sábado, marzo 29, 2008
501. Fotografías y Paraguas
Allá había una fotografía vieja, de familia, es decir ellos tres. Abelardo, Margarita y él con pocos años. Una gorra de vasco agujereada, un soplete de querosene que había perdido el gollete de su bomba, varios paraguas desflecados... y una cabeza de Artigas tallada malamente en un trozo de madera. Todo le pareció triste. ¿Por qué triste? Y...
Comprendió que después de todo prefería al otro abuelo. El que nunca había abandonado su loca pasión de inventor, que no se había escondido ni pedido disculpas bajando la voz. Que había sabido encantar toda su niñez con la constante fantasía de los nuevos y portentosos inventos... El que había muerto en pleno entusiasmo y lo había conservado todavía después hasta el extremo de desafiar el poder de los dioses. Aunque le hubiera complicado a él... Sí, aunque le hubiese complicado!
En cambio este pobre viejo...
Se sintió que una voz femenina hablaba desde la casa. Salió Manuel primero mientras Abelardo se ocupaba de esconder el invento. Era Margarita. Vestía un extraño atuendo que terminaba sobre los hombros en un gran manto de seda con largos flecos...
-¡Manuel! Ya sentía yo esa vibración especial que siempre te me anuncia.
El beso vino acompañado de mucho pachouli y tintineos metálicos colgados de las orejas de aquella mujer apenas parecida a su madre. Más bien a una gitana, o una mujer hindú extrañamente nerviosa, flaca, de ojos saltones, que besaba besos repetidos, aunque no cálidos.
-Llegaste recién?
Margarita giró su cara un poco descolocada.
-¿De dónde?
-No se... Creía que estabas en Maldonado...
-¡Pero Manuel, qué estás diciendo...? Ah, ya se, es otro de tus chistes ...
-...o en una cueva... Ja ja!
Fue Abelardo quien siguió la conversación cuando apareció desde la puerta del galpón que había cerrado.
-Hablando de cuevas, encontré otra cueva de tucu tucu en el fondo.
-Pero, no más ancha que una mano, no?
Abelardo ni se dio cuenta de la extraña pregunta porque estaba pronunciando correctamente el nombre científico de los tucus: Ctenomys Pearsoni y preguntándose a sí mismo si la palabra pearsoni querría decir persona. Tampoco oyó que Margarita protestaba por la occidental manera de clasificar los espíritus en casillas inamovibles en vez de reconocerlos como partes del espíritu universal que es en sí mismo el Universo.
Pero Manuel se interesó en saber cuales eran los conocimientos que la nueva versión de su abuelo tenía sobre los simpáticos tucu tucus.
-Los has visto...? ¿Cómo son?
-Y, cómo van a ser ? Como son los tucus, parecidos a los
aperiás, pero un poquito más gordos. ¿No te acordás cuando nos sentábamos en el fondo a pastorearlos...?
-¿Serán inteligentes?
Los ojos del abuelo brillaron al tiempo que levantaba levemente la cabeza y las cejas formando un techo de dos aguas.
-¡Muy inteligentes! Con decirte que cuando salen de la cueva y llevan recorrido un trecho, si se encuentran con un peligro saben correr marcha atrás por todo el recorrido que habían hecho, sin tener que dar una vuelta en círculo...!
miércoles, septiembre 19, 2007
391 Acátese, publíquese y archívese.
Fueron tres días de frenética actividad. Primero puliendo la respuesta a darle al gobierno legal. Que terminó siendo un rechazo a entrar en una contienda electoral por ocupar cargos de gobierno. La idea era clarísima. Los uruguayos habían claramente optado por no tener gobierno y por solo aceptar delegaciones de poder para casos especiales y por muy corto tiempo. El poder había revierto en el pueblo, como nos habían enseñado las maestras en la escuela para cuando Napoleón había entrado en España. Ahora el caso era distinto, pero igual la consecuencia. Los hechos terminaban por demostrar que ningún gobierno había logrado detener ni aminorar la ingerencia extranjera en nuestro territorio y por lo tanto declarábase disuelto el compromiso de mantener el sistema representativo que nunca había representado a nadie más que a las estructuras de poder nacional, internacional y galáctico. El pueblo no quiere más representantes. El pueblo se representará a sí mismo y en este momento exige por nuestro intermedio (se trata de un caso excepcional de corta duración), que el gobierno remanente de las antiguas estructuras, dé los pasos establecidos por la constitución para que sea plebiscitado el proyecto de reforma constitucional que a su momento le entregarán los delegados (también nombrados a ese sólo efecto y por pocos días) del poder popular.
Giorgionne carcajeo un ratito después de decir ceremoniosamente: “Decreto número uno, acátese, publíquese y archívese!”
Eso fue sólo el comienzo, porque… Cuando terminaba de redactar la contestación llegó una bola de las de norte trayendo una delegación de comuneros argentinos que durante 24 horas estaban representando a 16000 comunas desde Ushuaia a la Quiaca y que traían la propuesta de dejar establecido en los proyectos de respectivas reformas que, las dos naciones expresaban su deseo de conformar un nucleamiento mayor, llámese federación o cómo se quiera y que a los efectos invitaban a las comunas de Río Grande del Sur –prácticamente una república independiente a plegarse a este movimiento libertario.
Les explicaron que por supuesto ellos estaban de acuerdo pero que todavía no habían tenido tiempo de recorrer las comunas uruguayas para dejar presentada la propuesta y que por otra parte no comprendían cómo era que se habían enterado tan rápido de lo que ellos estaban conversando.
-Lo leímos en el blog –contestaron muy sueltos de cuerpos cuando les hacían subir a otra bola para comenzar la recorrida donde ellos mismo iban a poder transmitir la idea a sus colegas de este lado. Esta era una bola de última generación con butacones pullman, ventana panorámica y una computadora portátil equipada con el sistema 5/25 de comunicación multidimensional –las piedritas- que fue a través del cual llegaron las noticias desde Porto Alegre donde ya era vox populi la sigla RFA (República Federal Anarquista) que la gente vivaba por las calles mientras revoleaba banderas con franjas verdes, celestes, amarillas, negras, rojas y blancas, que no eran por Bob Marley ni los rastas sino por los colores mezclados de las de los tres países. (El rojo tal vez por la bandera de Artigas)
Por supuesto que no les alcanzó el día ni buena parte de la noche para recorrer todo lo que pretendían. Encima tuvieron que acompañar a los comuneros argentinos hasta sus respectivos domicilios y volver casi a la madrugada, muertos de hambre y con la garganta raspada de tanto hablar