lunes, mayo 28, 2012

897. El sótano y el aljibe

  Fue cuando Ernesto dejó de mirar a los otros. Ni siquiera al alcalde, quien ya se estaba poniendo incómodo por el giro de la conversación, o Cholo quien de todas maneras ahora miraba hacia abajo, como buscando algo caído debajo de la mesa. 
Por las venas le comenzó a circular un líquido helado que parecía contener afilados cantos de navaja. Esa vieja sensación de cuando la razón encuentra sus límites y comienzan a danzar los espíritus ancestrales alrededor de las llamas, las heladas llamas de lo inevitable.

-Si es que tanto sabes de mi, sabrás como viajó mi madre desde África...
-En un cajón. Tu padre la hizo entrar en un gran cajón junto con otras  mercaderías que fueron despachadas hacia Brasil.

Los labios de Ernesto ya no podían disimular el temblor.

-¿Pero cómo lo sabes..? No creo habérselo contado a nadie...
-A mí, sí. En el otro mundo donde éramos amigos. Yo viví en esta casa y en las galerías que hay abajo.
-¡¿ Galerías?!
.Sí galerías. Tampoco eso le has contado a nadie?
-¿Cómo galerías, qué clase de galerías... debajo de esta casa no hay nada... apenas un pequeño sótano que...
-Al que se baja desde la cocina, verdad?  También se puede bajar por el aljibe seco.

Ernesto pareció sentirse superado. Llevó una mano al corazón, respiraba don dificultad y su cabeza describía órbitas descentradas. Pero tampoco Dengue continuó  con su testimonio, se había tapado las orejas y comenzado a hamacar el torso  nuevamente. Apenas murmuraba su propio nombre una y otra vez. De pronto cayó al la derecha de la silla y fue dominado por las convulsiones.

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domingo, mayo 27, 2012

896. Algo muy íntimo

 Ernesto no pudo contestar. Sabía perfectamente que todo lo que su imaginación le proponía con insistencia carecía de cualquier sentido.Pero no lograba detener el aluvión de propuestas así como el encogimiento del pecho y el temblor generalizado. Aquel rostro que volvía porfiadamente a rastrear de reojo, estaba ejerciendo sobre su corazón una inefable pero innegable perturbación. Como si fuese posible que una máscara de aquellas de sus antepasados africanos, tuviese no más el poder de sobreponerse a la voluntad humana. Volverlo y volverlo a mirar. Como si de una indolora condena se tratara. Maldición encriptada en aquellos planos angulosos y oscuros. Proporciones magnéticas o diabólicas. Impronta gravada a fuego en la primera generación de sus neuronas...

- ¿Te conozco de algún lado...?
-Sí, pero en otro mundo.
-Te estoy hablando en serio, muchacho.
-Usted se llama Ernesto Federico de Oliveira e Souza y es dueño de esta casa que se llama Los Dogones por su madre que era africana de la república de Malí. Eso y muchas cosas más se de usted, porque me lo ha contado... bueno, al menos alguien idéntico a usted me lo ha contado.

Era el punto al que quería llegar Manuel. Ernesto endureció a gatas su expresión y hasta casi con desprecio desestimó lo antedicho.

-Eso lo sabe todo el mundo.

Dengue sonrió.

-Pregúnteme algo de su vida que no sepa casi nadie. Algo muy íntimo...


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sábado, mayo 26, 2012

895. Un Modigliani negro

 Manuel comprendió que ambos estaban en un aprieto. Ya no podrían retroceder, así que dejó que sus ideas volaran hacia una estrategia inmediata.

-Dígame Ernesto, acaso no se sintió usted sacudido cuando miró por primera vez la cara de Dengue? No le encontró algo particular, como que... ya le conocía de antes, sin conocerle. O que le recordaba algo, algo muy sentido o antiguo, algo extraño que le obligó momentos después a volver a mirarle?

Ernesto se acomodó sobre el asiento nerviosamente.

