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miércoles, septiembre 24, 2008

601. La brocha del pintor

Cuando  Manuel tuvo en sus manos la brocha de pintor y fue a mojarla con la pintura del tacho, aquella misma pintura cremosa que alguna vez habían ido a comprar con el Rulo, sin saber cómo nombrarla, ni por qué debía ser esa y no otra...
Se quedó un momento mirando la forma en que las cerdas del pincel se embebían del líquido viscoso, como si fuera la misma y única vez, la primera. Que el tiempo y los sucesos que desde entonces corrieran sobre su alma, transformando todo, no hubiesen sido sino imaginación. Un desvarío apenas, un instante imaginado que contuviese tantos y tantos detalles superpuestos que por último pareciese haber existido en serio en una realidad que ahora recordaba. Temió que en seguida... Bueno, difícil sería afirmar que lo que sintió haya sido un verdadero temor pero... de todos modos... hasta gracioso resultaba descubrirse de vuelta en el mismo instante.
Levantó entonces la mirada al entorno no viendo otra cosa que las lisas paredes desnudas que como aquella vez en casa de la señora de las tetas blancas, se aprestaba a embellecer con los tonos rosados y malvas que, poco a poco iban a cubrir el sucio amarillo patito y las grisáceas manchas de la humedad. Estaba solo en una pieza, y bien pudiera ser que en la de al lado estuviese Rulo, como aquel día, teorizando sobre las posibles rutas que las cañerías de agua pudieran recorrer bajo los revoques, para que la humedad apareciera justo en los lugares que aparecía, y no en otros, por muy rebuscado que resultase el derrotero. Ja.
Pero no. Bien sabía que habían pasado dos años. Que ahora Rulo ya era padre, y que aquella no era la casa de los Ferrari, sino las inútiles instalaciones de una vieja inmobiliaria, de aquellas que antaño luchaban para subir los precios de las propiedades y los alquileres, hasta el exacto punto anterior a volver todo el negocio imposible. Ahora iban a ser útiles. Allí los interesados en las viviendas ecológicas se iban a reunir para afinar los detalles de cada unidad,  de acuerdo a sus gustos y necesidades. Se iban a acordar los trazados de los huertos de camalotes que reciclarían las aguas servidas. Se determinarían las inclinaciones de los techos para aprovechar la energía solar sobre las tuberías. Se determinaría la mejor ubicación de los molinos esféricos de viento y todas las otras cosas de interés común, como la belleza y la poesía. Porque habían pasado los tiempos en que el señor arquitecto, desde la altura de su convicción cuadrada, podía determinar el tamaño y forma del envase adecuado para cada humano. Siempre menor, monótono y rectilíneo.

Ahora el pincel se iba deslizando sobre la pared de arriba a abajo y de abajo a arriba. Apretadas carreteras blancas se iban sumando al plano homogéneo que rezumaba humedad con aroma de cactus, -todavía sintético. La mano de Manuel iba haciendo ese movimiento acompasado y lento, con la muñeca floja, cuando en el bolsillo trasero de su pantalón algo comenzó a vibrar con insistencia. Los guijarros.

Era un llamado de Abelardo. Urgente. Los temidos enfrentamientos habían comenzado y amenazaban extenderse rápidamente como metralla de supernovas. Algunos sistemas planetarios había recibido impactos  desquiciantes que habían empujado peligrosamente a varios planetas en busca de nuevos equilibrios. Armas gravitatorias. Partículas supermasivas y micro agujeros negros. Ondas disgregantes basadas en oscilaciones temporales y hasta glomérulos de energía oscura... No se tiraban con rosas. La ambición de poder no reparaba en consecuencias y, cada bando, se mostraba dispuesto a arrasar, si fuera necesario, toda la galaxia, con tal de imponerse a sus contrincantes. El bando de San Jorge había atacado primero, después de depurar sin piedad sus propias filas. Dos millones de cadáveres angelicales flotaban en el espacio  en medio de una niebla rosada de sangre, victimas de ignorados chips  colocados dentro de sus encéfalos, que les habían forzado a alejarse de las bases y los palacios celestiales, antes de explotar como pimpollos en acelerada primavera.

sábado, septiembre 20, 2008

599. Todos los oficios

Estuvieron muy ocupados arreglando la casita, cortando el pasto que se estaba llenando de yuyos y en los yuyos variedad de insectos portadores a su vez de parásitos diminutos y en los parásitos diminutos... Bueno, que entre eso e ir a buscar cosas para cocinar, y cocinar, y comer, que siempre les llevaba mucho tiempo, porque gran parte de él no lo pasaban masticando ni tragando sino riendo, y el tiempo que pasaban todos los días en la cama, no precisamente durmiendo, sino revolcando los cuerpos en el placer siempre renovado, y otras cosas que hacían tanto en la cama como en cualquier lugar, por ejemplo recordarse de alguna de las extrañas aventuras vividas pero no recordarse de algún detalle, uno de ellos, y preguntarle al otro... Bueno que el tiempo no les alcanzaba.

