miércoles, octubre 12, 2011

837. El Spín Magnético.

Le tiraron, por más flaco, en el fondo de la Mehari y partieron con aire de naturalidad, como si salieran a tomar el fresco. Por segunda vez Manuel se entretuvo en tratar de adivinar el rumbo que tomaban, y por quién sabe qué enésima vez el destino fue el imaginado. La finca Los Dogones de don  Ernesto Federico de Oliveira e Souza.

Allí estaba otra vez el pórtico de maderas trabajadas a la antigua, arriba el atrio de dos aguas y dos ventanas en el frente principal.
 Bien conservada en este caso, la casa, porque el jardín era un desastre de cajones desclavados y tiras enteras de papeles de embalaje achicharrados por el último chaparrón.

Le bajaron apurando del rodado y le dijeron que no debían exponerse juntos a la luz del sol. Así que con toda prisa subieron los tres escalones, los tres, entraron a la casa y se dirigieron al segundo salón, el de la penumbra, donde Ernesto se agachó a retirar una alfombra que cubría una puerta trampa, en el suelo de Pino Tea. Bajaron por la escalerilla que se vio enseguida de prender alguna luz, y entonces, allá abajo, respirando esa humedad de sótano, se vieron enfrentados a una gran mesa llena de cosas raras que rodeaban una computadora entre un millón de cables.. Como en las películas.

Era el bunker de Ernesto Federico. Hasta gracia y ganas de reír le daba a Manuel el hecho de enfrentarse otra vez a las mismas cosas pero trastocadas ligeramente por las diferencias que hay entre uno y otro de los mundos paralelos. Este Ernesto Federico era sin dudas distinto al otro que había conocido. Todavía no acertaba en decir cuales eran las diferencias, pero lo sentía como algo que se puede respirar. Ahí está. Para empezar no usaba el mismo perfume. Aquel era como de flores muy extrañas y este de ahora  algo más tosco, como cáscara de naranja agria o simplemente jazmín mal imitado. En entusiasmo no le andaba a zaga, aunque tal vez fuera otro tipo de entusiasmo. Por otra parte, parecía aun más sabio loco que el otro. Ya le estaba hablando de cosas incomprensibles sobre los aparatitos que había inventado para poderse  colar y robar información de las otras dimensiones. Mostrando, sin que nadie le pidiera nada, como era que las máquinas funcionaban todo el tiempo para recoger la información que se iba depositando en aquella pila de esferas negras, que eran las memorias de spin magnético que acababa de agregarle al sistema. Explicando que lo que le devoraba las noches sin dormir, eran sus nuevos equipos, aun sin terminar de montar -señaló un rincón oscuro del sótano- los que una vez terminados, podrían llegar a capturar imágenes reales del los lugares expiados.

-Lo creo,- comentó Manuel recordando cuantas veces él con sus amigos habían sido perseguidos por aquella cadena de televisión que les filmaba hasta cuando estaban en el baño.
-Pero yo tengo que volver a mi casa. Mi compañera no sabe nada de mí.

Don Miguel sonrió tímidamente.

-Ya le avisamos que estás a salvo.
-Bueno, pero quiero verlos. Me voy.
-No puedes salir, te verían!
-No saben que estoy acá. Voy a cortar camino por entre los terrenos...
-¿Y tu casa...? Ha de estar vigilada!






jueves, octubre 06, 2011

836. ¿Y el amor, no existe...?

Resultaba ser que ellos, los miembros de la Hermandad, llevaban varios años intentando contactarse con los mundos paralelos con magros resultados. Pero que, aun siendo magros, esos resultados les habían arrojado hacia un abismo de misterios indescifrables.

-Necesitamos ayuda para poder interpretar las informaciones que hemos logrado robar violando, ahora lo comprendemos, esa suerte de pacto o statu quo, que rodea nuestro mundo como si fuera la cáscara de un huevo empollado.

Manuel se rió por la comparación pero no pudo evitar sentirse consustanciado con lo que le decían. Ignacio Federico continuaba...

-Hemos interceptado mensajes cifrados que hablan de muchos dioses, como en la mitología griega. De dioses que luchan usando las armas más arteras y los métodos más impiadosos. No logramos entender, quienes de ellos serían los buenos, y quienes los malos. Quienes los verdaeros dioses, creadores de los cielos y la Tierra, Y quienes los negadores,,, Es todo muy confuso!

Manuel volvío a reír pero nada dijo, esperaba a que Ignacio terminara con sus argumentos.

-Pensábamos que un Dios, un verdadero Dios debería ser antes que nada bueno. Bueno de toda bondad. Ahora no sabemos si hemos pecado de ingenuos, o es que que simplemente no entendemos algunas cosas, por no haber estado nunca del otro lado. Del lado que tu, en cambio, conoces y puedes, por tanto, explicar.

A esa altura Manuel metió un bocadillo.

-Cada cual piensa que el bien es lo que él considera el bien. No sabemos si existe un Bien que sea para todos el mismo.

-Debo entender que allá las cosas son tan confusas como las vemos desde acá?

