buenas Noticias de Carve, para que creciéramos en el limbo de la mediocridad intelectual, convencidos de que la política era para los políticos y la hostia para el cura. Donde la verdad costaba apenas un certificado notarial, y la riqueza se justificaba a sí misma especialmente cuando iba acompañada de un buen apellido.

Cholo, aunque sin decir palabra, quiso ablandar el tono del coro de pensamientos. Levantó una mano y la apoyó sobre el hombro de Manuel. Sólo hablo después de unos instantes de mirada y sonrisa franca.

-No es tan fácil.

Un fuerte resquemor recorrió la cara de Manuel desde el cuello hasta las raíces de los pelos.

-Pero... ¿no creías en el anarquismo...?

¡Gol! Una sombra fugaz recorrió el ya oscuro rostro de Cholo. Apagó por un instante el esmalte de aquellos pequeños ojos y como la lasca de vidrio del ventanal azotado por la tormenta, la palabra "anarquismo" se clavó en aquel corazón apasionado.

-¡Y creo...!

Hubiese querido Manuel, tener en este mundo aquella habilidad telepática que había tenido en otros. No podía penetrar el fuerte muro de oscuridad que quedaba entre su mente y la de este amigo que, a juzgar por imperceptibles cambios en los brillos de su piel y el formato esquivo de sus ojos sanguinolentos, estaba siendo sacudido por fuertes tensiones emocionales muy próximas al llanto.

-...sólo que no basta con la voluntad de algunos pocos...
-Mientras no se intente no sabremos cuanto somos...
-Hay que reconocerlo, Manuel. Somos muy pocos.




jueves, septiembre 11, 2008

596. NAIDES ES MÁS QUE NAIDES

A Cholo ya le había parecido que era su voz. la que había resonado en las oquedades de los pinos y, en vez de morir, absorbida y disgregada en múltiples reflejos, había persistido, avanzando varias cuadras con su timbre metálico. El hombre de aluminio era un conocido vecino al que así habían bautizado para mencionarle sin hacer pública la identidad. El infaltable buen vecino de todas las épocas, prolijo y educado hasta para el insulto. Trabajador y ordenado, estudioso de joven, peinado de niño y afeitado de grande. El dueño del mejor jardín. Del césped mejor cuidado.

Ahora redondeaba sus argumentos para convencer al vecindario de la necesidad de volver a ocuparse de las cosas concretas e inmediatas., dejándose de especulaciones metafísicas o poéticas.

-El Universo se apronta para un recambio de dueños. Eso dicen los que han venido a calentarnos la cabeza para involucrarnos en guerras desproporcionadas. No sabemos siquiera quién es quién. Quién es el bueno y quien el peor. Lo único que sabemos, es que si no nos ocupamos de nuestras cosas, -en vez de andar ganando enemigos-, nuestras cosas sufrirán las consecuencias. Dejemos que el Universo sea gobernado por los que puedan hacerlo. Volvamos nosotros a lo nuestro.

No se terminaba de bajar del casillero de cerveza sobre el que se había parado, cuando Ernesto Federico iba subiendo a otro junto al murmullo desaprobatorio que recorría la explanada.

-El vecino tiene razón- comenzó con sorna Ernesto- Deberíamos ocuparnos de nuestros asuntos, es decir, ocuparnos de que no sean otros los que resuelvan por nosotros.

El Hombre de Aluminio se volvió a subir.

-Entre ustedes hay por lo menos uno que no es humano. ¡Aquel! -señaló a Mandinga con tembloroso índice- Ese es quién nos ha hecho ver como enemigos de Dios y de todos los poderes. ¿Qué tiene él que ver con nuestros asuntos?

Mandinga quiso contestar pero Cholo, con gestos de pedir calma, se había trepado sobre un raigón de eucalipto y desde allí comenzaba a reconstruir la historia de los hechos recientes, es decir de los dos últimos años desde la aparición de los ángeles sobre la tierra. Los hechos que demostraron cuáles eran sus propósitos y cuales sus aliados sobre la tierra.

-Ya no podemos hablar de nuestras cosas como de algo separado del resto. Justamente, nuestro gran progreso ha sido comprender que nuestra lucha por justicia y libertad, es inseparable de las luchas que otros semejantes a nosotros, sean humanos o no, mantienen con los poderes del Universo. Hay una sóla lucha que es entre la Libertad y el despotismo. Lo otro apenas constituye una reyerta entre las hienas por la propiedad de la carroña.

Todavía el de aluminio logró hacerse oír.

-Es ridículo pretender una lucha tan desproporcionada.

Enseguida una obación le hizo bajar del casillero. Manuel se había trepado junto a Cholo y quería decir algo.

-Quiero decirles, vecinos, que cada día que permanezcamos libres, es un día que hemos ganado... y... Ya llevamos casi dos años en los que hemos aprendido a vivir en libertad. A respetarnos entre nosotros. A gobernarnos, a decidir y a hacer carne aquello que decían los gauchos de que "naides es más que naides"