sábado, junio 21, 2014

938. ¿Nos conocemos de otro lado?

Cuando todos estuvieron adentro, mojados hasta los tuétanos, Manuel pidió disculpas. Se las pidio sin saber qué tono sería el adecuado para una cuestión así. Pedir disculpas es difícil siempre. Mucho más cuando no se sabe de qué cosa disculparse. De ser quién se es, de sentir lo que se siente, de asombrarse del contínuo misterio de la existencia ¿?
No convenció a nadie, por supuesto, pero aprovechó el silencio y la quietud general para volver su brazo derecho al cuello de Magda y comenzar otra vez la salida... Pero se detuvo y giró de pronto la cabeza para mirar al licenciado Giorgionne --¿ Vittorio, todavía tiene en su escritorio aquella hacha celta que gira marcha atrás....?--le dijo. Se le escapó, más bien. Pero bastó con eso para que todas las voces se lanzaran a hablar. La voz cascada de don Miguel primero, preguntando otra vez qué había querido decir un rato antes con aquello de las dos dimensiones del tiempo. Una pregunta muy intencionada, como de quién está dispuesto a abrir una investigación en serio. Segunda voz la de Giorgionne, más extrañado que nunca ahora que el muchacho demostraba no sólo conocer su nombre de pila, sino hasta qué clase de objetos tiene sobre su escritorio.

--Tal vez nos conocemos de otro lado que yo no recuerdo?

Cholo, no agregó ninguna pregunta, pero se acercó a su supuesto amigo con tanta expresión de extrañeza que ahora parecía hasta temerle.
Dengue agrandaba aun más los ojos y los llevaba de uno a otro mientras sus labios temblaban. Por último balbuceó:

--No lo acosen... hay cosas que no se pueden explicar.

Dijo eso y algunas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas
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