-Yo diría que sí. Pero aclarando que eso de Dios y de los dioses, son simples creencias. Supersticiones... Palabras que nos han enseñado ... Nadie sabe si existe un Dios verdadero. Esos  no son más que personajes poderosos que luchan por concentrar cada vez más poder. Lo mismo de acá, pero en mayor escala.

-Pero allá... ¿en qué se cree?

-Igual que acá. Cada cual cree en algo llamado el bien, y trata de lograrlo reventando a todo el que se le oponga. Claro que para ganar en esa lucha hay que ser más poderoso o más hábil que los otros... Especialmente más poderoso.

-Y el amor... ¿no existe?

-Existe, sí. Pero el que predomina es el amor propio. Entre los poderosos al menos. El amor no se lleva bien con el poder.

El diálogo fue interrumpido bruscamente por un extraño sonido que salía del corazón de Ignacio, o de su camisa, más bien desde el bolsillo derecho de esta. Un aparatito parecido a un teléfono que Ignacio prestamente extrajo y acalló con su largo pulgar

-Los grises andan despistados. Nos buscan cada vez más al este. Podemos ir hasta el refugio





miércoles, octubre 05, 2011

835. Ominoso Futuro

Manuel sólo incistió en que no estaba dispuesto a cumplir ninguna misión en especial. Reconoció no ser un simple habitante de este mundo, el único de los que había conocido, donde no se libraban batallas contra las fuerzas cósmicas, el único donde un niño podía crecer en relativa paz, su hijo, por ejemplo, y que esa y no otra había sido la razón de su retorno.

-Después de todo yo no sé la razón por la que los ángeles y los demonios han dejado en paz este rincón del Universo, pero... mejor sería evitar llamarles la atención. ... Esos viejos grises parecían querer eso mismo...

Don Miguel sacudió la cabeza.

-En eso te equivocás, muchacho. Este mundo está totalmente dominado por los ángeles. Parece que hay un pacto, o algo así, que les impide mostrarse a la luz del día. Pero...

Se trataba de un misterio muy difícil de resolver. El mejor guardado de toda la historia humana.

-Tan bien está montado el engaño que ni siquiera nos llegan señales de radio, ni de otro tipo, desde los miles de planetas poblados que existen sólo en nuestra galaxia. Los ángeles pertenecen a una poderosa civilización que domina buena parte de ella y que está en constante guerra con otras. El poder es una enfermedad insaciable...

Manuel bajó la vista al suelo.

-Sí, una historia conocida.

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El hermano Alfa Z fue llamado por teléfono celular y vino en una Mehari roja que perdía pedazos en cada pozo. No era otro que Ignacio el de Los Dogones, pero otro. No el mismo que anduviera con Manuel organizando la Gran Revolución Anarquista, que terminara leberando a toda América Latina, por lo menos, en aquella Tierra paralela, que nunca había sido identificada con perfección, aunque algunas veces fuese llamada Tierra Uno, por error. Pero era  Ignacio, de todas formas. Con su pensamiento libertario y sus conocimientos de tecnologías paralelas.

-Hola Manuel. Yo he sido admirador de tu abuelo Abelardo.
-Sí, te he conocido bastante en otros mundos.
-Te estábamos esperando. Parece que la Tierra se va a ver envuelta en problemas, y los problemas van a desequilibrar los poderes en la zona.
-¿En qué problemas se va a ver envuelta esta Tierra?
-No,... nada que ver con los poderes del Universo. Ha sido nuestra propia estupidez la que ha llevado las cosas a tal extremo. Un camino sin retorno de consumo creciente y de envenenamiento creciente. El clima está fuera de control, pero los poderosos, aliados en todo con los ángeles, ni siquiera imaginan otra manera de vivir.
-Sí, eso mismo he visto por ahí.
-Corremos el riesgo de una hambruna planetaria, que significaría  guerras más crueles y mayores que las que nunca se vivieron, Para luego terminar siendo un territorio en disputa y que sobre las cabezas de los sobrevivientes se desate, para colmo, la guerra cósmica.
-¿Y yo para qué les puedo servir...?



834. ¿Secta o Hermandad?

Se preguntaba cuál sería aquel lugar, paraíso terrenal de un cuadro de Van Gogh, que le sonreía en el alma. Porque al modo de los primeros veeeh veeeh de los corderitos recién nacidos, por dentro sentía una efervescencia alegre, que le daba ganas de brincar.
Hubiese empezado a hacerlo de inmediato si no fuera porque alcanzó a ver allá adelante un brazo que se agitaba por encima del alambrado que daba fin al plantío. Un cuerpo de hombre que trepaba o intentaba treparse encima del alambrado y ese brazo, otra vez, que se agita de un lado a otro con intención de hacer señales. Señalarle, bah, advertirle... que era a él a quien le querían llamar la atención...
Ni más ni menos que Don Miguel, era. Y parecía estar alarmado. Con insistencia le hacía señales de que se apurara, guacho boludo que no sabe la que se le viene y camina tan campante.
Corrió hacia él, cruzó el alambrado y quiso preguntarle al viejo cuál era el motivo de tanta bulla, pero no pudo. El anciano corría ya varios metros adelante en busca de refugio,

-¡Apurate, nos pueden ver!