Pasaron así no menos de quince días hasta que recordaron que existía una comunidad de vecinos con la que debían colaborar. Fueron a presentarse. Es decir que se encontraron por el camino con el Cholo, que venía con un montón de cuadernos escolares bajo el brazo, y le preguntaron si no sabía cual pudiera ser la colaboración que a ellos les correspondía en tiempos de paz.

-La que ustedes quieran -respondió, agregando- En el salón comunal hay carteles con la lista de las tareas más atrasadas.

Les pareció asombrosa la velocidad conque Cholo se adaptaba a los nuevos tiempos y que todos habían comprendido la esencia del nuevo concepto de sociedad libre.

-¿Y si hay tareas que nadie quiera hacer?
-Si nadie las quiere hacer nadie las hará. Es otra manera de votar. Hace mucho que lo conversamos...

Es que Cholo era incapaz de apartarse una coma de los principios fundamentales de Libertad, Igualdad y no transferencia del Poder.

-¿Y esos cuadernos...?
-Estoy ayudando en la escuela. Ahora no alcanzan los maestros para explicarle a los niños los principios de la sociedad anarquista y especialmente cuales son los peligros que le asechan.

A Magda se le encendieron los ojos.

-Yo podría colaborar en eso...

De todas maneras siguieron camino hacia el salón para ver los carteles. Aquello era un hervidero de gente que entraba y salía después de leer los y cambiar opiniones con los circunstantes sobre las posibilidades de cada cual en cada uno de los oficios. Los que siempre habían trabajado de peluqueros ahora querían realizarse como cocineros. Los albañiles se inclinaban por la pintura o la carpintería. Los vendedores a veces soñaban con ser bailarines o equilibristas. Los carniceros, prestidigitadores. Los choferes, masajistas. Los desocupados, cualquier cosa divertida.

Manuel decidió apuntarse en el grupo de los pintores de brocha gorda.

domingo, septiembre 14, 2008

597. Desnudez animal

Después las opiniones gotearon una a una con la simple idea de mantenerse firmes y unidos a todo el movimiento continental de las comunas. Gota tras gota, vecino tras vecino, hasta comenzar el chaparrón que se estaba repitiendo simultáneamente en mil lugares intercomunicados por celulares y radios portátiles. Un diluvio atronador que quizá estuviera siendo escuchado en muchos más lugares que los mencionados y que por lo pronto estaba haciendo esconder la cabeza bajo lo tierra a los pusilánimes y hervir fríamente la sangre a los traidores.

Más tarde vinieron los informes de los grupos de trabajo. En un mes se habían terminado doscientas viviendas construidas en barro y otros materiales del entorno. Distintas, personalizadas y hermosas. Se había logrado el auto abastecimiento de frutas y hortalizas. Se había terminado la ampliación que multiplicara por tres la superficie de la policlínica. Se habían adoptado, con mejoras, los nuevos programas de enseñanza primaria, aconsejados por la federación latinoamericana de comunas. Se habían integrado a las curanderas como auxiliares del sistema de salud. Se presentaba el informe final aconsejando la eliminación definitiva del concepto de enfermedad mental... Se había terminado de adaptar el viejo local de Mac Pato a su nueva función de recreo infantil y guardería. Estaba listo para poner a discusión el informe sobre equiparación de la desnudez animal con la humana. -Había sido propuesto por la juventud Tucu Tucu junto con el pedido de que se definiera a la humana como otra especie animal.-

Tarde en la noche comenzaron los bailes, los números artísticos, el festejo nudista en la playa. En todos estuvo el grupo de los Maquis junto con los visitantes que no se terminaban de asombrar de una cosa cuando ya tenían que hacerlo por otra.

¿Cómo era posible que dos mundos tan parecidos fueran al mismo tiempo tan distintos? ¿La razón no sería que hubiese en el patrimonio genético de una y otra población diferencias radicales? Como los chimpanceses con los bonobos. Porque, pensaban que las diferencias culturales no se podrían producir en tan corto tiempo.

-Precisamente -contestó Ernesto- La ciencia creía que las diferencias genéticas eran las que más lentamente se producían, sin embargo, hace dos años este país parecía otro...No creo que se nos hayan cambiado los genes.
-¿Y entonces...?
-Es que por primera vez nos hemos puesto de acuerdo, nada más.