-Eso puede ser, de alguna manera, pero... ¿Qué tiene que ver?  Me ha conmovido el estado en que le encontramos.
-Y después, cuando le volvió a mirar, acaso no fue aun más intensa la sensación?   Hasta se puso pálido y los ojos se le dilataron como si estuviese viendo algo imposible.
-Pero, por favor, muchacho. Qué puede tener que ver mi manera de mirar con esa historia delirante que él contó y que vos parecés aceptar como buena?

Manuel devolvió  todas las miradas con una actitud ahora desafiante.

¿Y acaso alguno de ustedes no pensó, ahora al final, que el que estaba hablando parecía otra persona que la que encontramos ovillado sobre sus rodillas en la comisaría?

-Sí, pero...

-Es que Dengue está diciendo la verdad. En ese cuerpo hay dos mentes, dos personas que se estorban y no pueden ponerse de acuerdo en el uso de los canales de comunicación. Se ha producido un accidente, una situación nada común. Normalmente cada personalidad de la misma persona se encuentra en un cuerpo distinto que vive en un mundo distinto. Un mundo paralelo.

El alcalde miraba a Ernesto y miraba a Cholo, les conocía del comité de base y hasta cierto punto confiaba en ellos. Cholo extendió la mano para tomar el brazo de Manuel. Como queriendo retenerlo sobre la tierra. Ernesto volvió a mirar el rostro de Dengue quién ahora sonreía satisfecho. Otra vez el mismo sacudón.

No, no había sido por encontrarle cara de muerto, ahora se le veía vivo, pero igual... Esa forma ovoide y delicada parecía quererle decir algo sobre un lugar inexistente dentro del mundo de sus sombras interiores, un faltante... como esas cosas de antaño que cuando aparecen, pequeños objetos tal vez muy queridos, no solo nos sorprenden sino que nos inundan de una profunda tristeza por la pérdida? tal vez, o más probablemente, por no lograr reconstruir el sentimiento que otrora acompañaba y daba total sentido a la existencia de aquello.
Como si Modigliani hubiese pintado de una vez el más misterioso y delicado rostro negro.

-¿Qué me dice, Ernesto? ¿Acaso no le parece conocido...?





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viernes, mayo 25, 2012

894. Metidos en un cuerpo-II

Todos se dieron vuelta para mirarle. Es que no sólo había pensado esa última frase sino que la había pronunciado. Se dio cuenta y quiso recordar cual había sido.

-¿Qué dije?
-Que todos los momentos son iguales, -ayudó Cholo. -¡A qué te referías?
-No,-acotó Ernesto. - Dijo que los momentos siguen existiendo, o algo así. Que tienen realidad.

El alcalde no había puesto atención, y Dengue se limitó a sonreír.

Manuel iba a decir algo para cambiar de tema cuando Dengue volvió a conectarse con el área del lenguaje.

-Claro que esos momentos fueron reales. Yo no estoy loco. Podría volver a fabricar una bola si me consiguen los materiales. Eh, Manuel?  Vos sos mi amigo...
-Eeeehh... -¡Como decirle que no era el momento ni el lugar para hablar de una cosa así?
-Y para qué querés fabricar una bola?-Preguntó el Alcalde.
-Para que no me tomen por loco. Ya se que he hecho algunas cagadas pero cuando les digo que vengo de otro mundo no estoy inventando nada. Si me permiten fabricar una bola... eh, Manuel? Como las de allá.

Cholo no quería impacientarse, por eso intentó que Dengue razonara.

-Cholo, te puedo asegurar que vos estabas desde hace muchos años viviendo con tus tíos los criadores de chanchos. No llegaste ahora de otro mundo.

Dengue abrió desmesurados ojos.

-Eso te quería decir! Estamos los dos aquí metidos en este cuerpo.

Y cuando se estaba prolongando un denso silencio agregó:

-Estamos juntos el Dengue de acá, ese que vos conocías... y yo. Que también soy Dengue pero vine de otro mundo... pregúntenle a Manuel, él sabe como explicarlo.