Por último el viejo levantó una chapa mal clavado de un viejo galpón con aspecto de granja yanqui y se  escurrió ágil  como una lagartija en su interior. Se acababa de correr a campo-traviesa más de docientes metros de pastizal salvaje y aun tan brioso! Le pareció extraño a Manuel aun antes de llegar al galpón ya cansado siendo mucho más jóven. Cuando levantó a su vez la chapa lo hizo jadeando y bastante le costó entonces adaptar su vista a la penumbra.

-Sos el verdadero enviado, disculpame, -le  disparó desde algún lugar hacia la derecha.

Cuando Manuel comenzó a verle estaba espiando hacia afuera por un agujerito de la chapa, sin dejar por ello de hablarle.

-No podía darme por enterado hasta no estar seguro de que vos eras vos y no otra de tus personalidades de cualquier otro mundo, o bien cualquiera parecido,

-Yo no soy ningún enviado, don Miguel.

-Bueno que no lo creas no cambia nada. Yo he sido avisado de que vendrías. Es posible que aun no hayas hecho consciente la misión que te ha sido encomendada.

Media hora de discutir no hicieron mella en su fe, porque era una fe, sin duda, aquella que creía en las trascendental misión que venía a cumplir Manuel en este Mundo. Era una secta que se había formado sobre la base de los datos publicados en Internet en un blog muy popular, una vez procesados por una complicada fórmula críptica, e interpretados los resultados por el hermano Alfa Z. El último calculo había sido por demás exacto en todos los aspectos.

-Por eso estábamos esperándote. Tuvimos dudas hasta que la Organización Gris te raptó

-¿Como se llama su iglesia?

-No es una Iglesia. Somos librepensadores. Librepensadores pero no boludos.

-Boludos, no. Tal vez les manden a otro. Yo no he venido más que a vivir en paz unos años junto a mi familia.

-Vení, te voy a presentar al hermano Alfa Z. Él te va a mostrar las razones por las que te estábamos esperando.

-¿Una hermandad...? Que viene a ser eso...?

-Somos hermanos en el conocimiento.

-¿El conocimiento de qué...?

-De que siempre nos han tenido engañados. Nada es como parece.

sábado, octubre 01, 2011

833. La Tierra Plana.




También llegamos a enterarnos, por la misma y complicada ruta, que a pesar de la liviandad conque al principio se lo había tomado, poco a poco la situación de encierro, e indefinición, fue calando el ánimo de Manuel y llenando su alma de dudas. Ahora todo era distinto. No sólo tenía a la flaca, su eterna compañera, sino también a aquel pequeño ser que entre ambos habían traído al mundo.
Se puso a probar, si logrando un alto grado de concentración, no sería capaz, también aquí, de salirse del lugar mediante el método de reducirse a un punto. Hizo respiraciones profundas, visualizó el concepto, no teórico sino perfectamente recordado de tantas veces que había transitado tan extraño procedimiento. Trató de convencerse de que era posible... y casi lo logra justo antes de que una insoportable picazón se le desparramara por toda la superficie de la piel, especialmente en los brazos y las piernas. Se dio de cabezadas contra las paredes, tratando de romper la imposibilidad. Hasta llegó a pedir ayuda a todo aquello desconocido que pudiera haber de bueno, más allá de todo lo conocido. A los sospechados planos más espirituales y amorosos que podrían dar sustento y explicación a todos las infinitas dimensiones de Multiverso... Pero nada.

Se encontraba solo frente a cuatro estúpidas paredes sostenidas por la demencia de aquellos seres grises. Condenado tal vez, como un maldito terrorista, por quienes ven terrorismo en todo aquello que no comprenden ni tampoco intentan comprender. Acusado por la necedad de una ley despótica cuyo único fundamento era el desprecio de todo lo que se ignora. Condenado por la misma razón y procedimiento que animaba a la Inquisición y que después fuera alegremente adoptado y repetido por todos los regímenes despóticos del Universo.

Derramó una cuantas lagrimas de bronca, tras lo cual fue recuperando la serenidad.

No había sido vencido por el viejo Dios de las alturas, ni por el mismísimo Satanás de los infiernos. No iba a dejarse vencer por cuatro grises personajes predicadores de la creencia en la Tierra Plana sostenida por cuatro elefantes sobre el lomo de la enorme tortuga que flota sobre un océano de nada.
Pero dejaría de rebuscar por los rincones de su memoria en busca de una herramienta adecuada. Se daba cuenta de que no era dentro de los límites de su mente personal que podría encontrar una solución.

Comenzó a hacer hondas respiraciones y a relajarse. A olvidarse de sus fronteras, a no importarse más que de dejarse llevar por aquello más hondo que entreteje de sabiduría y amor toda la insondable profundidad que da sustento a la aparente complejidad de las infinitas dimensiones. A dejarse llevar...

De pronto se vio en medio de un bosquecito de durazneros en flor. Cada árbol era una esfera de flores rosadas flotando en el aire de aquél lugar primaveral. Y él caminaba  entre ellos... Se había liberado.

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