Fue suficiente para que Manuel mirara nuevamente a Manuel de aquel modo agresivo que había sobrevenido después de la atemorizada sorpresa. Se sentía él , agredido, por esta marioneta que no sólo le estaba imitando sino que ahora mediante algún otro truco estúpido acababa de leerle el pensamiento!
-¿De qué te las das?
Manuel le sonrió con resignación. Se conocía lo suficiente como para comprender que aquella era la primera reacción natural que a él se le hubiese ocurrido si se hubiese visto en el pellejo de Manuel. No es gracioso sentir que alguien se ha metido sin pedir permiso en tu cabeza. Y menos si el otro te ha venido a impresionar con extrañas ideas sobre tu verdadera identidad, que significa una identidad que también pudiera ser falsa. Una de las dos y por lo tanto las dos. Hasta que los golpes de la vida te hace comprender que no sos capaz de comprender ninguna de esas cosas sino apenas vivirlas. Capaz la única manera de existir...
Ante el silencio de Manuel y su actitud pacífica, Manuel dudó de la justicia de su tono anterior, pensando que podría haber sido un accidente casual que a este "primo" Manuel, se le hubiese antojado decir eso de la historieta de Mort Cinder, cuando él lo estaba pensando, y más, imaginándose el cajón de abajo de la pila que era dónde él sabía que habían muchas de ellas. Sonrió.
-¿Vos hablabas del cajón de las revistas?
-Sí, del cajón de abajo, que es donde vos sabés que están las historietas de Mort Cinder. Era lo que estabas pensando mientras te imaginabas ese cajón que yo también conozco.
-¿Y vos cómo lo sabés?
-Porque igual que vos cada vez que venía a visitar al abuelo terminaba metido de cabeza ahi, para sacar las revistas. Nunca me viste, claro...no me podías ver.
-También te volvés invisible, eh?
-No, boludo, yo estaba en otra dimensión.
-¿De qué carajo hablás?
-De eso. Que nosotros dos somos el mismo, pero en dos versiones, una para cada conjunto de dimensiones paralelas.
-¿Que quéee...?!
-Dale, no te hagas el boludo. Vos entendés las palabras que estoy usando y lo que te estoy diciendo.
-Bueno, sí,... Pero no te creo nada. Esas cosas pasan en las historietas.
-Ja. Me parece que tu pensamiento de fondo no está diciendo lo mismo. Allá veo tu imagen infantil sentada en el piso del corredor de esta casa...
-¡Pará!!
-...escuchando la explicación que daba abuelo sobre la existencia de muchas otras dimensiones.
Manuel se subió la remera roja tapándose la cabeza y corrió a lo ciego hasta darse con la pared.
-¡Callate, callate, salí de acá!!
Se acercaron a Manuel, Abelardo y Ernesto, muy impresionados pero al mismo tiempo apiadados del pobre muchacho.
-Manuel, se te está yendo la mano!
Manuel pensó que la dosis de realismo que le estaba dando a su tocayo, era fuerte, pero completamente soportable. Por lo menos estaba teniendo la explicación tranquilizadora junto con la impresión
-No se preocupen. Va a aguantar.
Cuando miraron ya Manuel venía de vuelta con los ojos llorosos que miraban a Manuel.
-Está bien, te creo. Pero no lo hagas más.
Mostrando entradas con la etiqueta identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta identidad. Mostrar todas las entradas
martes, abril 22, 2008
518. ¿De qué te las das?
Etiquetas:
existir,
historieta,
identidad,
justicia,
marioneta,
mort Cinder,
paz,
revistas
martes, marzo 11, 2008
491 EL BUEN JARDINERO
Ernesto Federico quiso tantear hasta dónde llegaba la demencia del muchacho. Había conocido muy de cerca una persona alienada. Su madre. A la que a pesar de todo seguía amando en el recuerdo de aquel pasillo que tragaba luz desde su extremo, iluminando la frágil figura desde atrás. sentada con los pies sobre la silla, abrazadas las rodillas y... aquella manera de hamacarse acompasadamente...
-¿Viniste por lo del jardín...?
-...
No se podía imaginar que una dimensión pudiera estar arrollada como si fuera una cinta métrica dentro de su estuche. Y que no apuntara hacia ningún lado conocido... y sin embargo no otras cosas que esas solía soñar en esos sueños que llamaba de ciencia-ficción, como aquel en que se escurría por entre dos láminas que no se sabía donde estaban y que dejaban pasar para el otro lado donde todo era luz y felicidad... Además si Cholo lo afirmaba era porque estaba muy convencido y Cholo...
-Supongo que ese muchacho... Cholo, te habrá avisado.
-Cholo?... No, Cholo no me dijo nada. Tampoco él se recuperó todavía.
-¿Qué le pasó?
-...nada... ¿Y qué me tenía que decir...?
-Que tengo el jardín para hacer. Me dijo Cholo que eras un buen jardinero.
-Ah...sí?
-¿No te interesa...?
-Mmmm
-¿... te sentís bien?
Manuel se había puesto perfectamente verde. Por asociación con el color del césped o tal vez como resultado de estar a punto de reventar por no ceder al impulso de sacudirlo a Ernesto y gritarle que de una buena vez despertara. Que era urgente y necesario saber la suerte que había corrido Margarita y Giorgionne Para después reunirse todos a ver que actitud tomar frente a las pretensiones del Diablo. Lo miró a su amigo casi con desesperación, pero sin embargo comenzó entonces a calmarse. Ernesto no se veía tan mal. Le estaba observando con curioso interés, como si buscase en sus signos claves para llegar a una comprensión. Estaba conciente y despierto y por mucho que se hubiese olvidado del pasado resiente, seguía sabiendo quién era y recordaba los nombres de algunos de sus compañeros maquis.
