viernes, abril 20, 2012

880. Vienen los dos

 El comisario insistió en que a pesar de todas las apariencias la justicia es lo que determina la ley y no cualquier cosa que parezca justa.  Que su deber era pasar al detenido al juez y atenerse a lo que la justicia dictamine.

-Quién le acusa?
 -Los hechos le acusan. Los chanchos liberados por él destrozaron varios jardines y se comieron las sábanas colgadas. Los vecinos demandarán justicia.
-¿Demandarán? O sea que no han demandado nada... No han denunciado nada, verdad?
-Eh...
-¿Y entonces por qué está detenido?

Ahí el comisario se refugió tras su escritorio, Estaba visiblemente molesto.

-¿Pero qué pretenden ustedes? ¿Son los abogados del diablo?  Sepan que la policía tiene muchas atribuciones para preservar el orden y la tranquilidad ciudadana, no tengo por qué estar explicando cada una de mis decisiones.

Cholo cambió a un tono un poco más diplomático.

-Pero podemos, por lo menos verle?

El comisario abría ya la boca para contestar cuando el timbre del teléfono le apartó la atención. Descolgó el tubo y apenas lo arrimaba al oído cuando ya la expresión del rostro le iba cambiando.

-Ah es usted concejal? Un gusto...Sí...sí, justamente.... Bueno, como no. Ah vienen los dos?

Colgó de forma lenta, casi como no queriendo que se produjera un choque entre los dos trozos de plástico chino, y por un momento dejó bagar la mirada por un par de cuadros espantosos que colgaban de la pared lateral. Después recobró su estilo.

Se tienen que retirar. Al detenido lo podrán ver cuando vuelva del juzgado.

Una seña de Manuel bastó para que Cholo no insistiera. Salieron, Manuel adelante, y se metieron entre los árboles de enfrente. Se sentaron en el suelo. Esperaron. A los pocos minutos llegó un auto con las inscripciones de la Alcaldía . Bajó Ernesto de Oliveira y el alcalde de Solymar, Gerónimo Retamosa.

No fue necesario esperar mucho. A los diez minutos volvían a salir las visitas, pero ahora acompañadas por el Dengue, quien se restregaba los ojos y caminaba en cualquier dirección.
Entonces Manuel y Cholo salieron de su escondrijo y cruzaron la calle.
Dengue pareció no reconocerles. Ernesto les explicó que lo llevaban a un establecimiento de recuperación                                                                                                                                                       votar

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