domingo, septiembre 07, 2008

594. SER, O NO SER

De todos modos, nadie escapaba a la angustia de saber que se avecinaban tiempos que nadie podría pronosticar como mejores ni como peores, pero sí como llenos de violentas guerras, en las que los rencores acumulados por milenios se desatarían, cambiando, tal vez, la faz de esta parte del vecindario cósmico.
Mandinga lo explicaba. Ahora el problema no era simplemente la eterna lucha entre el Viejo Dios y Satanás, por nombrar las cabezas visibles del odio más reiterado. Ahora se estarían sacando la careta que habían usado para las estampitas, todos aquellos archipoderosos serafines de las constelaciones zodiacales,que se decían dueños de la melodía galáctica, los señores de los cúmulos globulares, que federados por todo el entorno amenazaban con movimientos envolventes, los archiduques de los brazos galácticos, los uraños reyezuelos de las estrellas de neutrones, únicos que hasta ahora lograran el dominio de la gravitación, y en fin, una innumerable cantidad de señores feudales, y señoritos, que sólo tenían en común el grandioso deseo de ser el Dios Único, el Todopoderoso, indiscutido monarca al cual los otros besarían las patas cada vez que les pisara la cara.

-¿Y tu gente?- preguntó Cholo.
-Mi gente nunca ha sido guerrera. Nuestras guerras no han pasado de escaramuzas, que por último se transforman en grandes fiestas. Nunca participamos de la religión del poder...
-¿No tienen suficientes armas...?

Mandinga respondió con una mirada triste. No encontraba palabras para decir lo que sentía. Esa especie de petición de principio, de razonamiento circular como el que pregunta quien fue primero entre el huevo y la gallina,

-Un humano dijo "Ser o no ser"
-¿Se dan por vencidos sin pelear...? Sin embargo vos...
-No me entiendan mal. Podemos pelear. A veces podemos pelear, nos defendemos... Pero otra cosa es que la pelea nos coma la cabeza.

Todos entendieron, porque todos, alguna vez, habían perdido el sueño dando vueltas de atrás para adelante la vieja ecuación de las consecuencias de la acción, que se transforman en causas generatrices de nuevas y reiteradas acciones que, en intrincada maraña termina por ocultar y olvidar lo que en un principio se había procurado.

Callaron por un momento. Era tiempo de salir al aire libre.
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