Ni quisieron esperar que Manuel dijera nada. Simplemente se pusieron a pensar en cómo manejarían ellos un caso de delirios recurrentes o repentinos o como se quisieran llamar. Tal vez mejor ponerlo en manos de un psiquiatra

Pero Manuel habló.

-Esas cosas ocurren... Lo difícil es encontrarle una solución... ¿Cómo te metiste ahí?
-Yo que se, Manuel. De lo último que me acuerdo es que venía cayendo por un túnel infinito!

Ya estaba. Un súper gong de cristal estalló en todas las conciencias

O ambos estaban locos o aquí había algo que no se podía tolerar.



                                                                                                                                                                         
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jueves, mayo 24, 2012

893.Charlas paralelas

  Y si por otra parte acercáramos las cámaras y los micrófonos a la ventana aquella, cuyas cortinas flamean hacia afuera, como invitando a la intromisión foránea. Cámaras y micrófonos que por supuesto jamás hemos usado, je je, pero que nombramos a modo de subterfugio dialéctico a veces, porque no ha llegado la hora de la sinceridad, o porque jamás entenderíais la verdad, oh españoles, aunque os la dijéramos de la forma más sencilla. No que supongamos alguna suerte de miopía intelectual sino.. bueno bah, porque no hemos de deciros hoy lo que está programado para  mañana.
Que al centrar nuestros captores junto a aquella ventana tras la cual se sienten voces alrededor de una mesa de cocina, ruidos de platillos portando cuadraditos de queso y salamín, pan en rodajas estrechas y hasta algo de vino... Una reunión.

Por un momento todos se han vuelto humanos, el loco, el soñador, el político honesto, Manuel y el millonario generoso.

El loco parece menos loco, o al menos cuando mira deja la impresión de que allí detrás de esas pupilas habita alguien que ahora temerosamente asoma.
El millonario revive su antigua experiencia de mirar a su madre cuando ya se hundía.
El Político retoma el sentido de la experiencia vital como una exploración sin mapas de un mundo desconocido.
El soñador sueña con un mundo mejor que está ahora comenzando.
Manuel trata de aferrarse a la idea de que todos y cada uno de los presentes significan una vida completa y con sentido propio, sin importar cuantas y cuales otras se le puedan parecer y aún superar en cuanto a perfección humana y realización de la justicia.

Ellos hablan incluyendo a Dengue en las miradas, o esperando con una pausa su opinión.

Porque la humanidad no puede ser otra que la resultante de la suma de todos los humanos reales. Con sus limitaciones y sus errores que tal vez...¿por qué no podrían ser parte necesaria del movimiento y el cambio?
Como había pensado aquella vez en broma. pensando en la necesidad de que hubiesen agujeros para permitir el movimiento de las otras partículas.
Información que va de donde hay hacia donde escasea, formando rulos en su trayectoria y en la trama del tiempo.

Dengue ha levantado una mano de su falda flaca y ha alargado sus dedos hacia el plato donde los quesos. Ha mirado sus pupilas húmedas a todos alrededor al hacerlo. Se ha reído.

El político es sacudido por un nuevo rebrote de ideales juveniles. Se pone colorado mientras piensa apuradamente que justo en ese momento se estaba interesando por un problema real de los vecinos y no por su carrera política.

Ernesto ha vuelto a mirar el rostro ovoide de Dengue y el semibrillo de sus ojos. Se siente sacudido otra vez.. Hay allí un llamado poderoso que le hace vibrar misteriosamente.

Cholo ha estado observando al Alcalde, le ve tan normal y parecido que no logra entender cómo una persona puede abandonar todos sus ideales luego de haberlos pregonado tantos años. Sin mediar una explicación o un pedido de disculpas. Más todavía.Que pretenda que lo que practica ahora es lo mismo que pregonaba cuando se sentía revolucionario

-Por último, cada momento es real, aunque existan millones de versiones del mismo momento-. Concluyó Manuel.




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