-¿No te acordás de haber estado en una caverna...?
-¿Caverna...? Sí, he estado...
-Hasta ayer estuvimos ahí...
-... ayer estaba en Montevideo...
-Pero te acordás de la caverna...
-Una vieja mina de oro, en Brasil.
-No! Yo digo aquí, abajo de tu casa.
Ernesto se puso pálido, llevó ambas manos a apoyarse sobre las rodillas ...miró un par de veces a Manuel, sin contestarle. Después miró a lo lejos un momento y nerviosamente le preguntó de qué le estaba hablando.
-De la caverna que hay aquí debajo... que tenía la entrada por el aljibe...
El miedo que se pintaba en la cara de Ernesto no condecía con su robusta y nada flácida estampa, que se venía reduciendo, poco a poco, como la grasa puesta en la sartén, hasta restar en un diminuto chicharrón. Temblaba y sus ojos nadaban en laguna de lágrimas.
-Tenés que acordarte, Ernesto!
La respuesta de Ernesto fue con un hilo de voz. Preguntaba por la verdadera identidad de Manuel, como esperando no escuchar la respuesta. La temida, tan temida, tal vez por lo tanto que la había deseado, la respuesta a sus ruegos de niño y adolescente, que mamá volviera...
En aquella mirada se expresaba a la vez el mucho miedo y la tentación de creer que su madre estaba de vuelta, incorporada en el cuerpo de este mozo que había demostrado sufrir del mismo tipo de delirios. Una caverna debajo de la casa. Como ella afirmaba haber recorrido con su cuerpo astral antes de asustarse con no se que clase de monstruos que por allí andaban... Claro, por eso había entrado como a su casa preguntando por su madre... "Mi madre", pensó Ernesto
-¿Viniste por lo del jardín...?
-...
No se podía imaginar que una dimensión pudiera estar arrollada como si fuera una cinta métrica dentro de su estuche. Y que no apuntara hacia ningún lado conocido... y sin embargo no otras cosas que esas solía soñar en esos sueños que llamaba de ciencia-ficción, como aquel en que se escurría por entre dos láminas que no se sabía donde estaban y que dejaban pasar para el otro lado donde todo era luz y felicidad... Además si Cholo lo afirmaba era porque estaba muy convencido y Cholo...
-Supongo que ese muchacho... Cholo, te habrá avisado.
-Cholo?... No, Cholo no me dijo nada. Tampoco él se recuperó todavía.
-¿Qué le pasó?
-...nada... ¿Y qué me tenía que decir...?
-Que tengo el jardín para hacer. Me dijo Cholo que eras un buen jardinero.
-Ah...sí?
-¿No te interesa...?
-Mmmm
-¿... te sentís bien?
Manuel se había puesto perfectamente verde. Por asociación con el color del césped o tal vez como resultado de estar a punto de reventar por no ceder al impulso de sacudirlo a Ernesto y gritarle que de una buena vez despertara. Que era urgente y necesario saber la suerte que había corrido Margarita y Giorgionne Para después reunirse todos a ver que actitud tomar frente a las pretensiones del Diablo. Lo miró a su amigo casi con desesperación, pero sin embargo comenzó entonces a calmarse. Ernesto no se veía tan mal. Le estaba observando con curioso interés, como si buscase en sus signos claves para llegar a una comprensión. Estaba conciente y despierto y por mucho que se hubiese olvidado del pasado resiente, seguía sabiendo quién era y recordaba los nombres de algunos de sus compañeros maquis.
-¿No te acordás de haber estado en una caverna...?
-¿Caverna...? Sí, he estado...
-Hasta ayer estuvimos ahí...
-... ayer estaba en Montevideo...
-Pero te acordás de la caverna...
-Una vieja mina de oro, en Brasil.
-No! Yo digo aquí, abajo de tu casa.
Ernesto se puso pálido, llevó ambas manos a apoyarse sobre las rodillas ...miró un par de veces a Manuel, sin contestarle. Después miró a lo lejos un momento y nerviosamente le preguntó de qué le estaba hablando.
-De la caverna que hay aquí debajo... que tenía la entrada por el aljibe...
El miedo que se pintaba en la cara de Ernesto no condecía con su robusta y nada flácida estampa, que se venía reduciendo, poco a poco, como la grasa puesta en la sartén, hasta restar en un diminuto chicharrón. Temblaba y sus ojos nadaban en laguna de lágrimas.
-Tenés que acordarte, Ernesto!
La respuesta de Ernesto fue con un hilo de voz. Preguntaba por la verdadera identidad de Manuel, como esperando no escuchar la respuesta. La temida, tan temida, tal vez por lo tanto que la había deseado, la respuesta a sus ruegos de niño y adolescente, que mamá volviera...
En aquella mirada se expresaba a la vez el mucho miedo y la tentación de creer que su madre estaba de vuelta, incorporada en el cuerpo de este mozo que había demostrado sufrir del mismo tipo de delirios. Una caverna debajo de la casa. Como ella afirmaba haber recorrido con su cuerpo astral antes de asustarse con no se que clase de monstruos que por allí andaban... Claro, por eso había entrado como a su casa preguntando por su madre... "Mi madre", pensó Ernesto
Etiquetas:
BRASIL,
caverna,
cuerpo astral,
identidad,
jardín,
Montevideo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)