martes, abril 10, 2012

875. Nieblas en su mente

        Después como otras veces, Manuel llevó a Dengue hasta su casa donde permaneció por algunos días durmiendo y comiendo comida de olla, salvo los ratos que dedicaba a jugar con Ulyces o conversar tontamente con cualquiera. Cuando se fisuraba mucho se iba para el galponcito de atrás, pero no intentaba convencer a nadie de que le consiguieran pasta o que le dieran dinero para comprarla. Solo se ovillaba en el único rincón vacío que quedaba y allí permanecía, las manos aprisionando la cabeza, como una rueda de goma negra, amagando a rodar para atrás o para adelante. 
Cinco en total. Al sexto desapareció sin dejar huellas.

Mientras tanto Manuel retomó los trabajos que tenía un poco abandonados. Sus jardines. Se estuvo levantando temprano y partiendo con la bicicleta y las herramientas apenas habiendo charlado un poco con la flaca mientras se tomaba el vaso de leche fría. Luego el cuesta arriba de balastro flojo, la cuadra más boscosa, y después el inicio del verdadero Lagomar.
Al mediodía siguió volviendo siempre muerto de hambre a sentarse alrededor de la mesa. Entonces comprobaba una vez más que el estado mental de Dengue no daba muestras de mejorar, aunque tampoco de empeorar. Parecía haberse detenido en un nivel bastante infantil y poco lúcido. Porque los niños son vivaces, pero Dengue parecía no encontrar las respuestas si no al cabo de deambular un rato por dentro de la niebla de su propia mente.... Y sin embargo a veces... Solo algunas veces de pronto parecía encontrar el hilo de la conversación y con gran entusiasmo dar dos o tres opiniones muy oportunas y atinadas.

Pero se fue.

...
                                                                                                                                   
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