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miércoles, septiembre 03, 2008

593. DIOS HA MUERTO

En delante poco fue lo que pudimos sacar en limpio de tantas conversaciones simultáneas. Nosotros, se entiende, aquellos que de una forma u otra nos encargamos de esta tarea obligadamente discreta y difícil, porque, ¿les parece a ustedes poca cosa seguir a nuestros personajes en sus continuos ires y venires por mundos y dimensiones, muchas veces de forma sorpresiva y sin dar siquiera pistas sobre el próximo destino? Bien que en este caso, no era la distancia ni la extraña naturaleza del lugar lo que nos dificultaba la tarea, sino el baturrillo de temas entreverados, las carcajadas, los angustiosos relatos de los momentos de zozobra, las bizarras explicaciones de las leyes que regularían las relaciones entre los mundos, las dudas, los temores y la alegría de estar nuevamente juntos. Juntos otra vez todos, porque, como atraídos por algún corno mágico de esos que no se oyen pero se escuchan, a medida que transcurría la tarde fueron cayendo uno tras otro, los Cholos, los Rulos, las Julietas, los Dengues y los Chumbos. El último en llegar fue Miguel, el farmacéutico.
Por eso decimos que nuevamente estaban todos juntos. Con el agregado, de yapa, de los ocho japonecitos, que a esa altura rivalizaban en entusiasmo ácrata con todos los demás.
Es que de pronto, como el aprendiz de brujo, ellos veían realizarse en el plano de la realidad palpable, todas aquellas ideas que tan dificultosamente habían podido pulir y perfeccionar en madrugadas de inspiración profética. Querían verlo, por hablar con precisión, ya que les decían que allí afuera, por esas calles de común balastro y tras esos comunes pinos que poblaban los más de los solares, reinaban justamente esas sagradas ideas que se habían impuesto sin más violencia, y aun tal vez con menos, que la cotidiana de la sociedad anterior.
Pidieron para verlo, una vez que todos se hubiesen puesto al día con las informaciones que cada cual había acumulado separadamente. Eran muchos los temas, pero, había uno que se robaba los titulares a toda página:

DIOS HA MUERTO

Por supuesto que en el mundo civilizado, es decir desarrollado, económicamente hablando, esas letras no habían sido impresas en ese orden, al menos sobre papel o pantallas de televisión. Por acaso sí en algún lugarcito de Internet, que pronto dejó por casualidad de aparecer carcomido por dificultades técnicas, invasiones de bacterias y virus oportunistas u otras causas aleatorias. Le llamaron "la muerte blanca" porque blanca quedaba toda información sobre la existencia anterior de dichos sitios, que nunca habían existido y que por lo tanto mal podían desaparecer.
Tampoco nunca se habían movilizado las tropas de la OTAN ni la quinta flota sobre el Atlántico. Nunca hubieron amenazas ni advertencias, ni presiones económicas ni nada. Tampoco las plateadas y doradas bolas de los arcángeles descendieron nunca sobre el pentágono del poder a conferenciar estrategias. No se embarcaron jamás cargamentos de armas ni de poderosas drogas neurotóxicas, ni se compraron conciencias ni se organizaron gigantescos operativos de información manipulada a través de periodistas prestigiosos pagados con generosas prebendas. Nada de eso. Todo lo poco que hubo, no fue más que los acostumbrados desbordes de la imaginación latinoamericana que por siglos a dado muestras de los perniciosos efectos de la ociosidad y del consumo de bebidas ordinarias.

A pesar de todo algo pasaba. Los mercados enloquecían. Tan pronto el petróleo superaba la barrera de los docientos dólares como las naciones líderes se quedaban sin papel para imprimir billetes. Las nuevas generaciones, hartas de estimulantes, inventaban nuevas formas de vida violenta, por sentir algo sólido bajo sus pies y delante de sus puños. La flagelación volvía a estar de moda. La ajena, pero también la propia. Clubes de pelea a muerte. El valor se demostraba aguantando mutilaciones. La convicción cortándose la lengua. La diversión... duraba poco...

sábado, junio 28, 2008

560. SOMOS MERCADO

-No, te decía porque la otra vez se murió de frío un yorugua allá en Merlo, por no decir, fijate vos. Aunque si habría dicho era
lo mismo porque la gente hora esta viniéndose soreta, como te digo, con este asunto que todos quieren ganar y venderte algo. Si no tenés guita pa comprar estás jodido.
-¿Comprar qué...?
-Lo que sea. No viste lo que dijo la loca de que el mercado somos todos, cuando eliminó el salario mínimo...?
-¿Que loca hermano, nosotros recién llegamos, no estamos ni enterados.
-La María Julia esa. La Alsogaray que ahora Menem la puso de ministra de economía.
-¿Otra vez está Menem de presidente?
-Por cuarta vez...

Manuel miró a la flaca.

-Esta vez si que nos tiraron a la mierda.

El kiosquero seguía.

...por eso te decía que yo me termino de apiolar recién ahora. Sabés qué...? Todo es joda, hermano. Haceme caso. Te tenés que apiolar vos también porque si no te vas a venir loco como toda la gente que ha entrado en eso de andar vendiendo y comprando todo el tiempo. Cualquier cosa, porque dicen que somos el mercado y el mercado nos da de comer a todos a condición de que la plata circule... Fijate vos. La gente no tiene tiempo ni de cagar. Cuando no andan vendiendo, andan comprando y cuando no andan comprando andan con la maquinita haciendo cuentas y chocándose las columnas por la calle...
-¿Pero no hay trabajo...?
-Sí que hay. Cada argentino tiene tres o cuatro, pero los sueldos son los que el patrón quiere pagar, mierda, eso es lo que pagan. Claro que la gente en eso sí se ha apiolado. En el trabajo usan el teléfono para vender las cosas que han comprado en otro lado, o se van diciendo que están enfermos... los echan claro pero buscan otro trabajo que abunda porque como nadie hace nada aparte de vender y comprar y fijarse en la pantalla de las cotizaciones a ver a cuanto anda el rollo de papel higiénico de onza y media y esas cosas como lo que hacía Lalo Mir por la radio.
-Pero lo votaron...
-Por miedo. Fijate que ahora el dolar vale cinco guitas, me entendés?
-No se. ¿Cinco pesos?
-No, cinco centavos! No existen monedas de ese valor. Mirá esta revista de aquí. Esta porquería de chismes, la tengo que vender a... y serían como cien dólares.
-¿Y se vende?
-A Rabiar, pero la gente dice que si se va Menem nos vamos todos a la mierda. El País, la gente todo... bueno ya se vendieron las plazas..
-¿Como las plazas...?
-¿Ah tampoco están enterados de eso? El primer decreto que firmó el quía, ahora cuando juró la cuarta vez, fue para poner todo en venta. Todo, todo. Dice que las propiedades del estado son plata muerta, improductiva, así que se reciben ofertas. Ayer firmaron el contrato de venta de la Policía Federal. La compro una sociedad entre los de la Siemens y varios tránsfugas de acá, Macri y otros...
-¿La policía...? ¿Y cómo van a hacer negocios con al policía?
-¿Te parece poco? Hermano, la policía maneja todo el negocio de la prostitución, la droga y el afano. Ja, te parece poco...?

Magda volvió a tironear del brazo a Manuel.